La Guerra de Troya:
Mito o realidad
La Iliada
es una epopeya griega y el poema
escrito más antiguo
de nuestra literatura occidental. Está compuesta en
hexámetros y consta de
15.691 versos divididos en 24 cantos o rapsodias. Su autor, Homero,
debió
escribirla en el siglo VIII.
De
alrededor de
775 a.C.
son los primeros documentos escritos, inscripciones en ánforas.
Homero vive
pues en ese momento de inflexión en que la vieja técnica
de la poesía oral,
pensada para ser cantada, se transforma en poesía escrita.
Homero fue para los
griegos no sólo su primer poeta sino también su mayor
poeta. Y no sólo para los
griegos sino también para los romanos y
para
la posterior literatura europea las obras
La Iliada y
la Odisea han sido
modelos de
referencia.
Realmente no es
cierto que no
existiese una escritura griega anterior a la que utilizó Homero.
Los griegos
emigraron desde el norte alrededor del año 2000 a.C., el solar
original
no es conocido de momento, hasta ocupar el sur de la península
balcánica donde
desarrollaron una forma de sociedad de elevado nivel económico y
cultural, es
la época que llamamos micénica o de los grandes palacios.
En Micenas, Tirinto,
Pilos, Corinto, etc. surgen estructuras palacianas que son al mismo
tiempo
centros de soberanía y administración. Son centros
autónomos unidos por
relación de parentesco. En la
segunda mitad del segundo milenio se produce la expansión de
esta sociedad e
invaden el reino minoico de Creta. El rey de Micenas se relaciona de
igual a
igual con el faraón de Egipto o los reyes hititas o asirios. De esta invasión del mundo minoico
toman los
griegos la escritura, de la que carecían hasta ese momento.
Toman pues la
escritura Lineal A de los cretenses, una escritura silábica que
hasta la fecha
no ha sido descifrada, y con ella escriben la lengua griega. Llamamos a
esta
escritura Lineal B [1]y
fue
descifrada por Michael Ventris en 1952 con la ayuda del lingüista
John
Chadwick. Pero no tenemos en esta lengua nada más que
inventarios de cosas o
personas relacionadas por los escribas de los palacios sobre tabletas
de
arcilla, y hasta la fecha no se ha encontrado ningún documento
literario.
La sociedad
micénica entra en
crisis alrededor de 1200
a.C. y lo mismo
ocurre con otras sociedades
poderosas como el reino hitita. Hay una convulsión general en
todo el oriente
próximo y ciudades tan importantes como Ugarit en la costa siria
son
destruidas. ¿Se trata de una invasión de nuevos pueblos o
es una crisis de las
estructuras económicas en el paso de la época del bronce
a la del hierro, que
provoca desabastecimientos, hambre y emigraciones generalizadas
motivadas por
el hambre y caos?. No se sabe con exactitud. Conocemos a este momento
como el
de las invasiones de los “pueblos del Mar” por la descripción
que hace el
faraón Ramses III de la lucha que sostiene para frenar esta
invasión. Sin
embargo de las propias imágenes que en el templo de Medinet Habu
se grabaron de
esta victoria egipcia, guerreros en barcos que intentan entrar por el
delta
pero también carretas de bueyes con mujeres y niños que
acompañan a los
guerreros y que intentan entrar por tierra, podemos deducir que no se
trataba
de un poderoso ejército sino más bien de una
coalición de pueblos que intentar
llegar a la tierra de promisión que era Egipto en esos momentos
de hambre y
confusión. Con este hundimiento de la sociedad micénica
los dorios, un pueblo
griego del norte más atrasado culturalmente que jonios y eolios,
emigra hacia
el sur y jonios y eolios lo hacen hacia el este a las islas y costas de
la
península de Anatolia que llamamos Asia Menor. Durante cuatro
siglos de
oscuridad la cultura griega parece desaparecer hasta resurgir con
enorme fuerza
en el siglo VIII en las colonias de Asia Menor: Mileto, Éfeso,
Esmirna, Qíos,
etc. Los griegos adoptan el alfabeto fenicio de 26 signos y se
convierten en
una potencia comercial que tiene su presencia en todo el
Mediterráneo.
Pero volvamos a la Iliada. El
marco de la
historia es la guerra mantenida entre aqueos y troyanos por la ofensa
que éstos
han realizado al raptar Paris, hijo de Príamo rey de Troya, a
Helena la bella
esposa de Menéalo rey de Esparta durante una visita
diplomática que una
delegación troyana realiza a Esparta. Una coalición de
ciudades aqueas al mando
de Agamenón, hermano de Menéalo, rey de Micenas y Argos
preparan una flota y se
embarcan hacia la
Tróade
para recuperar a Helena y vengar la ofensa. Pero no es la
narración de la
guerra de Troya lo que interesa contar a Homero sino un episodio
concreto de la
misma que es el conflicto que se ha desatado entre dos jefes nobles de
la
coalición aquea ocurrido entre el noveno y el décimo
año de la guerra de Troya,
exactamente de 51 días de duración, conflicto que
está a punto de dar al traste
con toda la campaña aquea. El conflicto se desata entre
Agamenón líder de la coalición
aquea y Aquiles de Phtia en Tesalia, líder de los mirmidones los
guerreros más
valorados de la coalición. Agamenón arrebata a Briseida,
la joven sacerdotisa
troyana, que era botín de guerra de Aquiles y éste,
ofendido, se retira del
combate. El descalabro que sufre la coalición aquea hará
que Agamenón trate de
reparar la ofensa devolviendo a Briseida y al mismo tiempo la muerte en
combate
de Patroclo, el fiel amigo de Aquiles, hace que éste vuelva al
combate y vengue
la muerte de su amigo matando a su vez a Hector el hijo
primogénito de Príamo,
rey de Troya. No obstante los aqueos no se recuperan del daño
causado por esta
desunión y son incapaces de conquistar militarmente a la ciudad
de Troya y sólo
conseguirán la destrucción de la ciudad mediante un
engaño, una estratagema
ideada por Ulises. No hubo un regreso orgulloso de las naves aqueas,
sino que
cada contingente buscó una vía diferente para volver a
casa. Y ese es el
aspecto que le interesa resaltar a Homero, el respeto de las normas, el
honor,
y la cohesión de grupo tan necesarias en un momento en que la
civilización
griega vuelve a resurgir. No era, pues, la guerra de Troya, en
sí misma, lo que
interesaba a Homero. ¿Por qué escoge entonces este marco
de acontecimientos?
Veamos por qué. En primer lugar tenemos que dilucidar si Homero
se inventó la
guerra de Troya como escenario de su obra.
Vayamos al
comienzo de la Iliada,
el pre-canto de 7
versos dice así:
Canta,
diosa,
la cólera del
pélida Aquiles,
tan
funesta
que trajo cuantiosas
penas a los aqueos
y
arrojó muchas vidas robustas
al dios Hades, vidas
de
héroes, y las hizo comida de
perros
y
banquete de
aves (fue voluntad
de Zeus que así se cumplió)
desde
que se
separaron reñidos
el
átrida, señor de hombres, y
el divino Aquiles.
Lo primero que
llama la atención a
un lector no familiarizado con Homero es la palabra pélida
que acompaña
a Aquiles, se supone que es un título o algo parecido, pero
también en el verso
séptimo se encuentra con que Aquiles se enfrenta al átrida.
¿quién es el
átrida? Nos enteramos al llegar al verso 24, cuando el sacerdote
Crises ofrece
un generoso rescate para liberar a su hija Criseida:
Todos
los aqueos aprobaron a voces que se
respetara al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate; mas
el átrida
Agamenón, a quien no plugo el acuerdo, le despidió de mal
modo y con altaneras
voces:
Así pues el átrida es
Agamenón, rey de Micenas y
jefe de la coalición.
De modo que si no
es una historia
enteramente inventada por Homero, sino trasmitida por los rapsodas
durante
siglos bien pudiera tratarse de un hecho histórico la guerra de
Troya, que
sirve como marco de la acción de La Iliada.
Veamos qué
nos puede aportar la
arqueología:
Para los griegos
contemporáneos y
posteriores a Homero la acción de la Iliada se
localizaba en una fortaleza arruinada que se
encontraba en las proximidades del estrecho de los Dardanelos (que
recibe ese
nombre de Dárdanos el patriarca troyano que aparece en la Iliada),
también llamado
Helesponto por los griegos. La zona estuvo bajo dominio griego desde el
800 a.C.
y era para ellos un
lugar sagrado. Alejandro Magno en su ruta hacia Asia pasó por
este lugar en el 334 a.C.
y se construyó una
ciudad moderna helénica conocida como Illion. Mas tarde los
romanos
construyeron en el siglo I a.C. otra ciudad llamada Illium. A partir
del siglo
VI d.C. la zona quedó despoblada y las ciudades griega y romana
quedaron
enterradas. Cuando en 1453 toda la región quedó bajo
dominio turco la colina
que contenía los restos de las ciudades griega y romana
recibió el nombre de
Hisarlik tepe (colina provista de fortaleza). Pero esa colina era
semejante a
otras muchas y la localización cayó en el olvido hasta
que fue redescubierta
por dos arqueólogos: Frank Calvert, cónsul
británico y aficionado a la
arqueología, que estaba convencido que Hisarlik era el
emplazamiento de Troya y
comenzó una excavación pero la falta de medios
económicos hizo que no pasase de
una modesta tentativa, y finalmente sería Heinrich Schliemann el
que realizaría
una extensa excavación durante las campañas 1870,
1871-73, 1878-79 y 1890.
Schliemann era un comerciante que había acumulado una gran
fortuna sobre todo
durante su estancia en San Petersburgo y después había
dejado su vida de
negocios para dedicarse a sus aficiones humanísticas.
Trabajó junto al médico,
antropólogo y arqueólogo Rudolf Virchow y el arquitecto e
investigador de construcciones
Wilhelm Dörpfeld. El hallazgo de un tesoro, denominado el tesoro
de Príamo
en la excavación de Hisarlik, y sus descubrimientos en Grecia:
Micenas,
Tirinto, Orcomenos, lo hicieron mundialmente famoso. Después de
Schliemann y
Dörpfeld han excavado en la zona Carl Blegen (el arqueólogo
que encontró en
Pilos una cantidad importante de tabletas en escritura Lineal B)
durante los
años 1932-38 y desde 1988 viene trabajando en la zona el
arqueólogo alemán, de
la universidad de Tubinga, Manfred Korfmann. Se han encontrado diez
niveles de
ocupación denominados Troya I (el más antiguo) a Troya X.
La fortaleza que
Schliemann creyó el escenario de la guerra de Troya se
reveló en estudios
posteriores como perteneciente al nivel Troya II que corresponde al
periodo
2600-2300 a.C
por lo tanto es imposible que los griegos mantuviesen una guerra en esa
época
en la que ni siquiera habían emigrado aun al sur de la
península balcánica. El
nivel más probable para la Troya
homérica sería el final del nivel Troya VI y comienzo de
Troya VII, es decir el
periodo de florecimiento de la cultura micénica entre el 1250 y 1150 a.C.
No se ha
descubierto ningún
testimonio escrito procedente de la misma Troya de modo que lo que
sabemos de
ella es por referencias indirectas y por la obra poética de
Homero si es que la
colina Hisarlik es la
Troya
o Illios de Homero.
Las excavaciones
de Korfmann han
puesto al descubierto en el nivel VI un extenso barrio bajo a
extramuros de la
ciudadela explorada por Schliemann, y con dos fosos defensivos situado
el
primero a 400 m.
de la muralla y el segundo a 100 m. del primero lo que da idea de
una ciudad de tamaño
considerable, desde luego diez veces mayor que lo supuesto por
anteriores
arqueólogos. Las estimaciones de Korfmann indican una ciudad de 200.000 metros cuadrados
y una población entre cinco y diez mil habitantes. Troya VI/VIIa
reúne una
serie de características que la hacen ciudad anatolia y no
micénica:
- Los fosos defensivos no son
parte constituyente de las ciudades micénicas y sí
característicos de las anatolias.
- Las murallas micénicas
no utilizan el adobe como sucede en Hisarlik y en otros enclaves
anatolios.
- Las torres son parte
fundamental de los amurallamientos anatolios y en Troya son la columna
vertebral de la muralla de la ciudadela.
- La mayor parte de los restos
de cerámica que se extraen son de estilo anatolio y solo un uno
por ciento es de impronta micénica, de importación o
probablemente de imitación de modelos micénicos
realizados en la misma Troya.
- Los usos de enterramiento son
anatolios. Tumbas en forma de casa, incineración en lugar de
inhumación, mientras que los micénicos se inhumaban en
fosos de cuatro o cinco metros de profundidad.
- El culto doméstico es
anatolio. En la esquina de una casa del estrato Troya VIIa se
halló por debajo de una estrado de piedra con añadido de
adobe una figura de bronce que representa a una deidad Anatolia
común en el área hitita y en Siria y Palestina en la
época de 1200 a.C.
- Una peculiaridad Anatolia,
ampliamente documentada en el caso de los hititas, es el culto a las
piedras. Se consideraba que dioses y espíritus moraban en las
grandes piedras y era frecuente colocar tales piedras bellamente
decoradas como símbolo de protección en las entradas de
las casa, cementerios y en especial en las puertas de entrada a la
ciudad. En Troya se han encontrado hasta ahora diecisiete de tales
piedras con estelas.
Es por tanto
Troya una ciudad de
cultura Anatolia y que mantendría unas importantes relaciones
comerciales con
otras ciudades de la
Anatolia,
tanto la bañada por el mar Egeo como la del interior. Este
aspecto comercial es
importante para comprender la significación de Troya, su
importancia en la
región y su estado defensivo ante una amenaza constante. Troya
se encuentra en
una posición estratégica junto al estrecho de los
Dardanelos que comunica el
mar de Mármara y Mar negro con el Egeo. Korfmann
investigó los alrededores de
las colina Hisarlik y descubrió que la bahía de Besik que
se encuentra a 8 Km.
fue desde tiempo
inmemorial el puerto de Troya. Las condiciones de navegación
para cruzar el
estrecho de los Dardanelos son difíciles ya que durante la
estación de
navegación, es decir de mayo a Octubre, sopla frecuentemente
viento de nordeste
a lo que se une la corriente que baja del Mar de Mármara hacia
el mar Egeo. De
modo que muy probablemente los barcos debían realizar largas
estancias en este
puerto en espera de condiciones favorables, estancia que
aprovecharían para
abastecerse y realizar intercambio de mercancías, las grandes
construcciones de
la ciudadela encuentran así su significado al servir de silos de
almacenamiento
de mercancías, todo lo cual redundaría en el beneficio de
Troya que naturalmente no ofrecería
estos servicios
de forma gratuita. Este comercio era un comercio de largas distancias.
A partir
del tercer milenio a.C. el comercio de largas distancias tenía
lugar entre tres
focos principales: Egipto, Mesopotamia y los puertos fenicios desde
donde se
realizaba la distribución a todo el Mediterráneo y en esa
distribución un punto
estratégico sería Troya. Esta
posición
privilegiada de Troya explica su auge económico y la continua
expansión de la
ciudad y también la relativa independencia política que
gozaba la ciudad frente
a las grandes potencias Egipto, el reino hitita y Micenas ya que a
todos
interesaba el buen funcionamiento de este enclave comercial, pero al
mismo
tiempo su acumulación de capital podía ser también
objeto de deseo, por ejemplo
para una gran potencia naval como era Micenas.
Una ciudad con
una actividad
comercial tan importante debería tener una escritura. No se
había encontrado
nada durante las excavaciones de Schliemann, Dörpfeld y Blegen,
por fin
Korfmann encontró en la campaña de 1995 un sello
biconvexo. Los signos escritos
son del tipo pictogramas como los de los jeroglíficos egipcios y
la lengua
escrita es el luvio, cabría pues hablar de escritura
“luvioglifica” o
“pictolúvica”. El luvio y el palavio son dialectos o lenguas
hermanas del
hitita y todas ellas son indoeuropeas, es decir no semitas. Tienen
declinaciones como otras lenguas occidentales indoeuropeas (griego,
latín,
etc.). Los pueblos que ocupaban la península de Anatolia en el
segundo milenio
procedían del norte del mar Negro desde donde habían
emigrado alrededor del 3000 a.C. El pueblo hitita
funda hacia 1650-1500 un gran reino con capital en Hattusa y emprende
una
política expansiva que le lleva a
someter al resto de pueblos de la península de Anatolia y
también a parte de
Siria e incluso llega a invadir Babilonia. Tras un periodo de luchas
internas
que le hacen perder todas sus conquistas se rehace y hacia 1400 se
convierte en
un gran imperio, situándose como tercera potencia mundial
(más bien de próximo
o medio oriente) junto con Egipto y Babilonia. En esta época
dorada (siglos XIV
y XIII a.C.) todos los pueblos de Anatolia estaban sometidos o ligados
al reino
hitita.
Otros muchos
sellos se habían
encontrado en el resto de Turquía y en la vecina Siria con
anterioridad a este
sello de Troya pero merece la pena citar al primero hallado en 1812 en
una
bazar de la ciudad siria de Hama: se llama el sello Tarkondemos por el
nombre
del rey que aparece en efigie. Esta efigie real está rodeada de
una escritura
luvioglífica como la del sello de Troya y en la parte más
externa en hitita
cuneiforme. El hitita cuneiforme fue descifrado por Hrozny en 1915.
Según las
investigaciones realizadas el hitita cuneiforme era la escritura culta
utilizada por los escribas en el imperio hitita, era la escritura de
las
chancillerías para las comunicaciones diplomáticas y los
tratados comerciales.
La escritura pictográfica más intuitiva, más
fácil de comprender por el pueblo
se utilizaba para la lengua luvia hablada por una gran parte de los
pueblos de
Anatolia. El sello encontrado en Troya es semejante a otros encontrados
en
otros lugares y pertenecientes al siglo XIII a.C. Suelen representar en
una
cara un nombre masculino seguido de un título y en la cara
opuesta un nombre
femenino. se supone que de la esposa. En el caso del sello de Troya el
título
del nombre masculino es “maestro escriba”. En opinión de
Korfmann y de otros
expertos hititólogos allí donde aparecen estos sellos se
trata de un área de
actividad o interés hitita.
En la ciudad
turca actual de
Bogazköy se encontraron los archivos imperiales de Hattusa la
capital del reino
hitita. Son muchas las tabletas encontradas y pocos los expertos
hitólogos que
las pueden traducir de modo que los datos van saliendo a la luz
lentamente,
pero hay un documento traducido poco después del desciframiento
del hitita
cuneiforme y que llamó la atención desde un principio. Se
trata de un tratado
de amistad concertado entre el rey hitita Muwatalli II (1290-1272 a.C.) y un tal
Alaksandu de Wilusa. En el preámbulo de este tratado se hace un
breve perfil
histórico de las relaciones entre las partes. Entre otras cosas
recuerda
Muwattalli:
Antes, en una ocasión, mi
antepasado, el labarna
[labarna es un alto título, no un nombre propio] sometió
a todo el país Arzawa
y todo el país Wilusa. Más tarde, estuvo por eso el
país Arzawa en pie de
guerra; aunque no tengo noticia, ya que el suceso [el sometimiento de
Wilusa
por el labarna] data de muy atrás, de que ningún rey del
país Hattusa haya
abandonado al país Willusa. [Con todo] (incluso) si el
país Wilusa ha sido
abandonado por los reyes de Hattusa, aún así se ha
mantenido desde lejos
estrechamente unido a los reyes de Hattusa y les ha enviado
regularmente
embajadores ...
De todo ello se desprende que:
- Hubo relaciones amistosas entre Wilusa y el reino hitita
desde muy antiguo.
- Las relaciones eran de subordinación de Wilusa con
respecto a Hattusa.
- Aún así Wilusa no era un provincia del reino
hitita sino una entidad autónoma que se relacionaba con el
gobierno central mediante embajadores, era algo así como un
miembro de la “Commonwealth hitita”.
- El rey hitita recuerda, aparentemente de pasada, que Wilusa
fue sometida por la fuerza en el pasado al igual que su vecino
país Arzawa, tal vez ambos estaban confederados, pero mientras
Wilusa aceptó la situación resultante Arzawa se mantuvo
en pie de guerra.
Pero,¿dónde
estaban estos países
Wilusa y Arzawa? Esta cuestión de la localización ha sido
durante mucho tiempo
la tarea más complicada de las investigaciones del mundo hitita.
Gracias al
desciframiento de tabletas con cartas diplomáticas a los
diferentes reinos
asociados a Hattusa en las que existían referencias
geográficas del propio
reino o de los vecinos se ha ido construyendo un puzzle en el que
finalmente
sólo quedaba una pieza por colocar Wilusa y un lugar sin
denominación, la
esquina noroeste de la península Anatolia, es decir la
localización de Troya,
la región de la
Troade
donde está la colina Hisarlik.
Y
¿Qué tiene que ver este nombre de Wilusa
con Troya? Illios es el otro nombre
con el que Homero denomina a Troya, lo hace en más de cien
ocasiones. Está
comprobado que Illios era Willios en el griego antiguo. La “W” se
perdió con el
paso del tiempo y ya no estaba presente en la lengua griega del siglo
VIII en
el que Homero escribió su obra. Resultaría muy prolijo
detallar aquí porqué el
nombre hitita Wilusa equivale en griego a Willios. Baste decir que en
un
coloquio internacional sobre Troya que se celebró en la Universidad
de
Würzburg que reunió a investigadores de diferentes
disciplinas; arqueólogos,
filólogos, prehistoriadores y reputados hititólogos se
aceptó la equivalencia Wilusa
= Willios. Así que estamos seguros que, al menos en el
nombre del lugar del
escenario, Homero no fantaseó.
Homero
utilizó un segundo nombre
para el escenario de la acción: Troie (la “e” larga del
final de palabra
en el dialecto jónico de Homero corresponde en los demás,
que luego se harían
usuales, a una “a” larga; de ahí nuestra forma de Troya). Este
nombre aparece
en la Iliada
más de cincuenta veces y además el nombre de los
habitantes se deriva de él:
troyanos o troyanas (utilizado más de cien veces), pero
jamás ilianos o
ilianas. Es de suponer que si el primer nombre de Ilios no es inventado
por
Homero tampoco lo sea este segundo. Efectivamente, en los anales del
rey hitita
Tudhalija I (1420-1400), informa el rey de sus empresas guerreras y
menciona
extensamente su guerra contra los países Arzawa (ya conocemos la
rebeldía tenaz
de este país o países contra Hattusa hasta que fue
definitivamente sometido
cien años después por el rey Mursili II). La
localización de Arzawa era el centro
de la parte occidental de Asia Menor
y
tenía su capital en Abasa (=Éfeso). Indica este rey que
una vez sometido a
Arzawa y otros países situados al sur, al dirigirse hacia la
capital Hattusa
fue atacado por una coalición de pueblos a los que denomina
Assuwa y detalla el
nombre de 14 países entre los que se encuentra Wilusa y
Taruisa.
El aparecer ambos nombre seguidos en la relación de
países indica cuanto menos
vecindad. Este Taruisa equivale al griego Troya y ambos (Wilusa
y
Taruisa) designan al mismo país. Homero utiliza Troya como
concepto comarcal e
Ilios como nombre de la ciudad. Por el contrario los hititas utilizaban
el
nombre de la capital para designar a toda una comarca o país
(para ellos su
país era el país de Hattusa aún cuando dominaban
toda la península de
Anatolia): Es posible que Taruisa fuese en el pasado una
pequeña
localidad dependiente de Wilusa y luego absorbida, pero el rey
Tudhalija
utiliza los dos nombres para engrandecer su acción guerrera.
Busquemos otros
datos históricos en
la narración de Homero. Los atacantes tienen en la Iliada tres
nombres
diferentes: achaioi, danaoi y argeioi (aqueos, dánaos y
argeos). Los
tres son intercambiables entre sí, es decir que no designan a
distintas tribus
separadas sino a la totalidad de los atacantes. En tiempos de Homero
los
griegos no se llamaban así mismo “griegos”, esta es la
denominación que los
romanos les dieron porque la primera tribu con la que se toparon en
Grecia se
llamaba a sí misma graikoi. Los griegos denominaban a su
país Hellas, es
decir en todo caso se denominarían helenos. Denominaciones de
tribus helénicas
ha habido muchas desde su remoto pasado, en tiempos de Homero los
grupos
principales se denominaban jonios, dorios y eolios pero los nombres
utilizados
en la Iliada
no eran usados. Como ya es de suponer
tampoco estos nombres van a ser una invención del autor (al
menos los dos
primeros), ¿estamos entonces ante antiguos nombres usados en el
pasado, y por
lo tanto históricos, transmitidos de generación en
generación por los rapsodas
griegos hasta llegar a Homero?
En el primer caso
la respuesta es
fácil: Ahhijawa (escrito hoy generalmente como
achijawa) era la
denominación que utilizaban los hititas al referirse al
país micénico que tiene
una evidente relación fonética con achaioi ya que
también aquí hay que
contar con una “w” desaparecida, de modo que originalmente sería
achaiwoi.
En cuanto al segundo nombre para buscar los rastros de su
carácter histórico
hemos de valernos de fuentes egipcias.
En un pedestal de estatua del templo de los muerto del faraón
Amenophis III
(1390-1352) en la ciudad de los muertos de Tebas, se encontraron cinco
inscripciones que enumeran en forma de lista los más
significativos nombres de
regiones y sus ciudades del mundo entonces conocido y
la quinta de estas inscripciones está
dedicada a los países situados al norte de Egipto: Primero
figuran uno junto a
otro los dos nombres Kafta (kftw) y Danaja/Tanaja (tnjw).
El
primer nombre se corresponde con el nombre bíblico Kaphtor,
que designa
la patria de cretenses y filisteos, y con el nombre ugarítico Kaptara.
El segundo nombre Tanaja es la transcripción egipcia de
Danaja y
designa al Peloponeso y Beocia junto con la isla Kythera.
Cualquier duda se despeja al leer
los nombres de ciudades subordinadas a estos nombres de país:
para Kafta son:
1) amnisa que es el puerto de Cnossos, Aminisos, 2) bajasta
que
es Phaistos, 3) Kutunaja, que es Kydonia, 4) Kunusa que
es
Cnossos, etc. y para Danaja: 1) mukana que es Mukanai
más tarde Mykene,
2) deqajis, que es Thegwais, más tarde Thebais (la
comarca en torno a
Tebas), 3) misane, que es Messana, más tarde Messene, 4)
nuplija
que es Nauplion, 5) Kutira que es la isla Kythera, etc.
En cuanto al
tercer nombre argeioi:
la palabra argos significa llanura, había pues muchos argos en
Grecia (algo
parecido a la terminación Burg en alemán), pero por
antonomasia la referencia
era para la llanura del Peloponeso donde se desarrolló la
importante cultura
micénica en la primera mitad del segundo milenio y el nombre de
sus habitantes
se generalizó como nombre del pueblo grecoparlante.
La
utilización de estos tres
nombres para los atacantes y dos diferentes para la ciudad atacada
obedece a
una razón: facilitar al autor o rapsoda el cumplimiento de la
métrica de los
versos, que son hexámetros. Éste consiste en seis
unidades, metros o pies, que
a su vez consisten en una larga + dos breves, excepto en el
último metro que
puede aparecer una larga seguida de otra larga o bien una breve. En los
cinco
primeros hexámetro también se puede sustituir las dos
breves por una larga. Una
regla también a tener en cuenta es que si una palabra termina en
vocal la
siguiente no debe empezar también por vocal, para evitar el
hiato. Los tres nombres usados para los
atacantes
tienen diferente estructura métrica: “argeioi”
(larga-larga-larga), “danaoi”
(corta-corta-larga) y “achaioi” (corta-larga-larga). Además dos
empiezan por
vocal y uno por consonante. Todo ello le venía estupendamente
bien al poeta
para poder hacer diferentes combinaciones y ajustarse a la
métrica sin tener
que pensar demasiado, utilizando en cada caso el nombre genérico
que le viniese
bien, especialmente en este caso de los atacantes a los cuales
debía referirse
tan a menudo.
Y finalmente un
nuevo dato que
muestra que el escenario de la guerra de Troya no pudo ser inventado
por Homero
y al mismo tiempo nos da una pista de cuando pudo ser ideada: el
catálogo de
naves. La Iliada
incluye una pormenorizada enumeración de las naves en las que se
embarcan los
aqueos hacia Troya y la procedencia de sus tripulaciones; el formato es
el
siguiente: “Los hombres de la región A, el país de las
ciudades ..., fueron
mandados por X. Le seguían noventa naves. Los hombres de la
región B fueron
mandados por Y. Le seguían cuarenta naves ...”. En total son
1186 naves y unos
cien mil hombres. El poeta sitúa esta lista no en el momento de
la partida,
como cabría esperar, sino justo antes del primer combate ya en
tierra troyana.
Enumera 29 contingentes con 178 nombres geográficos que abarcan
toda Grecia con
una excepción las islas Cícladas y costas de Asia Menor
junto con sus islas
adyacentes (Lesbos, Qios, Samos) donde jonios, como Homero, y eolios
fundaron
en el siglo VIII ciudades densamente pobladas,
pero que no existían en la época micénica donde se
supone que transcurrió la
guerra entre aqueos y troyanos. Es evidente que Homero no se
inventó este
catálogo tan detallado de naves, de haberlo hecho hubiese
colocado las
localizaciones geográficas de su época donde la densidad
de población era
mayor, es decir la costa de Asia Menor y sus islas adyacentes,
además no
tendría sentido reunir todas esas naves en el puerto Eulis en
Beocia al sur de
la isla Eubea y hacerlas cruzar dos veces en mar Egeo. Además
este mapa oral
tan detallado no se corresponde con el de la Grecia del siglo
VIII: algunas de las
localizaciones citadas ya no estaban pobladas en época
homérica como Dorión,
abandonada antes de la época dórica (1000 a.C.), Nisa
que no es hallable en ninguna
parte de Beocia, Kalliaros que ya no está habitada, Bosa y
Argeiaim que no
existen, etc. y tantos otros lugares. Hasta la cuarta parte de las
localizaciones están en esta circunstancia. Las investigaciones
conducen a la
conclusión de que se trata de un mapa arcaico correspondiente a
la época
micénica. Llama también la atención que en un
poema se incluyera una lista tan
detallada y aburrida a la que se dedican 267 hexámetros; nos
recuerda mucho a
las listas micénicas escritas sobre tablillas con escritura
Lineal-B. La
respuesta es que la historia general de la guerra de Troya en la que
está
basada, o más bien la utiliza como marco la Iliada,
debía contener un detallado catálogo de
naves ya que se trata de una expedición a ultramar y el
público esperaba oírla,
era una tradición de la poesía rapsódica y por
otra parte algo muy habitual en
las estelas o inscripciones reales de la antigüedad para resaltar
la
importancia de las victorias o de las expediciones militares. Homero
considera,
pues, que es necesario incluirla y lo hace en el mejor lugar posible de
su
historia de Aquiles, justo antes del combate de los aqueos. Hay un
hallazgo
arqueológico reciente que da una mayor seguridad a este
planteamiento. En la
moderna ciudad de Tebas asentada sobre la antigua se ha realizado en el
año
1993 un importante hallazgo de numerosas tabletas en Lineal B,
más de 250,
llegando a constituir el tercer yacimiento en importancia en esta
escritura,
después de Cnossos (3500) y Pilos (1200). Las tabletas
pertenecen a un archivo
palaciano que se destruyó por incendio alrededor del año 1200 a.C. El
desciframiento
de estas tabletas nos da una información geográfica muy
valiosa, mostrándonos a una
poderosa ciudad que
mantenía relaciones comerciales con Esparta y con ciudades como
Cnossos en
Creta, ciudades de Chipre, Egipto y Anatolia (entre ellas Troya).
También
indican que Tebas en esa época poseía no sólo la
región de Beocia sino también
la isla Eubea, además todo apunta (aún sin una
opinión unánime) a que el
territorio controlado por Tebas era mucho más extenso que el
correspondiente a
Micenas, Tirinto o Pilos y en consecuencia ocuparía el papel
predominante en la
escena de polis griegas de esa época micénica. Eso
explicaría que las naves
aqueas se reúnan en Eulis, el puerto natural de Tebas desde
siempre, para su
expedición a Troya. Y un dato muy importante: en estas tabletas
aparecen tres
nombres de lugar: Eleón, Peteón e Hyle que también
aparecen seguidos en el
catálogo de naves de La Iliada
que eran desconocidos en época homérica y posterior.
Toda esta
argumentación lleva a una
conclusión: la historia de la guerra de Troya no pudo ser ideada
en otra época
que no sea la micénica. Pero cómo llegó hasta
Homero, atravesando una laguna de
400 años sin escritura. Es notorio que las tradiciones orales se
van
desfigurando con el paso de unas generaciones a otras. La respuesta es
que los
griegos poseían un herramienta muy valiosa: su poesía
rapsódica construida en
hexámetros, una estructura de versificación firmemente
reglamentada que no
varió con el paso de los años. Esta estructura
hermética produce a veces
descripciones chocantes en principio, como este pasaje de la Iliada:
... como cuando las estrellas en el
cielo en torno
a la resplandeciente luna aparecen claramente destacadas ...
Evidentemente
si la
luna está resplandeciente es difícil que aparezcan las
estrellas tan claramente
destacadas. El motivo es que la luna habitualmente lleva su propio
epíteto,
resplandeciente, independientemente de si es luna llena, menguante o
creciente.
Y eso es así porque ese adjetivo forma un conjunto bien ligado
métricamente y
que facilita la composición del poeta que debe improvisar muchas
veces al
recitar la poesía. Trata pues de iniciar el verso con la idea
que quiere
expresar y terminarlo con fórmulas ya preestablecidas que
“funcionan” bien
métricamente. Así nos encontramos a menudo con “Aquiles
el de los pies
ligeros”, “el muy sufrido divino Odiseo”, etc. El poeta dispone de todo
un
repertorio elaborado por múltiples rapsodas a lo largo de los
tiempos y echa
mano de él cuando lo necesita. Porque no hay que olvidar que la
poesía
rapsódica es una poesía viva. No se trata de que una
composición poética una
vez creada por un rapsoda fuese aprendida de memoria por otros que la
repetirían exactamente, sino que cada rapsoda haría
hablar a sus personajes de
forma diferente, en el lenguaje que fuese inteligible por el publico
oyente de
su época. Pero todo dentro de un marco fijo y dentro de ese
marco especialmente
los nombres de los personajes y lugares geográficos
serían invariantes.
En
cuanto a la
forma de transmisión de estas epopeyas cantadas o recitadas
durante los
llamados siglos oscuros hay que aclarar que no hubo tan completa
oscuridad,
cabría hablar de siglos “oscuros iluminados”. Tras la
destrucción de los
grandes centros administrativos o palacios hubo un resurgimiento de
muchos
lugares que los convirtió en centros, aunque sin palacio, y a
pesar de la
destrucción de la tupida red intercambios que existía
anteriormente éstos no
desaparecieron del todo. En alguno de estos centros resurgidos hacia el
1100 a.C.
como Perati en el
Ática, Foquis en Tesalia, Lefcandi en Eubea, etc. se han
encontrado necrópolis
con lujosos menajes de enterramiento, vasos, joyas, etc. algunos
procedentes de
lugares lejanos como Creta, Chipre, Rodas, Cos hasta Siria y Egipto. En
algunas
piezas artísticas representado el aedo con su phorminx, una lira. Como se ve la pequeña
nobleza de esta
época se mantiene como puede con sus antiguos estandares de
vida. Las viejas
narraciones de gloria y grandeza del pasado en boca de los aedos
servirían para
dar apoyo y ánimo. Y cuando luego dio comienzo la gran
emigración a la costa
asiática, alrededor del 1050 a.C., llevaron consigo ese arte y
sus correspondientes
artistas a la nueva patria. Visto así, Homero, el rapsoda que
creció en la
región colonizada griega oriental de la Jonia
asiática, no es para nosotros un principio,
sino el final y culmen de una tradición secular. No ha inventado
él mismo las
historias dentro de las que intenta desarrollar sus nuevos
propósitos poéticos.
Le eran familiares merced a innumerables elaboraciones ajenas y,
más tarde,
también propias. La historia de Troya era una de ellas.
Veamos
ahora cuál
pudo ser el motivo de la guerra de Troya. Para ello debemos recurrir de
nuevo a
las fuentes hititas y a la correspondencia entre la corte de Hattusa y
Achijawa, una correspondencia que evidentemente debió ser
bidireccional pero de
la que no se ha encontrado nada en los archivos micénicos.
En la denominada “carta de
Tawagalawa”
, denominada así por el nombre de una destacada personalidad de ese nombre que aparece en ella, y que el
rey hitita Hattusili III (aprox. 1265-1240) dirige al rey de Ahhiyawa
(al que
trata formalmente como “Hermano mío”) se queja con cautela y
pide comprensión,
de no poner coto a las acciones de un tal Pijamaradu en toda la costa
asiática
desde Wilusa y Lazba (isla de Lesbos) hasta Milawanda (Mileto). Este
personaje
era nieto de un rey de Arzawa (país en permanente conflicto con
los hititas)
que huyó de los hititas y se refugió en Ahhiyawa. Las
acciones habían consistido
en asaltar Wilusa y Lazba, haber hecho esclavos y los había
deportado a
Milawanda. Cuando Hatussa intentó reducirlo se refugió en
Ahhiyawa. El rey de
Hatti llega a indicar “no nos conviene la guerra”. Desgraciadamente no
se ha
encontrado ninguna de la correspondencia, que debió ser
abundante entre
Ahhiyawa y Hatti, en sentido inverso, pero sí hay referencias a
mujeres
trabajadoras extranjeras en tabletas micénicas escritas en
Lineal B,
encontradas en Cnossos, en Pilos y en Tebas (mujeres de la isla de
Imbros, de
la isla de Lennos, de la isla de Qios, de Cnido, de la región de
la Tróade,
etc). Esto indica
que los aqueos realizaban frecuentes expediciones de rapiña en
las costas de
Asia Menor y obtenían esclavos. Esta práctica estaba muy
extendida internacionalmente
en esa época y los griegos micénicos no eran una
excepción. Tampoco lo eran los
hititas, sin embargo no se tiene ninguna referencia de mujeres de
Ahhiyawa
capturadas por los hititas, a pesar de que la documentación
hitita es mucho más
abundante que la lineal B de los aqueos. Esto indica que la
expansión en esa
zona del Mediterráneo era en una única dirección
de Ahhiyawa a Asia Menor, no
al revés. Las diplomáticas ofertas de
reconcialiación de Hattusili III parece
que no consiguieron su propósito. Veinte años
después de la carta de Hatusili
III mencionada anteriormente, alrededor de 1220, Tudjalija IV, el hijo
de
Hatusili III, concertó un tratado con el rey, y cuñado
suyo, Sausgamuwa de
Amurru (al norte del Líbano), donde Amurru quedaba comprometido
a un bloqueo
comercial contra Asiria y además a impedir el comercio entre
Ahhijawa y Asiria
que pasaba por Amurru. Del grado de frialdad alcanzado entre Hatti y
Ahhijawa
da idea que en ese mismo tratado queda suprimida con posterioridad la
referencia a Ahhiyawa en la tradicional fórmula de grandes reyes
(Hatti,
Egipto, Babilonia, Asiria y Ahhiyawa). Todo esto indica un crecimiento
del
poder y una creciente expansión de Ahhiyawa en la segunda mitad
del siglo XIII.
En
este contexto de
relaciones entre Ahhiyawa y Hatti se produce la guerra de Troya.
Algunos
autores, como Bryce, no creen que se
trate de una guerra de la amplitud de la narrada en la Ilíada sino
más bien de una
serie de ataques escalonados que luego fueron aglutinados por los
rapsodas
griegos en un único episodio épico. Bryce calcula como
mínimo cien años. Sin
embargo para Latacz, y a raíz de las últimas
investigaciones realizadas, crece
cada vez más la probabilidad de que la guerra de Troya se
tratase de un único e
importante golpe militar. A ello contribuye el descubrimiento de
inscripciones
hititas en Milawanda (Mileto) que indican que esa zona de Asia Menor
cayó bajo
soberanía hitita en la segunda mitad del siglo XIII, durante el
reinado del
soberano Tudhalija IV.
El
escenario podría
ser como sigue: Ahhiyawa fue una potencia expansiva en el área
mediterránea.
Ocupó Creta en el siglo XV y, tras la supresión del
dominio marítimo minoico,
fue más allá del Egeo, a por la herencia de Creta
también en Asia Menor y se
estableció en Mileto. Y desde allí intentó ampliar
su área de influencia. El
asunto Pijamaradu indica esa tendencia. Los intentos de Ahhiyawa de
dañar al
gran imperio hitita en esa zona – parte del cual eran las islas frente
a la
costa de Anatolia occidental según la consideración
hitita – llevaron a Hatti a
asestar un golpe contra los aqueos arrebatando su cabeza de puente en
Milawanda. Esto representaba un revés difícil de aceptar
por Ahhiyawa ya que el
interés por los graneros de Asia Menor venía ya de siglos
atrás. Pero la
reconquista de Mileto podría no ser prudente y los aqueos
intentaron poner el
pie en otro lugar de la costa, en una posición que por su
riqueza creciente y
su importancia política y comercial hacía mucho que
estaba en las miras de
Ahhiyawa: Troya.
En
esta dirección apunta el investigador
Carlos J.Moreu. En su artículo “Los Pueblos del Mar y el
trasfondo histórico de
la guerra de Troya” publicado en Mediterranean Archaeology 16-2003,
indica que
el bloqueo efectivo del comercio con Amurru que consiguieron los
hititas con la
conquista de Chipre provocó la decadencia del mundo
micénico, pues hasta
entonces habían basado su crecimiento en el comercio. Es
más, probablemente
tuvieron algunas dificultades para importar cobre, habitualmente
suministrado
por Chipre. Las guerras internas comenzaron a tener lugar en Grecia,
como
consecuencia de la crisis general de su sistema. Algunos palacios
fueron
fortificados, pero así todo, diversos asentamientos
micénicos sufrieron
destrucciones que pueden ser datadas entre 1240 y 1210 . En los
registros
arqueológicos de cerámica se advierte el paso del genuino
estilo Micénico IIIB
al Micénico IIIC. A finales del siglo XIII a.C. algunos
contingentes micénicos
participaron en grandes expediciones de piratería, como
respuesta a la ruptura
de su red comercial, como por ejemplo el primer intento de invadir
Chipre,
realizado por los ahhiyawa en alianza con el rebelde anatolio llamado
Madduwatta y los pueblos de Arzawa, tradicionales enemigos de Hatti, y
que
estaría seguido del ataque sobre Egipto en la época del
faraón Merneptah
(1224-1204), probablemente producido por la misma coalición
reforzada por los
libios. Una recuperación del mundo micénico, tras haber
resuelto temporalmente
sus conflictos internos, habría permitido a los aqueos lanzar
una doble campaña
para recuperar sus circuitos comerciales: un objetivo sería un
nuevo intento de
conquista de Chipre y el otro Troya, la llave para la ruta del Mar
Negro, y
tradicional aliada de Hattusa. Para la conquista de la isla
tendrían que
realizar también expediciones y asentamientos en las costas
vecinas de Anatolia,
Siria y Canaán. Disponemos de la correspondencia, de este
momento, entre el rey
de Ugarit y el gobernante de Chipre, ambos vasallos de Hatti, en la
cual se
informa de la llegada de una flota hostil que ha incendiado las
ciudades de la
costa siria. Estos barcos enemigos deben ser de los aqueos. La isla de
Chipre
fue conquistada hacia 1200
a.C.
por los aqueos como demuestra la helenización de los restos
arqueológicos de
este periodo. Unos años después El rey hitita
Shuppiluliuma II (1200-1170) tuvo
que realizar una nueva conquista de la isla.
Fuesen o no estos
los motivos
desencadenantes de la guerra de Troya lo que sí parece hoy
día no cuestionado
es que existió un enfrentamiento entre aqueos y troyanos en los
últimos años
del siglo XIII a.C., lo que coincide con los restos de incendio y
destrucción
militar que se observan en el nivel VIIa de las excavaciones realizadas
en la
colina Hisarlik, ubicación de la antigua ciudad de Troya.
La obra de
Homero, La Iliada,
aunque no sea un
libro histórico aporta datos muy valiosos de carácter
histórico como es este
marco de la guerra en el que se desarrolla la acción de sus
personajes.
Lo que también parece
evidente es que los problemas
que acuciaban al mundo micénico no se resolvieron con la guerra
de Troya. Poco
después este mundo se viene abajo definitivamente y lo mismo
ocurre con el
reino hitita. Toda una oleada de hambrunas, revueltas, migraciones de
pueblos,
invasiones de otros, destrucción de ciudades, etc., sacude al
Mediterráneo
oriental, es la denominada época de Los Pueblos del Mar,
llamados así por las
crónicas egipcias que refieren el intento de ocupación de
estos pueblos de las
fértiles tierras del delta del Nilo. Entre ellos siempre
aparecen tribus de
procedencia aquea.
Esto parece
encajar con las leyendas
griegas sobre las secuelas de la guerra de Troya. Las historia de los
héroes de
la guerra de Troya que regresan a su hogar habla de ataques y de
migraciones de
bandas errantes de guerreros del mar, de la conquista de tierras y de
la
creación de ciudades en todo el mundo mediterráneo. El
rey Menelao y sus
espartanos al volver de Troya atacan las costas de Chipre, Siria y
Egipto, y
Ulises y su tripulación llegan hasta Siria y Egipto durante su
periplo. Teucro,
el líder troyano, funda la ciudad de Salamis en Chipre.
Guerreros que habían
servido bajo el rey Néstor de Pylos fundaron varias ciudades en
Italia y
veteranos de Rodas fundaron colonias en España.
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