Viajes, Sigüenza.
El Encuentro con Julio Verne.






El Encuentro con Julio Verne

Alejandro Casanova Martínez.                                                              


Julio Verne

En un siglo que cuenta con grandes genios entre los grandes maestros de la novela del siglo XIX, Julio Verne (Francia, 1828-1905) aparece un poco al margen como prestigioso artesano en materia de ficción, como vidente, capaz de imaginar, medio siglo o un siglo antes, algunas de las más asombrosas conquistas de la ciencia.

A los once años se enamora de su prima Carolina Tronson, y al enterarse que ella prefiere a otro, compra un contrato de grumete y se embarca en el Coralie para marchar a las Indias; pero es atrapado por su padre en Painboieuf y llevado de nuevo a Nantes. Entonces, su madre dijo cierta frase que vaticinó su porvenir como escritor: “No viajará nada más que en sueños”.

Aunque en realidad hizo muchos viajes a lo largo de su vida. Después de hacer el bachillerato, empieza derecho y obtiene la autorización de su padre para terminar la carrera en París, donde llega el 12 de noviembre de 1848, tiene veinte años. En su afán de leerlo todo, Julio Verne ayunará tres días para comprarse las obras teatrales de Shakespeare.

En París se afirma su vocación de escritor, relacionándose con personalidades del mundo literario y político, entre los que se encuentran Théophile Guatier y Alexander Dumas. Termina su carrera de derecho en 1850, su padre desea que le sustituya en el bufete de Nantes. Pero el escritor se niega a ello, está decidido a consagrar su vida a la literatura.



En 1852 colabora en la revista, Lé Muséé des Familles, en donde publica un par de relatos a la vista de los cuales el padre dice: ¿Es mi hijo una especie de genio extravagante?”

En 1856 conoce a Honorine-Anné-Hébe Morel, viuda de veintiséis años y madre de dos niñas, se casan en 1857 y se instalan en el bulevar de Montmatre, con la ayuda de su padre y su suegro se convierte en agente de cambio para sacar económicamente a su familia, su tiempo lo tiene dividido en dos partes: de cinco a diez escribe; de diez en adelante es agente de cambio.

Viaja a Inglaterra y Escocia en 1859, sigue leyendo intensamente. En 1861 nace su único hijo, Michel Verne. Un año después termina Cinco semanas en Globo, su primera novela larga con la que comienza su serie de Viajes Extraordinarios.

El editor Hetzel firma con el escritor un contrato, en el que se indica que le entregará durante veinte años dos novelas anuales o bien cuarenta volúmenes en un plazo más breve, va a comenzar su verdadera carrera.

La maravillosa prosa de Julio Verne nos cautiva y arrastra a través de las páginas de sus novelas, los lectores no son sólo los niños, quienes se deleitan con las maravillosas aventuras de los héroes vernerianos, son los adolescentes, los jóvenes y las personas mayores quienes se sienten atraídos por estos relatos fantásticos. En 1856, aparece De la Tierra a la Luna, subtitulada: Trayecto directo en noventa y siete horas y veinte minutos. En su mente sitúa el ánima del cañón de partida del vehículo-bala hacia la Luna en una base en la Punta de Florida, casi un siglo antes de que fuese edificado en aquel lugar Cabo Kennedy. Y hay algo aún mejor, para observar la bala construye especialmente un telescopio gigante, en las Montañas Rocosas. Ahora bien, donde están situados los telescopios norteamericanos, Monte Palomar, etc. ¡en dichas montañas!

Su mente adivina el futuro, pero no prevé todos los avances de la ciencia. En una de sus más bellas novelas, Los quinientos millones de la Begum, evoca el primer satélite artificial, asimismo el Nautilus precede diez años a la aparición de los submarinos. Nos deja estupefactos a los lectores de Los Viajes Extraordinarios, cuando volvemos a leerlos en 1967 porque son hechos que aparecen como una verdadera pre-ciencia: ¡haber descrito el viaje de un submarino por debajo de los hielos polares y verlo realizado de igual forma en 1955 por el Nautilus atómico, ya es maravilloso!

Existen numerosos detalles en todas las novelas de Julio Verne que hacen de él un clarividente magnífico, es el poeta de la ciencia y por eso inmortal, siendo el escritor más leído del mundo. Verne escribió más de ochenta novelas, obras de teatro – sólo o en colaboración, estrenó unas quince- y divulgación científica.

Sobre Verne se ha dicho de todo y se ha llegado a poner cierto misterio donde no lo había, es más verídico verle como hombre de su tiempo, sensible a la riqueza de los descubrimientos científicos de los que escrupulosamente se informa y que adapta incansable a sus novelas, aumentándolos gracias a su prodigiosa fantasía.

Julio Verne es más, es un creador que no hace competencia a la ciencia, y se instala en un tiempo, en un mundo. En efecto, existe un mundo Julio Verne, extraordinario y fraternal, abierto a la fantasía y de una potencia semejante a la realidad, que él explora incansable en sus Viajes Extraordinarios, serie sobre la que trabajará durante cuarenta años.

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