CIEN
AÑOS SIN CÉZANNE, por Marina Barrio.
El pasado año 2006 se ha conmemorado el centenario del
fallecimiento de este genio de la pintura, me ha parecido que
sería interesante para el grupo “Encuentros” sumarnos con esta
pequeña exposición a la serie de homenajes que a recibido
en diversos países, y en especial, en Aix-en- Provence la ciudad
donde nació y a la que su pincel dio fama mundial.
No es fácil llegar a comprender la vida y la obra de
Cézanne, aquel que sin presunciones, sin dejarse arrastrar por
el éxito, apartándose de los salones y exposiciones donde
le humillaban, de la crítica y de un público mal
preparado, se mantuvo fiel a sus necesidades pictóricas.
Tenía por costumbre quedarse horas y horas frente al mismo
lienzo y trabajaba meses e incluso años sobre el mismo tema,
hasta la obsesión, buscando la forma de aproximarse a la idea
que quería expresar.
Cézanne fue un solitario, un corredor de fondo, que sólo
pedía no ser molestado por los demás, intentando
encontrar su propio camino. Es verdad que en esta búsqueda tuvo
la suerte de contar con la independencia económica que le
había proporcionado la herencia recibida a la muerte de su padre.
Aunque no gozó de un reconocimiento mayoritario en vida, en la
actualidad es un hecho reconocido que la obra de Paul Cézanne
sentó las bases del arte del siglo XX, planteando problemas
esenciales como la composición y descomposición de las
formas, en la que los objetos tratados están bañados de
poesía, una poesía que tuvo el poder misterioso de dar
vida a la materia, de sugerir movimiento y densidad y crear esa
“armonía”, de la que tanto le gustaba hablar.
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