La Guerra de Troya: Mito o realidad

José Aceituno -   


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La Guerra de Troya: Mito o realidad

La Iliada es una epopeya griega y el poema escrito más antiguo de nuestra literatura occidental. Está compuesta en hexámetros y consta de 15.691 versos divididos en 24 cantos o rapsodias. Su autor, Homero, debió escribirla en el siglo VIII.  De alrededor de 775 a.C. son los primeros documentos escritos, inscripciones en ánforas. Homero vive pues en ese momento de inflexión en que la vieja técnica de la poesía oral, pensada para ser cantada, se transforma en poesía escrita. Homero fue para los griegos no sólo su primer poeta sino también su mayor poeta. Y no sólo para los griegos sino también para los romanos y  para la posterior literatura europea las obras La Iliada y la Odisea han sido modelos de referencia.

Realmente no es cierto que no existiese una escritura griega anterior a la que utilizó Homero. Los griegos emigraron desde el norte alrededor del año 2000 a.C., el solar original no es conocido de momento, hasta ocupar el sur de la península balcánica donde desarrollaron una forma de sociedad de elevado nivel económico y cultural, es la época que llamamos micénica o de los grandes palacios. En Micenas, Tirinto, Pilos, Corinto, etc. surgen estructuras palacianas que son al mismo tiempo centros de soberanía y administración. Son centros autónomos  unidos por relación de parentesco. En la segunda mitad del segundo milenio se produce la expansión de esta sociedad e invaden el reino minoico de Creta. El rey de Micenas se relaciona de igual a igual con el faraón de Egipto o los reyes hititas o asirios.  De esta invasión del mundo minoico toman los griegos la escritura, de la que carecían hasta ese momento. Toman pues la escritura Lineal A de los cretenses, una escritura silábica que hasta la fecha no ha sido descifrada, y con ella escriben la lengua griega. Llamamos a esta escritura Lineal B [1] y fue descifrada por Michael Ventris en 1952 con la ayuda del lingüista John Chadwick. Pero no tenemos en esta lengua nada más que inventarios de cosas o personas relacionadas por los escribas de los palacios sobre tabletas de arcilla, y hasta la fecha no se ha encontrado ningún documento literario.

La sociedad micénica entra en crisis alrededor de 1200 a.C.  y lo mismo ocurre con otras sociedades poderosas como el reino hitita. Hay una convulsión general en todo el oriente próximo y ciudades tan importantes como Ugarit en la costa siria son destruidas. ¿Se trata de una invasión de nuevos pueblos o es una crisis de las estructuras económicas en el paso de la época del bronce a la del hierro, que provoca desabastecimientos, hambre y emigraciones generalizadas motivadas por el hambre y caos?. No se sabe con exactitud. Conocemos a este momento como el de las invasiones de los “pueblos del Mar” por la descripción que hace el faraón Ramses III de la lucha que sostiene para frenar esta invasión. Sin embargo de las propias imágenes que en el templo de Medinet Habu se grabaron de esta victoria egipcia, guerreros en barcos que intentan entrar por el delta pero también carretas de bueyes con mujeres y niños que acompañan a los guerreros y que intentan entrar por tierra, podemos deducir que no se trataba de un poderoso ejército sino más bien de una coalición de pueblos que intentar llegar a la tierra de promisión que era Egipto en esos momentos de hambre y confusión. Con este hundimiento de la sociedad micénica los dorios, un pueblo griego del norte más atrasado culturalmente que jonios y eolios, emigra hacia el sur y jonios y eolios lo hacen hacia el este a las islas y costas de la península de Anatolia que llamamos Asia Menor. Durante cuatro siglos de oscuridad la cultura griega parece desaparecer hasta resurgir con enorme fuerza en el siglo VIII en las colonias de Asia Menor: Mileto, Éfeso, Esmirna, Qíos, etc. Los griegos adoptan el alfabeto fenicio de 26 signos y se convierten en una potencia comercial que tiene su presencia en todo el Mediterráneo.

Pero volvamos a la Iliada. El marco de la historia es la guerra mantenida entre aqueos y troyanos por la ofensa que éstos han realizado al raptar Paris, hijo de Príamo rey de Troya, a Helena la bella esposa de Menéalo rey de Esparta durante una visita diplomática que una delegación troyana realiza a Esparta. Una coalición de ciudades aqueas al mando de Agamenón, hermano de Menéalo, rey de Micenas y Argos preparan una flota y se embarcan hacia la Tróade para recuperar a Helena y vengar la ofensa. Pero no es la narración de la guerra de Troya lo que interesa contar a Homero sino un episodio concreto de la misma que es el conflicto que se ha desatado entre dos jefes nobles de la coalición aquea ocurrido entre el noveno y el décimo año de la guerra de Troya, exactamente de 51 días de duración, conflicto que está a punto de dar al traste con toda la campaña aquea. El conflicto se desata entre Agamenón líder de la coalición aquea y Aquiles de Phtia en Tesalia, líder de los mirmidones los guerreros más valorados de la coalición. Agamenón arrebata a Briseida, la joven sacerdotisa troyana, que era botín de guerra de Aquiles y éste, ofendido, se retira del combate. El descalabro que sufre la coalición aquea hará que Agamenón trate de reparar la ofensa devolviendo a Briseida y al mismo tiempo la muerte en combate de Patroclo, el fiel amigo de Aquiles, hace que éste vuelva al combate y vengue la muerte de su amigo matando a su vez a Hector el hijo primogénito de Príamo, rey de Troya. No obstante los aqueos no se recuperan del daño causado por esta desunión y son incapaces de conquistar militarmente a la ciudad de Troya y sólo conseguirán la destrucción de la ciudad mediante un engaño, una estratagema ideada por Ulises. No hubo un regreso orgulloso de las naves aqueas, sino que cada contingente buscó una vía diferente para volver a casa. Y ese es el aspecto que le interesa resaltar a Homero, el respeto de las normas, el honor, y la cohesión de grupo tan necesarias en un momento en que la civilización griega vuelve a resurgir. No era, pues, la guerra de Troya, en sí misma, lo que interesaba a Homero. ¿Por qué escoge entonces este marco de acontecimientos? Veamos por qué. En primer lugar tenemos que dilucidar si Homero se inventó la guerra de Troya como escenario de su obra.

Vayamos al comienzo de la Iliada, el pre-canto de 7 versos dice así:

 

Canta, diosa, la cólera del pélida Aquiles,

tan funesta que trajo cuantiosas penas a los aqueos

y arrojó muchas vidas robustas al dios Hades, vidas

de héroes, y las hizo comida de perros

y banquete de aves (fue voluntad de Zeus que así se cumplió)

desde que se separaron reñidos

el átrida, señor de hombres, y el divino Aquiles.

 

Lo primero que llama la atención a un lector no familiarizado con Homero es la palabra pélida que acompaña a Aquiles, se supone que es un título o algo parecido, pero también en el verso séptimo se encuentra con que Aquiles se enfrenta al átrida. ¿quién es el átrida? Nos enteramos al llegar al verso 24, cuando el sacerdote Crises ofrece un generoso rescate para liberar a su hija Criseida:

 Todos los aqueos aprobaron a voces que se respetara al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate; mas el átrida Agamenón, a quien no plugo el acuerdo, le despidió de mal modo y con altaneras voces:

Así pues el átrida es Agamenón, rey de Micenas y jefe de la coalición.

De nuevo en el verso 307 nos dice:

 

Conducida así la lucha, ambos, con acres palabras,

se alzaron y acabaron la junta junto a las naves aqueas:

aquí el pélida, a su tienda y las mismas naves,

marchó acompañado del menoitiade y los compañeros

guerreros;

allá el átrida echó al mar una velera nave ....

 

A estas alturas del poema el lector ya sabe pélida y átrida son patronímicos que significan hijo de Peleo, referido a Aquiles, e hijo de Atreo para Agamenón. Pero de nuevo otra duda quíen es el menoitiade: pues bien no se aclarará que se trata de Patroclo, el amigo de Aquiles, hasta 4.873 versos después, en el canto 9:

 

... luego habló enseguida a Patroclo, que permanecía al lado:

“saca una crátera más grande, hijo de Menoitio, y ponla ante nosotros...”

 

Podríamos pensar que se trata de una estrategia narrativa de Homero para mantener el interés del lector: se introduce al lector de forma directa en una acción de la que sólo tiene un conocimiento parcial, “in media res”, se ofrecen una serie de enigmas que el propio lector debe ir resolviendo paulatinamente. Es una técnica muy común en la narrativa actual y en las películas, sin embargo era desconocida en tiempos de Homero. Esta técnica no se utilizó hasta el siglo I d:C. Si la hubiese utilizado Homero habría sido imitada con toda seguridad por otros escritores contemporáneos o posteriores y eso no fue así. De modo que la única salida que queda es que los lectores ya conocían a los personajes principales. El mismo Homero nos dice repetidas veces que se trata de una historia muy antigua. Contrasta además estas presentaciones de los personajes principales con los secundarios, que sí podían ser invención de Homero, como un tal Tersites del que nos da una descripción detallada:

 

Todos los demás se sentaron en silencio,

sólo Tersites continuó, el bocazas, con su graznido,

siempre tenía alborotos y reclamaciones,

desatinos y groserías que reclamar a los jefes,

sólo hablaba para ser el hazmerreír.

Era el más feo de los venidos a Ilios,

zambo, cojo de una pierna, de ambos hombros

corcovado y hundido de pecho. Y encima

con cabeza de huevo y pelo ralo.

Era odioso en sumo grado a Aquiles y Odiseo,

porque de continuo les iba con insidias ....

 

De modo que si no es una historia enteramente inventada por Homero, sino trasmitida por los rapsodas durante siglos bien pudiera tratarse de un hecho histórico la guerra de Troya, que sirve como marco de la acción de La Iliada.

Veamos qué nos puede aportar la arqueología:

Para los griegos contemporáneos y posteriores a Homero la acción de la Iliada se localizaba en una fortaleza arruinada que se encontraba en las proximidades del estrecho de los Dardanelos (que recibe ese nombre de Dárdanos el patriarca troyano que aparece en la Iliada), también llamado Helesponto por los griegos. La zona estuvo bajo dominio griego desde el 800 a.C. y era para ellos un lugar sagrado. Alejandro Magno en su ruta hacia Asia pasó por este lugar en el 334 a.C. y se construyó una ciudad moderna helénica conocida como Illion. Mas tarde los romanos construyeron en el siglo I a.C. otra ciudad llamada Illium. A partir del siglo VI d.C. la zona quedó despoblada y las ciudades griega y romana quedaron enterradas. Cuando en 1453 toda la región quedó bajo dominio turco la colina que contenía los restos de las ciudades griega y romana recibió el nombre de Hisarlik tepe (colina provista de fortaleza). Pero esa colina era semejante a otras muchas y la localización cayó en el olvido hasta que fue redescubierta por dos arqueólogos: Frank Calvert, cónsul británico y aficionado a la arqueología, que estaba convencido que Hisarlik era el emplazamiento de Troya y comenzó una excavación pero la falta de medios económicos hizo que no pasase de una modesta tentativa, y finalmente sería Heinrich Schliemann el que realizaría una extensa excavación durante las campañas 1870, 1871-73, 1878-79 y 1890. Schliemann era un comerciante que había acumulado una gran fortuna sobre todo durante su estancia en San Petersburgo y después había dejado su vida de negocios para dedicarse a sus aficiones humanísticas. Trabajó junto al médico, antropólogo y arqueólogo Rudolf Virchow y el arquitecto e investigador de construcciones Wilhelm Dörpfeld. El hallazgo de un tesoro, denominado el tesoro de Príamo [2] en la excavación de Hisarlik, y sus descubrimientos en Grecia: Micenas, Tirinto, Orcomenos, lo hicieron mundialmente famoso. Después de Schliemann y Dörpfeld han excavado en la zona Carl Blegen (el arqueólogo que encontró en Pilos una cantidad importante de tabletas en escritura Lineal B) durante los años 1932-38 y desde 1988 viene trabajando en la zona el arqueólogo alemán, de la universidad de Tubinga, Manfred Korfmann. Se han encontrado diez niveles de ocupación denominados Troya I (el más antiguo) a Troya X. La fortaleza que Schliemann creyó el escenario de la guerra de Troya se reveló en estudios posteriores como perteneciente al nivel Troya II que corresponde al periodo 2600-2300 a.C por lo tanto es imposible que los griegos mantuviesen una guerra en esa época en la que ni siquiera habían emigrado aun al sur de la península balcánica. El nivel más probable para la Troya homérica sería el final del nivel Troya VI y comienzo de Troya VII, es decir el periodo de florecimiento de la cultura micénica entre el 1250 y 1150 a.C.

No se ha descubierto ningún testimonio escrito procedente de la misma Troya de modo que lo que sabemos de ella es por referencias indirectas y por la obra poética de Homero si es que la colina Hisarlik es la Troya o Illios de Homero.

Las excavaciones de Korfmann han puesto al descubierto en el nivel VI un extenso barrio bajo a extramuros de la ciudadela explorada por Schliemann, y con dos fosos defensivos situado el primero a 400 m. de la muralla y el segundo a 100 m. del primero lo que da idea de una ciudad de tamaño considerable, desde luego diez veces mayor que lo supuesto por anteriores arqueólogos. Las estimaciones de Korfmann indican una ciudad de 200.000 metros cuadrados y una población entre cinco y diez mil habitantes. Troya VI/VIIa reúne una serie de características que la hacen ciudad anatolia y no micénica:

  1. Los fosos defensivos no son parte constituyente de las ciudades micénicas y sí característicos de las anatolias.
  2. Las murallas micénicas no utilizan el adobe como sucede en Hisarlik y en otros enclaves anatolios.
  3. Las torres son parte fundamental de los amurallamientos anatolios y en Troya son la columna vertebral de la muralla de la ciudadela.
  4. La mayor parte de los restos de cerámica que se extraen son de estilo anatolio y solo un uno por ciento es de impronta micénica, de importación o probablemente de imitación de modelos micénicos realizados en la misma Troya.
  5. Los usos de enterramiento son anatolios. Tumbas en forma de casa, incineración en lugar de inhumación, mientras que los micénicos se inhumaban en fosos de cuatro o cinco metros de profundidad.
  6. El culto doméstico es anatolio. En la esquina de una casa del estrato Troya VIIa se halló por debajo de una estrado de piedra con añadido de adobe una figura de bronce que representa a una deidad Anatolia común en el área hitita y en Siria y Palestina en la época de 1200 a.C.
  7. Una peculiaridad Anatolia, ampliamente documentada en el caso de los hititas, es el culto a las piedras. Se consideraba que dioses y espíritus moraban en las grandes piedras y era frecuente colocar tales piedras bellamente decoradas como símbolo de protección en las entradas de las casa, cementerios y en especial en las puertas de entrada a la ciudad. En Troya se han encontrado hasta ahora diecisiete de tales piedras con estelas.

Es por tanto Troya una ciudad de cultura Anatolia y que mantendría unas importantes relaciones comerciales con otras ciudades de la Anatolia, tanto la bañada por el mar Egeo como la del interior. Este aspecto comercial es importante para comprender la significación de Troya, su importancia en la región y su estado defensivo ante una amenaza constante. Troya se encuentra en una posición estratégica junto al estrecho de los Dardanelos que comunica el mar de Mármara y Mar negro con el Egeo. Korfmann investigó los alrededores de las colina Hisarlik y descubrió que la bahía de Besik que se encuentra a 8 Km. fue desde tiempo inmemorial el puerto de Troya. Las condiciones de navegación para cruzar el estrecho de los Dardanelos son difíciles ya que durante la estación de navegación, es decir de mayo a Octubre, sopla frecuentemente viento de nordeste a lo que se une la corriente que baja del Mar de Mármara hacia el mar Egeo. De modo que muy probablemente los barcos debían realizar largas estancias en este puerto en espera de condiciones favorables, estancia que aprovecharían para abastecerse y realizar intercambio de mercancías, las grandes construcciones de la ciudadela encuentran así su significado al servir de silos de almacenamiento de mercancías, todo lo cual redundaría en el beneficio de Troya  que naturalmente no ofrecería estos servicios de forma gratuita. Este comercio era un comercio de largas distancias. A partir del tercer milenio a.C. el comercio de largas distancias tenía lugar entre tres focos principales: Egipto, Mesopotamia y los puertos fenicios desde donde se realizaba la distribución a todo el Mediterráneo y en esa distribución un punto estratégico sería Troya.  Esta posición privilegiada de Troya explica su auge económico y la continua expansión de la ciudad y también la relativa independencia política que gozaba la ciudad frente a las grandes potencias Egipto, el reino hitita y Micenas ya que a todos interesaba el buen funcionamiento de este enclave comercial, pero al mismo tiempo su acumulación de capital podía ser también objeto de deseo, por ejemplo para una gran potencia naval como era Micenas.

Una ciudad con una actividad comercial tan importante debería tener una escritura. No se había encontrado nada durante las excavaciones de Schliemann, Dörpfeld y Blegen, por fin Korfmann encontró en la campaña de 1995 un sello biconvexo. Los signos escritos son del tipo pictogramas como los de los jeroglíficos egipcios y la lengua escrita es el luvio, cabría pues hablar de escritura “luvioglifica” o “pictolúvica”. El luvio y el palavio son dialectos o lenguas hermanas del hitita y todas ellas son indoeuropeas, es decir no semitas. Tienen declinaciones como otras lenguas occidentales indoeuropeas (griego, latín, etc.). Los pueblos que ocupaban la península de Anatolia en el segundo milenio procedían del norte del mar Negro desde donde habían emigrado alrededor del 3000 a.C. El pueblo hitita funda hacia 1650-1500 un gran reino con capital en Hattusa y emprende una política  expansiva que le lleva a someter al resto de pueblos de la península de Anatolia y también a parte de Siria e incluso llega a invadir Babilonia. Tras un periodo de luchas internas que le hacen perder todas sus conquistas se rehace y hacia 1400 se convierte en un gran imperio, situándose como tercera potencia mundial (más bien de próximo o medio oriente) junto con Egipto y Babilonia. En esta época dorada (siglos XIV y XIII a.C.) todos los pueblos de Anatolia estaban sometidos o ligados al reino hitita.

Otros muchos sellos se habían encontrado en el resto de Turquía y en la vecina Siria con anterioridad a este sello de Troya pero merece la pena citar al primero hallado en 1812 en una bazar de la ciudad siria de Hama: se llama el sello Tarkondemos por el nombre del rey que aparece en efigie. Esta efigie real está rodeada de una escritura luvioglífica como la del sello de Troya y en la parte más externa en hitita cuneiforme. El hitita cuneiforme fue descifrado por Hrozny en 1915. Según las investigaciones realizadas el hitita cuneiforme era la escritura culta utilizada por los escribas en el imperio hitita, era la escritura de las chancillerías para las comunicaciones diplomáticas y los tratados comerciales. La escritura pictográfica más intuitiva, más fácil de comprender por el pueblo se utilizaba para la lengua luvia hablada por una gran parte de los pueblos de Anatolia. El sello encontrado en Troya es semejante a otros encontrados en otros lugares y pertenecientes al siglo XIII a.C. Suelen representar en una cara un nombre masculino seguido de un título y en la cara opuesta un nombre femenino. se supone que de la esposa. En el caso del sello de Troya el título del nombre masculino es “maestro escriba”. En opinión de Korfmann y de otros expertos hititólogos allí donde aparecen estos sellos se trata de un área de actividad o interés hitita.

En la ciudad turca actual de Bogazköy se encontraron los archivos imperiales de Hattusa la capital del reino hitita. Son muchas las tabletas encontradas y pocos los expertos hitólogos que las pueden traducir de modo que los datos van saliendo a la luz lentamente, pero hay un documento traducido poco después del desciframiento del hitita cuneiforme y que llamó la atención desde un principio. Se trata de un tratado de amistad concertado entre el rey hitita Muwatalli II (1290-1272 a.C.) y un tal Alaksandu de Wilusa. En el preámbulo de este tratado se hace un breve perfil histórico de las relaciones entre las partes. Entre otras cosas recuerda Muwattalli:

Antes, en una ocasión, mi antepasado, el labarna [labarna es un alto título, no un nombre propio] sometió a todo el país Arzawa y todo el país Wilusa. Más tarde, estuvo por eso el país Arzawa en pie de guerra; aunque no tengo noticia, ya que el suceso [el sometimiento de Wilusa por el labarna] data de muy atrás, de que ningún rey del país Hattusa haya abandonado al país Willusa. [Con todo] (incluso) si el país Wilusa ha sido abandonado por los reyes de Hattusa, aún así se ha mantenido desde lejos estrechamente unido a los reyes de Hattusa y les ha enviado regularmente embajadores ...

De todo ello se desprende que:
  1. Hubo relaciones amistosas entre Wilusa y el reino hitita desde muy antiguo.
  2. Las relaciones eran de subordinación de Wilusa con respecto a Hattusa.
  3. Aún así Wilusa no era un provincia del reino hitita sino una entidad autónoma que se relacionaba con el gobierno central mediante embajadores, era algo así como un miembro de la “Commonwealth hitita”.
  4. El rey hitita recuerda, aparentemente de pasada, que Wilusa fue sometida por la fuerza en el pasado al igual que su vecino país Arzawa, tal vez ambos estaban confederados, pero mientras Wilusa aceptó la situación resultante Arzawa se mantuvo en pie de guerra.

Pero,¿dónde estaban estos países Wilusa y Arzawa? Esta cuestión de la localización ha sido durante mucho tiempo la tarea más complicada de las investigaciones del mundo hitita. Gracias al desciframiento de tabletas con cartas diplomáticas a los diferentes reinos asociados a Hattusa en las que existían referencias geográficas del propio reino o de los vecinos se ha ido construyendo un puzzle en el que finalmente sólo quedaba una pieza por colocar Wilusa y un lugar sin denominación, la esquina noroeste de la península Anatolia, es decir la localización de Troya, la región de la Troade donde está la colina Hisarlik.

 Y ¿Qué tiene que ver este nombre de  Wilusa con Troya? Illios es el otro nombre con el que Homero denomina a Troya, lo hace en más de cien ocasiones. Está comprobado que Illios era Willios en el griego antiguo. La “W” se perdió con el paso del tiempo y ya no estaba presente en la lengua griega del siglo VIII en el que Homero escribió su obra. Resultaría muy prolijo detallar aquí porqué el nombre hitita Wilusa equivale en griego a Willios. Baste decir que en un coloquio internacional sobre Troya que se celebró en la Universidad de Würzburg que reunió a investigadores de diferentes disciplinas; arqueólogos, filólogos, prehistoriadores y reputados hititólogos se aceptó la equivalencia Wilusa = Willios. Así que estamos seguros que, al menos en el nombre del lugar del escenario, Homero no fantaseó.

Homero utilizó un segundo nombre para el escenario de la acción: Troie (la “e” larga del final de palabra en el dialecto jónico de Homero corresponde en los demás, que luego se harían usuales, a una “a” larga; de ahí nuestra forma de Troya). Este nombre aparece en la Iliada más de cincuenta veces y además el nombre de los habitantes se deriva de él: troyanos o troyanas (utilizado más de cien veces), pero jamás ilianos o ilianas. Es de suponer que si el primer nombre de Ilios no es inventado por Homero tampoco lo sea este segundo. Efectivamente, en los anales del rey hitita Tudhalija I (1420-1400), informa el rey de sus empresas guerreras y menciona extensamente su guerra contra los países Arzawa (ya conocemos la rebeldía tenaz de este país o países contra Hattusa hasta que fue definitivamente sometido cien años después por el rey Mursili II). La localización de Arzawa era el centro de la parte occidental de Asia   Menor y tenía su capital en Abasa (=Éfeso). Indica este rey que una vez sometido a Arzawa y otros países situados al sur, al dirigirse hacia la capital Hattusa fue atacado por una coalición de pueblos a los que denomina Assuwa y detalla el nombre de 14 países entre los que se encuentra Wilusa y Taruisa. El aparecer ambos nombre seguidos en la relación de países indica cuanto menos vecindad. Este Taruisa equivale al griego Troya y ambos (Wilusa y Taruisa) designan al mismo país. Homero utiliza Troya como concepto comarcal e Ilios como nombre de la ciudad. Por el contrario los hititas utilizaban el nombre de la capital para designar a toda una comarca o país (para ellos su país era el país de Hattusa aún cuando dominaban toda la península de Anatolia): Es posible que Taruisa fuese en el pasado una pequeña localidad dependiente de Wilusa y luego absorbida, pero el rey Tudhalija utiliza los dos nombres para engrandecer su acción guerrera.

Busquemos otros datos históricos en la narración de Homero. Los atacantes tienen en la Iliada tres nombres diferentes: achaioi, danaoi y argeioi (aqueos, dánaos y argeos). Los tres son intercambiables entre sí, es decir que no designan a distintas tribus separadas sino a la totalidad de los atacantes. En tiempos de Homero los griegos no se llamaban así mismo “griegos”, esta es la denominación que los romanos les dieron porque la primera tribu con la que se toparon en Grecia se llamaba a sí misma graikoi. Los griegos denominaban a su país Hellas, es decir en todo caso se denominarían helenos. Denominaciones de tribus helénicas ha habido muchas desde su remoto pasado, en tiempos de Homero los grupos principales se denominaban jonios, dorios y eolios pero los nombres utilizados en la Iliada no eran usados.  Como ya es de suponer tampoco estos nombres van a ser una invención del autor (al menos los dos primeros), ¿estamos entonces ante antiguos nombres usados en el pasado, y por lo tanto históricos, transmitidos de generación en generación por los rapsodas griegos hasta llegar a Homero?

En el primer caso la respuesta es fácil: Ahhijawa (escrito hoy generalmente como achijawa) era la denominación que utilizaban los hititas al referirse al país micénico que tiene una evidente relación fonética con achaioi ya que también aquí hay que contar con una “w” desaparecida, de modo que originalmente sería achaiwoi. En cuanto al segundo nombre para buscar los rastros de su carácter histórico hemos de valernos de  fuentes egipcias. En un pedestal de estatua del templo de los muerto del faraón Amenophis III (1390-1352) en la ciudad de los muertos de Tebas, se encontraron cinco inscripciones que enumeran en forma de lista los más significativos nombres de regiones y sus ciudades del mundo entonces conocido y  la quinta de estas inscripciones está dedicada a los países situados al norte de Egipto: Primero figuran uno junto a otro los dos nombres Kafta (kftw) y Danaja/Tanaja (tnjw). El primer nombre se corresponde con el nombre bíblico Kaphtor, que designa la patria de cretenses y filisteos, y con el nombre ugarítico Kaptara. El segundo nombre Tanaja es la transcripción egipcia de Danaja y designa al Peloponeso y Beocia junto con la isla  Kythera. Cualquier duda se despeja al leer los nombres de ciudades subordinadas a estos nombres de país: para Kafta son: 1) amnisa que es el puerto de Cnossos, Aminisos, 2) bajasta que es Phaistos, 3) Kutunaja, que es Kydonia, 4) Kunusa que es Cnossos, etc. y para Danaja: 1) mukana que es Mukanai más tarde Mykene, 2) deqajis, que es Thegwais, más tarde Thebais (la comarca en torno a Tebas), 3) misane, que es Messana, más tarde Messene, 4) nuplija que es Nauplion, 5) Kutira que es la isla Kythera, etc.

En cuanto al tercer nombre argeioi: la palabra argos significa llanura, había pues muchos argos en Grecia (algo parecido a la terminación Burg en alemán), pero por antonomasia la referencia era para la llanura del Peloponeso donde se desarrolló la importante cultura micénica en la primera mitad del segundo milenio y el nombre de sus habitantes se generalizó como nombre del pueblo grecoparlante.

La utilización de estos tres nombres para los atacantes y dos diferentes para la ciudad atacada obedece a una razón: facilitar al autor o rapsoda el cumplimiento de la métrica de los versos, que son hexámetros. Éste consiste en seis unidades, metros o pies, que a su vez consisten en una larga + dos breves, excepto en el último metro que puede aparecer una larga seguida de otra larga o bien una breve. En los cinco primeros hexámetro también se puede sustituir las dos breves por una larga. Una regla también a tener en cuenta es que si una palabra termina en vocal la siguiente no debe empezar también por vocal, para evitar el hiato.  Los tres nombres usados para los atacantes tienen diferente estructura métrica: “argeioi” (larga-larga-larga), “danaoi” (corta-corta-larga) y “achaioi” (corta-larga-larga). Además dos empiezan por vocal y uno por consonante. Todo ello le venía estupendamente bien al poeta para poder hacer diferentes combinaciones y ajustarse a la métrica sin tener que pensar demasiado, utilizando en cada caso el nombre genérico que le viniese bien, especialmente en este caso de los atacantes a los cuales debía referirse tan a menudo.

Y finalmente un nuevo dato que muestra que el escenario de la guerra de Troya no pudo ser inventado por Homero y al mismo tiempo nos da una pista de cuando pudo ser ideada: el catálogo de naves. La Iliada incluye una pormenorizada enumeración de las naves en las que se embarcan los aqueos hacia Troya y la procedencia de sus tripulaciones; el formato es el siguiente: “Los hombres de la región A, el país de las ciudades ..., fueron mandados por X. Le seguían noventa naves. Los hombres de la región B fueron mandados por Y. Le seguían cuarenta naves ...”. En total son 1186 naves y unos cien mil hombres. El poeta sitúa esta lista no en el momento de la partida, como cabría esperar, sino justo antes del primer combate ya en tierra troyana. Enumera 29 contingentes con 178 nombres geográficos que abarcan toda Grecia con una excepción las islas Cícladas y costas de Asia Menor junto con sus islas adyacentes (Lesbos, Qios, Samos) donde jonios, como Homero, y eolios fundaron en el siglo VIII ciudades densamente pobladas [3] , pero que no existían en la época micénica donde se supone que transcurrió la guerra entre aqueos y troyanos. Es evidente que Homero no se inventó este catálogo tan detallado de naves, de haberlo hecho hubiese colocado las localizaciones geográficas de su época donde la densidad de población era mayor, es decir la costa de Asia Menor y sus islas adyacentes, además no tendría sentido reunir todas esas naves en el puerto Eulis en Beocia al sur de la isla Eubea y hacerlas cruzar dos veces en mar Egeo. Además este mapa oral tan detallado no se corresponde con el de la Grecia del siglo VIII: algunas de las localizaciones citadas ya no estaban pobladas en época homérica como Dorión, abandonada antes de la época dórica (1000 a.C.), Nisa que no es hallable en ninguna parte de Beocia, Kalliaros que ya no está habitada, Bosa y Argeiaim que no existen, etc. y tantos otros lugares. Hasta la cuarta parte de las localizaciones están en esta circunstancia. Las investigaciones conducen a la conclusión de que se trata de un mapa arcaico correspondiente a la época micénica. Llama también la atención que en un poema se incluyera una lista tan detallada y aburrida a la que se dedican 267 hexámetros; nos recuerda mucho a las listas micénicas escritas sobre tablillas con escritura Lineal-B. La respuesta es que la historia general de la guerra de Troya en la que está basada, o más bien la utiliza como marco la Iliada, debía contener un detallado catálogo de naves ya que se trata de una expedición a ultramar y el público esperaba oírla, era una tradición de la poesía rapsódica y por otra parte algo muy habitual en las estelas o inscripciones reales de la antigüedad para resaltar la importancia de las victorias o de las expediciones militares. Homero considera, pues, que es necesario incluirla y lo hace en el mejor lugar posible de su historia de Aquiles, justo antes del combate de los aqueos. Hay un hallazgo arqueológico reciente que da una mayor seguridad a este planteamiento. En la moderna ciudad de Tebas asentada sobre la antigua se ha realizado en el año 1993 un importante hallazgo de numerosas tabletas en Lineal B, más de 250, llegando a constituir el tercer yacimiento en importancia en esta escritura, después de Cnossos (3500) y Pilos (1200). Las tabletas pertenecen a un archivo palaciano que se destruyó por incendio alrededor del año 1200 a.C. El desciframiento de estas tabletas nos da una información geográfica muy valiosa,  mostrándonos a una poderosa ciudad que mantenía relaciones comerciales con Esparta y con ciudades como Cnossos en Creta, ciudades de Chipre, Egipto y Anatolia (entre ellas Troya). También indican que Tebas en esa época poseía no sólo la región de Beocia sino también la isla Eubea, además todo apunta (aún sin una opinión unánime) a que el territorio controlado por Tebas era mucho más extenso que el correspondiente a Micenas, Tirinto o Pilos y en consecuencia ocuparía el papel predominante en la escena de polis griegas de esa época micénica. Eso explicaría que las naves aqueas se reúnan en Eulis, el puerto natural de Tebas desde siempre, para su expedición a Troya. Y un dato muy importante: en estas tabletas aparecen tres nombres de lugar: Eleón, Peteón e Hyle que también aparecen seguidos en el catálogo de naves de La Iliada que eran desconocidos en época homérica y posterior.

Toda esta argumentación lleva a una conclusión: la historia de la guerra de Troya no pudo ser ideada en otra época que no sea la micénica. Pero cómo llegó hasta Homero, atravesando una laguna de 400 años sin escritura. Es notorio que las tradiciones orales se van desfigurando con el paso de unas generaciones a otras. La respuesta es que los griegos poseían un herramienta muy valiosa: su poesía rapsódica construida en hexámetros, una estructura de versificación firmemente reglamentada que no varió con el paso de los años. Esta estructura hermética produce a veces descripciones chocantes en principio, como este pasaje de la Iliada:

 

... como cuando las estrellas en el cielo en torno a la resplandeciente luna aparecen claramente destacadas ...

Evidentemente si la luna está resplandeciente es difícil que aparezcan las estrellas tan claramente destacadas. El motivo es que la luna habitualmente lleva su propio epíteto, resplandeciente, independientemente de si es luna llena, menguante o creciente. Y eso es así porque ese adjetivo forma un conjunto bien ligado métricamente y que facilita la composición del poeta que debe improvisar muchas veces al recitar la poesía. Trata pues de iniciar el verso con la idea que quiere expresar y terminarlo con fórmulas ya preestablecidas que “funcionan” bien métricamente. Así nos encontramos a menudo con “Aquiles el de los pies ligeros”, “el muy sufrido divino Odiseo”, etc. El poeta dispone de todo un repertorio elaborado por múltiples rapsodas a lo largo de los tiempos y echa mano de él cuando lo necesita. Porque no hay que olvidar que la poesía rapsódica es una poesía viva. No se trata de que una composición poética una vez creada por un rapsoda fuese aprendida de memoria por otros que la repetirían exactamente, sino que cada rapsoda haría hablar a sus personajes de forma diferente, en el lenguaje que fuese inteligible por el publico oyente de su época. Pero todo dentro de un marco fijo y dentro de ese marco especialmente los nombres de los personajes y lugares geográficos serían invariantes.

En cuanto a la forma de transmisión de estas epopeyas cantadas o recitadas durante los llamados siglos oscuros hay que aclarar que no hubo tan completa oscuridad, cabría hablar de siglos “oscuros iluminados”. Tras la destrucción de los grandes centros administrativos o palacios hubo un resurgimiento de muchos lugares que los convirtió en centros, aunque sin palacio, y a pesar de la destrucción de la tupida red intercambios que existía anteriormente éstos no desaparecieron del todo. En alguno de estos centros resurgidos hacia el 1100 a.C. como Perati en el Ática, Foquis en Tesalia, Lefcandi en Eubea, etc. se han encontrado necrópolis con lujosos menajes de enterramiento, vasos, joyas, etc. algunos procedentes de lugares lejanos como Creta, Chipre, Rodas, Cos hasta Siria y Egipto. En algunas piezas artísticas representado el aedo con su phorminx, una lira. Como se ve la pequeña nobleza de esta época se mantiene como puede con sus antiguos estandares de vida. Las viejas narraciones de gloria y grandeza del pasado en boca de los aedos servirían para dar apoyo y ánimo. Y cuando luego dio comienzo la gran emigración a la costa asiática, alrededor del 1050 a.C., llevaron consigo ese arte y sus correspondientes artistas a la nueva patria. Visto así, Homero, el rapsoda que creció en la región colonizada griega oriental de la Jonia asiática, no es para nosotros un principio, sino el final y culmen de una tradición secular. No ha inventado él mismo las historias dentro de las que intenta desarrollar sus nuevos propósitos poéticos. Le eran familiares merced a innumerables elaboraciones ajenas y, más tarde, también propias. La historia de Troya era una de ellas.

Veamos ahora cuál pudo ser el motivo de la guerra de Troya. Para ello debemos recurrir de nuevo a las fuentes hititas y a la correspondencia entre la corte de Hattusa y Achijawa, una correspondencia que evidentemente debió ser bidireccional pero de la que no se ha encontrado nada en los archivos micénicos.

En la denominada “carta de Tawagalawa” [4] , denominada así por el nombre de una destacada personalidad  de ese nombre que aparece en ella, y que el rey hitita Hattusili III (aprox. 1265-1240) dirige al rey de Ahhiyawa (al que trata formalmente como “Hermano mío”) se queja con cautela y pide comprensión, de no poner coto a las acciones de un tal Pijamaradu en toda la costa asiática desde Wilusa y Lazba (isla de Lesbos) hasta Milawanda (Mileto). Este personaje era nieto de un rey de Arzawa (país en permanente conflicto con los hititas) que huyó de los hititas y se refugió en Ahhiyawa. Las acciones habían consistido en asaltar Wilusa y Lazba, haber hecho esclavos y los había deportado a Milawanda. Cuando Hatussa intentó reducirlo se refugió en Ahhiyawa. El rey de Hatti llega a indicar “no nos conviene la guerra”. Desgraciadamente no se ha encontrado ninguna de la correspondencia, que debió ser abundante entre Ahhiyawa y Hatti, en sentido inverso, pero sí hay referencias a mujeres trabajadoras extranjeras en tabletas micénicas escritas en Lineal B, encontradas en Cnossos, en Pilos y en Tebas (mujeres de la isla de Imbros, de la isla de Lennos, de la isla de Qios, de Cnido, de la región de la Tróade, etc). Esto indica que los aqueos realizaban frecuentes expediciones de rapiña en las costas de Asia Menor y obtenían esclavos. Esta práctica estaba muy extendida internacionalmente en esa época y los griegos micénicos no eran una excepción. Tampoco lo eran los hititas, sin embargo no se tiene ninguna referencia de mujeres de Ahhiyawa capturadas por los hititas, a pesar de que la documentación hitita es mucho más abundante que la lineal B de los aqueos. Esto indica que la expansión en esa zona del Mediterráneo era en una única dirección de Ahhiyawa a Asia Menor, no al revés. Las diplomáticas ofertas de reconcialiación de Hattusili III parece que no consiguieron su propósito. Veinte años después de la carta de Hatusili III mencionada anteriormente, alrededor de 1220, Tudjalija IV, el hijo de Hatusili III, concertó un tratado con el rey, y cuñado suyo, Sausgamuwa de Amurru (al norte del Líbano), donde Amurru quedaba comprometido a un bloqueo comercial contra Asiria y además a impedir el comercio entre Ahhijawa y Asiria que pasaba por Amurru. Del grado de frialdad alcanzado entre Hatti y Ahhijawa da idea que en ese mismo tratado queda suprimida con posterioridad la referencia a Ahhiyawa en la tradicional fórmula de grandes reyes (Hatti, Egipto, Babilonia, Asiria y Ahhiyawa). Todo esto indica un crecimiento del poder y una creciente expansión de Ahhiyawa en la segunda mitad del siglo XIII.

En este contexto de relaciones entre Ahhiyawa y Hatti se produce la guerra de Troya. Algunos autores, como  Bryce, no creen que se trate de una guerra de la amplitud de la narrada en la Ilíada sino más bien de una serie de ataques escalonados que luego fueron aglutinados por los rapsodas griegos en un único episodio épico. Bryce calcula como mínimo cien años. Sin embargo para Latacz, y a raíz de las últimas investigaciones realizadas, crece cada vez más la probabilidad de que la guerra de Troya se tratase de un único e importante golpe militar. A ello contribuye el descubrimiento de inscripciones hititas en Milawanda (Mileto) que indican que esa zona de Asia Menor cayó bajo soberanía hitita en la segunda mitad del siglo XIII, durante el reinado del soberano Tudhalija IV.

El escenario podría ser como sigue: Ahhiyawa fue una potencia expansiva en el área mediterránea. Ocupó Creta en el siglo XV y, tras la supresión del dominio marítimo minoico, fue más allá del Egeo, a por la herencia de Creta también en Asia Menor y se estableció en Mileto. Y desde allí intentó ampliar su área de influencia. El asunto Pijamaradu indica esa tendencia. Los intentos de Ahhiyawa de dañar al gran imperio hitita en esa zona – parte del cual eran las islas frente a la costa de Anatolia occidental según la consideración hitita – llevaron a Hatti a asestar un golpe contra los aqueos arrebatando su cabeza de puente en Milawanda. Esto representaba un revés difícil de aceptar por Ahhiyawa ya que el interés por los graneros de Asia Menor venía ya de siglos atrás. Pero la reconquista de Mileto podría no ser prudente y los aqueos intentaron poner el pie en otro lugar de la costa, en una posición que por su riqueza creciente y su importancia política y comercial hacía mucho que estaba en las miras de Ahhiyawa: Troya.

Para otros investigadores el bloqueo comercial al que sometieron los hititas a los aqueos sería el desencadenante por un lado del derrumbamiento del mundo micénico y por otro del ataque a Troya.  Hatti había perdido parte de sus lugares de abastecimiento de cobre situados al este de Anatolia por la expansión asiria (en tiempos del rey asirio Tukulti_Ninurta I, alrededor de 1240) y se fijó como objetivo la conquista de Alasiya (Chipre) para cubrir sus necesidades de este metal. Esta conquista se haría efectiva en tiempos del rey hitita Tudhaliya IV (con ayuda de sus reinos vasallos costeros) lo que hizo más efectivo el tratado firmado con Amurru para bloquear el comercio entre Ahhiyawa y Asiria.

 En esta dirección apunta el investigador Carlos J.Moreu. En su artículo “Los Pueblos del Mar y el trasfondo histórico de la guerra de Troya” publicado en Mediterranean Archaeology 16-2003, indica que el bloqueo efectivo del comercio con Amurru que consiguieron los hititas con la conquista de Chipre provocó la decadencia del mundo micénico, pues hasta entonces habían basado su crecimiento en el comercio. Es más, probablemente tuvieron algunas dificultades para importar cobre, habitualmente suministrado por Chipre. Las guerras internas comenzaron a tener lugar en Grecia, como consecuencia de la crisis general de su sistema. Algunos palacios fueron fortificados, pero así todo, diversos asentamientos micénicos sufrieron destrucciones que pueden ser datadas entre 1240 y 1210 . En los registros arqueológicos de cerámica se advierte el paso del genuino estilo Micénico IIIB al Micénico IIIC. A finales del siglo XIII a.C. algunos contingentes micénicos participaron en grandes expediciones de piratería, como respuesta a la ruptura de su red comercial, como por ejemplo el primer intento de invadir Chipre, realizado por los ahhiyawa en alianza con el rebelde anatolio llamado Madduwatta y los pueblos de Arzawa, tradicionales enemigos de Hatti, y que estaría seguido del ataque sobre Egipto en la época del faraón Merneptah (1224-1204), probablemente producido por la misma coalición reforzada por los libios. Una recuperación del mundo micénico, tras haber resuelto temporalmente sus conflictos internos, habría permitido a los aqueos lanzar una doble campaña para recuperar sus circuitos comerciales: un objetivo sería un nuevo intento de conquista de Chipre y el otro Troya, la llave para la ruta del Mar Negro, y tradicional aliada de Hattusa. Para la conquista de la isla tendrían que realizar también expediciones y asentamientos en las costas vecinas de Anatolia, Siria y Canaán. Disponemos de la correspondencia, de este momento, entre el rey de Ugarit y el gobernante de Chipre, ambos vasallos de Hatti, en la cual se informa de la llegada de una flota hostil que ha incendiado las ciudades de la costa siria. Estos barcos enemigos deben ser de los aqueos. La isla de Chipre fue conquistada hacia 1200 a.C. por los aqueos como demuestra la helenización de los restos arqueológicos de este periodo. Unos años después El rey hitita Shuppiluliuma II (1200-1170) tuvo que realizar una nueva conquista de la isla.

Fuesen o no estos los motivos desencadenantes de la guerra de Troya lo que sí parece hoy día no cuestionado es que existió un enfrentamiento entre aqueos y troyanos en los últimos años del siglo XIII a.C., lo que coincide con los restos de incendio y destrucción militar que se observan en el nivel VIIa de las excavaciones realizadas en la colina Hisarlik, ubicación de la antigua ciudad de Troya.

La obra de Homero, La Iliada, aunque no sea un libro histórico aporta datos muy valiosos de carácter histórico como es este marco de la guerra en el que se desarrolla la acción de sus personajes.

Lo que también parece evidente es que los problemas que acuciaban al mundo micénico no se resolvieron con la guerra de Troya. Poco después este mundo se viene abajo definitivamente y lo mismo ocurre con el reino hitita. Toda una oleada de hambrunas, revueltas, migraciones de pueblos, invasiones de otros, destrucción de ciudades, etc., sacude al Mediterráneo oriental, es la denominada época de Los Pueblos del Mar, llamados así por las crónicas egipcias que refieren el intento de ocupación de estos pueblos de las fértiles tierras del delta del Nilo. Entre ellos siempre aparecen tribus de procedencia aquea.

Esto parece encajar con las leyendas griegas sobre las secuelas de la guerra de Troya. Las historia de los héroes de la guerra de Troya que regresan a su hogar habla de ataques y de migraciones de bandas errantes de guerreros del mar, de la conquista de tierras y de la creación de ciudades en todo el mundo mediterráneo. El rey Menelao y sus espartanos al volver de Troya atacan las costas de Chipre, Siria y Egipto, y Ulises y su tripulación llegan hasta Siria y Egipto durante su periplo. Teucro, el líder troyano, funda la ciudad de Salamis en Chipre. Guerreros que habían servido bajo el rey Néstor de Pylos fundaron varias ciudades en Italia y veteranos de Rodas fundaron colonias en España.

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Aspecto reconstruido de Troya VI

Aspecto reconstruido de Troya VI


Principales rutas comerciales en el II milenio a.C.

Principales rutas comerciales en el II milenio a.C.





[1] Tablillas encontradas en Cnossos por el arqueólogo ingles sir Arthur Evans y en Pilos por el americano Carl W. Blegen.

[2] Que nada tiene que ver con el Príamo homérico ya que se extrajo del nivel Troya II

[3] Esta zona no fue poblada por los griegos antes del 1050 a.C.

[4] La carta está destruida parcialmente y desgraciadamente no se tiene el nombre del rey de Ahhiyawa al cual va dirigida.




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