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Introducción
2 La feminidad en el mundo divino 3 La mujer en la realeza 4 El estatuto general de la mujer 4.1
La mujer en la servidumbre
4.2 Profesiones liberales de la mujer 4.3 El matrimonio 4.4 La vida en el hogar 4.5 Coquetería y modas 4.6 Fertilidad, embarazo, parto 4.7 Sexualidad y lujuria 1 Introducción Las mujeres egipcias durante la época faraónica mantuvieron un estatus social y unos derechos superiores a los que tuvieron las mujeres de otras sociedades contemporáneas como la mesopotámica, y superiores también a los de civilizaciones posteriores como la romana o la griega. En Egipto no existía una ley como la romana que daba al padre y luego al marido el derecho de decidir sobre la vida de hijas o esposas. Tampoco unas costumbres sociales como las de los griegos que obligaban a la esposa a mantenerse apartada de la vida social. No se puede decir tampoco que la sociedad faraónica fuese matriarcal, en absoluto. El hombre tenía un estatus superior, pero las mujeres podían ser propietarias, heredar, divorciarse por iniciativa propia o iniciar pleitos legales, derechos que aún no habían sido alcanzados por muchas mujeres europeas ya bien entrado el siglo XX. Aún cuando en general los roles sociales estaban en general separados según el sexo muchas mujeres pudieron ocupar cargos en la administración y dentro de la familia real pudieron, en algún caso, ocuparse del gobierno como regentes y e incluso llegar a ser faraones. En cualquier caso su función social como madres era muy importante y respetada por toda la sociedad. Y no podía ser de otra manera ya que para un pueblo tan religioso como el egipcio el espíritu de la diosa Maat, diosa de la justicia, debía ser su guía de comportamiento. La maat significaba lo que está bien, lo justo, lo que debe ser para que el orden cósmico no sea alterado. La maat alcanzaba a todos, por eso tanto varones como hembras gozaban de los mismos derechos, al menos teóricamente. Incluso los actos del faraón debían estar impregnados de esta maat ya que él era responsable de este orden cósmico y por lo tanto que las crecidas del Nilo llegasen con la puntualidad acostumbrada para que el flujo de la vida no se interrumpiese. No existieron en Egipto códigos legales escritos, tal vez no fuese necesario por éste mismo espíritu de justicia que había que respetar y del que todo egipcio había de rendir cuentas ante el tribunal de Osiris en el que se pesaba por Anubis el alma del difunto sirviendo de contrapeso la maat, aunque sí enseñanzas morales escritas, como las de Imutes el sabio y arquitecto constructor de la primera pirámide en tiempos del faraón Dyoser en Saqqara (textos no conservados), o las de Ptahhotep, visir del faraón Isesi de la V dinastía, cuyo libro de “Máximas” dedicado a su hijo es el libro histórico más antiguo que se conserva completo y del que se hicieron innumerables copias de las cuales la más antigua conocida data del Imperio Medio (papiro Prisse), o las “Enseñanzas” del escriba Ani, al servicio de la reina Ahmes-Nefertari (comienzos del Imperio Medio). Estos textos y otros semejantes son las obras clásicas de la literatura egipcia y fueron copiados una y otra vez por los escribas en las Casas de la Vida y se quedaron grabados en la mente de los antiguos egipcios como norma de conducta cívica y moral. A continuación analizaremos el papel de la mujer en diferentes aspectos de la religión y sociedad egipcias. 2 La feminidad en el mundo divino
“Diosa
de múltiples juegos,
Honor del sexo femenino.” ... “Enemiga del odio...” ... “Eres la señora de la tierra.. Has hecho que el poder de las mujeres sea igual al de los hombres” En general puede decirse que desde
el comienzo de la
historia egipcia que cada vez que una ciudad crea una teología
con un demiurgo
local éste no tarda en verse acompañado por una diosa
paredro. Incluso en la
cosmogonía heliopolitana en la acción masturbatoria que
crea a la pareja Shu y
Tefnut el elemento femenino, indispensable para conseguir el perfecto
equilibrio que necesitaban los egipcios, está representado en la
mano. La mano
de Atum como agente femenino se convierte en un elemento
autónomo hasta tal
punto que llega a ser independiente del cuerpo y durante el primer
periodo
intermedio se representa en algunos sarcófagos a la pareja
divina Atum y su
mano. Otros conceptos divinos también tomaron forma de mujer: - La diosa Maat de la que ya hemos
hablado
anteriormente. Simboliza el orden cósmico, la justicia, la
verdad y la
estabilidad en el mundo y en el cosmos.
Es considerada una forma de Isis y también de Neftis, como reconstructoras del cuerpo de Osiris. Fue adorada en Hermópolis Magna. Era además señora del calendario y de la astronomía y al igual que su compañero Thot poseía grandes poderes mágicos como "Señora de la casa de los Rollos".
Esta diosa, se manifiesta así mediante un buitre, aunque también puede verse como una leona o una gata. Se suele representar como una mujer o con cuerpo de mujer y cabeza de leona. Como diosa madre, aparece llevando sobre su cabeza la corona del Alto y del Bajo Egipto o un tocado formado por un buitre y el ureo. Viste un ajustado traje de color azul o rojo, y en sus manos porta el cetro de papiro y el anj o símbolo de la vida. Mut es la esposa del dios Amón y madre de Khonsu, formando tríada en Tebas. - La diosa Neith también
llamada Tehenut, "la libia". Su culto se remonta al periodo
predinástico. Su función más antigua parece haber
sido la de diosa guerrera y
de la caza, aunque fue también diosa de la sabiduría. En
el Período
predinástico tenía forma de escarabajo y posteriormente
sus atributos fueron el
arco y dos flechas cruzadas sobre el escudo, que constituyen su
emblema.
También llevaba una lechuza en la mano derecha y una lanza en la
izquierda. De
ahí que Herodoto la asimilara a Atenea.
- Hathor, hija del dios del Sol, Ra, fue una
divinidad muy
popular entre el pueblo egipcio. El nombre de esta diosa significa “
Hathor es una diosa muy importante dentro de la mitología egipcia. Abarca diferentes aspectos: es la diosa del cielo, el amor, la alegría, la música y la danza. Diosa protectora de la maternidad y de los niños. Fue venerada en el magnífico templo de Dendera. Esta diosa se ve representada principalmente como una mujer con orejas o cabeza de vaca, cuernos liriformes y disco solar. También puede representarse con cabeza y cuerpo de vaca. Aunque puede manifestarse con otras apariencias. En su aspecto de vaca celeste era la antigua madre de los dioses, habiéndolo parido y amamantado al igual que Isis. Era la esposa de Horus y como diosa del amor provocaba la atracción entre hombre y mujer para asegurar la continuidad de la vida. Por esta razón los griegos la identificaron con Afrodita. En algunas ocasiones se identifica con otras diosas como Sekhmet bajo el aspecto de leona vengativa que defiende al faraón, con Bastet, la gata protectora del hogar y por último Uadjet, la forma renovada de Isis, la bella jovencita resplandeciente de juventud. También puede identificarse con muchas otras diosas. Sus objetos sagrados son dos instrumentos de percusión que solían usarse juntos y simbolizan la vida:
La reina ocupaba un papel primordial en la concepción del mundo que tenían los egipcios. De la misma forma que tanto el elemento masculino como el femenino estaba presente en el mundo divino, el equilibrio debía estar también presente en la cúspide de la pirámide social egipcia; la reina era el complemento del faraón. En ese papel de complementariedad existían dos títulos de enorme prestigio, el de gran esposa del rey (hemet nesw weret), su mujer principal y la destinada a ser la madre del heredero, y el de madre del rey (mwt neswt). Además existía todo un harén de esposas secundarias (hemet neswt) entre las que se encontraban numerosas princesas extranjeras sobre todo a partir del Imperio y Medio y Nuevo en que Egipto se convierte en la potencia hegemónica del Próximo Oriente y los reyes de Mitanni (Naharina), Hatti, o Babilonia envían a sus hijas para desposarse con el faraón y reforzar una alianza o un tratado de paz. A pesar de la importancia de su papel no se puede decir que la reina estuviese a la misma altura que el faraón, de hecho cuando las figuras de ambos aparecen juntas a ella se la representa con una altura inferior indicando subordinación o un papel secundario, aunque existen bastantes excepciones a esta regla como por ejemplo en el caso de las esposas de los faraones Tutmosis IV (Mutemuia) y Amenhotep III (Tiyi) de la dinastía XVIII cuyas esculturas acompañando a su esposo tenían la misma altura: en particular la reina Tiyi esposa de Amenhotep III acompañaba al rey en todos sus actos de gobierno y tenía un papel predominante en la corte. Esta gran mujer, que no era de sangre real, actuó como consejera principal del soberano y según muchos autores la inductora de las ideas monoteístas de su hijo Akenatón. En ausencia del faraón o minoría de edad la madre del rey o su esposa podía ocupar el puesto de regente e incluso hubo varios casos en que la mujer se convirtió en faraón, en Horus femenino. Durante el Imperio Antiguo también la esposa real ocupaba un lugar destacado y para demostrarlo no hay más que ver el excelente grupo escultórico que representa a tamaño natural al faraón Micerino y su esposa Kamerernebti , juntos y exactamente del mismo tamaño como indicando la igualdad entre ambos personajes cada uno en un papel concreto y diferente. La mujer transmitía la legitimidad
para ocupar el trono. El
heredero al trono debía ser hijo de Cabe hablar aquí de las
prácticas de incesto real entre
hermanos o entre padre e hijas. No era una práctica habitual
pero
indudablemente existió, a pesar de que en el lenguaje egipcio no
se distingue
hermana de amante o esposa. El matrimonio entre hermanos suponía
llevar hasta
un extremo la preservación de la legitimidad de la sangre real y
tenía como
antecedente religioso los matrimonios entre las parejas sagradas Shu y
Tefnut,
Geb y Nut o entre Isis y Osiris. Está comprobado que en Pero hablemos de las mujeres de la realeza
que ocuparon
puestos de mando o tuvieron una notable influencia en el gobierno del
país. La
reina madre ejercía una gran influencia en el heredero sobre
todo durante su
juventud y en caso de quedar huérfano ejercía como
regente; es el caso de la
reina Meryre-Ankhemes, viuda de Pepi I de “Alabad a la
señora del
país, a la soberana de las
riberas de las regiones lejanas. Cuyo nombre se
alza sobre todos los
países montañosos, Que toma las
decisiones
preocupándose por el pueblo, Esposa de rey,
hermana de un soberano,
¡vida, salud,
fuerza! Hija de rey,
venerable madre de rey, Que
está al corriente de los
asuntos, que unió Egipto. Reunió
a los notables, de quien
aseguró la cohesión; Reunió
a los fugitivos,
reagrupó a los disidentes; Pacificó
el Alto Egipto,
rechazó a los rebeldes; La esposa del
rey, Ahhotep, que vive” En el comienzo de esta dinastía XVIII hubo mas mujeres notables como fueron la abuela de Ahmosis, Teti-sheri madre de Ahhotep y la esposa de él Ahmes-Nefertari también hija de Ahhotep; podemos decir que constituyeron una dinastía de mujeres muy implicadas con el gobierno de Egipto. Con esta tradición de mujeres de tan fuerte personalidad no es de extrañar que la reina Hatshepsut se convirtiese en faraón. Era hija de Tutmosis I, un general que había ocupado el trono tras la muerte de Amenofis I (muerto sin descendencia) y que había recibido la legitimidad al casar con una hija de Ahmes-Nefertari. Otra “esposa de rey” de fuerte
personalidad que es
preciso destacar fue Tiyi esposa de Amenhotep III. Era hija de dos
personas no
pertenecientes a la realeza, aunque bien situada en la esfera del
poder, y su
madre, Tuya, según algunos autores probablemente estaba
emparentada con la
reina Ahmes-Nefertari. Esta mujer, de gran sensibilidad e inteligencia,
ejerció
una enorme influencia sobre su esposo de quien era su consejero, pero
además
participaba activamente en la toma de decisiones. De hecho se la
representa en
la fiesta sed del faraón y en las audiencias reales. En
otras estatuas
aparece junto a su marido en pie de igualdad, al menos en estatura y
dimensiones. Su esposo le dedicó un templo en Nubia, hoy
destruido. Influyó
seguramente en su hijo Amenofis IV/Akhenatón para realizar la
reforma religiosa
que llevó a éste al monoteísmo y tuvo
también un papel destacado durante los
primeros años del reinado de Akhenatón como lo demuestra
que fuese nombrada
expresamente por el rey de Mitanni, Tushratta, en su correspondencia
con el
faraón. Cuando Akhenaton ocupa el trono es a Tiyi a quien se
dirige Tushratta
para pedir que se mantuviesen las buenas relaciones entre ambos
países a pesar
que Tiyi no tenía por qué ejercer de tutora ya que el
heredero incluso había
ejercido la corregencia conjuntamente con su padre durante los
últimos años.
Con la revolución amarniense, el hijo
de Tiyi puso un
énfasis especial en las representaciones familiares llenas de
ternura, incluso
a ambos esposos besándose mientras recorren la ciudad sobre un
carro.
Indudablemente tanto su esposa Nefertiti como sus hijas gozaron de gran
importancia en la corte.
Pero indudablemente el ejemplo mas destacado de mujer notable es Hatshepsut que ocupó el trono de Egipto. Aún hoy día sigue siendo un personaje histórico controvertido, para unos egiptólogos una usurpadora del trono en el que por tradición no podía situarse una mujer, para otros un ejemplo de gran reina que ocupó el trono por derecho propio. Lo cierto es que no es un caso único ya otras mujeres como Nitocris, Neferu Sobek, tal vez Nefertiti y Tausert también ocuparon el trono en momentos de debilidad de dinastías que estaban a punto de desaparecer y cuando la anarquía amenazada al país. El historiador Manetón a
quien debemos la
información sobre la lista de reyes y dinastías, afirmaba
hace dos mil años que
los faraones de La segunda faraona de Egipto
también aparece en un
momento de debilidad dinástica, al final de En el caso de Nefertiti esposa real de Akhenaton, para algunos historiadores actuaría como corregente en vida de su esposo y asumiría el trono a la muerte de él tomando el nombre de Esmenkhare considerado hasta ahora como un hermano del rey que ocupó el trono durante dos o tres años. No hay pruebas para esta argumentación pero lo que sí se sabe por el archivo de Amarna es que el rey hitita Shuppiluliuma, el gran rival de Egipto en ese momento histórico, recibió de una viuda real (¿Nefertiti?, ¿Merit-Atón?, ¿Anhksenamón?), destinada a sentarse en el trono a la muerte de su esposo, la sorprendente petición de uno de sus hijos para compartir con él el trono de Egipto. El último ejemplo de faraona
mencionado es el de
Tauser que también reinó por poco tiempo al final de Hatshepsut era hija de Tutmosis I, un general que había ocupado el trono tras la muerte de Amenofis I (muerto sin descendencia) y que había recibido la legitimidad al casarse con Ahmose, una hermana del difunto rey. Al morir Tutmosis I también sin heredero masculino sube al trono un hijo de una esposa secundaria, Tutmosis II, quien para lograr la legitimidad del trono se casa con su hermanastra Hatshepsut. El reinado de Tutmosis II fue corto y con escasa relevancia, el faraón carecía voluntad y dotes de gobernante. A su muerte la historia se repite ya que la única descendencia de la pareja es una hija, Neferure, y el que sube al trono es un niño de 4 ó 5 años de edad, hijo de una concubina, con el nombre de Tutmosis III. Hatshepsut ejerce como regente dada la minoría de edad del príncipe y no parece que fuera considerada faraón desde el comienzo de su gobierno. En la fiesta de la coronación celebrada en el segundo año de su reinado siempre acompañada por el joven Tutmosis la reina se muestra como la elegida por su padre desde mucho tiempo atrás para ser la heredera del trono. La personalidad de Hatshepsut y su buen gobierno afirman su autoridad y a partir del séptimo año se hace ya representar como faraón con el faldellín masculino y la doble corona del Alto y Bajo Egipto. Su reinado que duró 21 años y 9 meses fue pacífico y próspero. Estuvo siempre apoyada por su hombre de confianza, Senenmut, que entró al servicio de palacio como segundo Profeta de Amón y que fue adquiriendo cargos de la mayor importancia, entre ellos el de maestro de las obras de la reina. Senenmut fue un gran arquitecto que construyó para su reina, por la que profesaba una devoción sin límites el espléndido templo funerario de Deir-el-Bahari el Djeser-Djeseru (sublime entre los sublimes). Es muy posible que ente estos dos personajes Hatshepsut y Senenmut existiese una profunda relación amorosa que no pudo exteriorizarse por la condición de faraón masculino que había adoptado la reina. Su política exterior estuvo regida por una actitud defensiva y pacífica, tan sólo se realizó una campaña contra Nubia al comienzo de su reinado. Se realizó un acercamiento hacia los países extranjeros con los que se deseaba comerciar: en esta época aparecen en Tebas los keftiu, es decir los cretenses que introducen en Egipto sus cerámicas prehelénicas con decoración de pulpos (como la que aparece en la tumba de Senenmut), y se organiza en el año ocho de su reinado una expedición a Punt de donde se traen incienso, resinas aromáticas, oro, electro, pieles, etc. e incluso árboles aromáticos para su plantación en el templo de Deir-el-Bahari, estableciéndose una relación comercial y amistosa con este país que perduraría en las generaciones posteriores. En el interior del país realiza un amplio programa de embellecimiento y engrandecimiento de los monumentos del país reconstruyendo lo que había sido destruido por la guerra de liberación de los hicsos. En el 16º año de su reinado realizó un gran jubileo real haciéndolo coincidir con la fiesta Opet de comienzo de año (comienzo de la inundación), fiesta en la que apareció acompañada de Tutmosis III, como en todos los demás actos públicos que realizó. A partir de este momento la autoridad de Tutmosis III va en aumento y en el año 20 realiza una expedición al Sinaí tanto en el nombre de la reina como en el suyo propio, sería el comienzo de una exitosa carrera militar de este faraón con el que el Imperio Egipcio alcanzó la máxima extensión de su historia. A partir del año 21 ya no aparece en ninguna representación la reina Hatshepsut. Su momia no ha sido encontrada en ninguna de las dos tumbas reales que se escavaron para ella. Después de su muerte se intentó hacer desaparecer todas las referencias a la reina, su nombre fue martilleado en las inscripciones de Deir-el-Bahari, los grandes obeliscos que levantó en el interior del templo de Karnak fueron tapiados hasta una altura de veinte metros; sin embargo esta destrucción no fue llevada a cabo por su sucesor Tutmosis III, con el que según todos los indicios no tuvo desavenencias importantes, sino en la época ramésida en la que también se destruyó todo lo referente a la revolución monoteísta de Akhenatón. Probablemente esta destrucción fue llevada a cabo por Ramsés II para congraciarse con el clero de Tebas. Ya desde el Imperio Antiguo el papel
de
4 El estatuto general de la mujer La igualdad, al menos jurídica, de los dos sexos está comprobada en los documentos existentes del Imperio Antiguo e Imperio Nuevo. Durante el reinado de las últimas dinastías originarias del país se produjo incluso un desequilibrio a favor de la mujer, hasta el punto que los escritores griegos Sófocles y Eúripides, en muchas de sus obras describieron a los egipcios diciendo de ellos que “permanecían sentados en un rincón de su hogar mientras la mujer se encargaba de todos los asuntos de la casa”. Ptolomeo Filopator publicó sus Prostagna para corregir esta situación y volver al concepto de igualdad. Desde el momento que la mujer alcanzaba la mayoría de edad o se casaba gozaba de plena libertad. Como veremos no conocía la tutela o el sometimiento al marido tal como por ejemplo sucedería posteriormente en el mundo romano. Su situación también era mucho mejor que la de las mujeres mesopotámicas de la misma época. Las mujeres egipcias podían poseer bienes, realizar adquisiciones, realizar contratos o comprometerse por escrito con entera libertad sin ser necesaria la autorización del marido o del hijo primogénito. En materia de herencias podía disponer libremente de sus bienes en el momento de realizar testamento, a su vez podía heredar de su esposo igual que sus hijos y en las herencias recibidas por los hijos no se observa diferencia entre ambos sexos. Un ejemplo de esta libertad para testar por parte de la mujer lo tenemos en el caso de una mujer de condición modesta, Naunakhte, casada con un obrero de la necrópolis de Tebas, que decide desheredar a tres de sus hijos y beneficiar a una de sus hijas en función del trato que ha recibido de ellos: “He criado a estos ocho [hijos], vuestros servidores, proporcionándoles todo el equipo [para fundar un hogar], formado por todas las cosas que se constituyen para aquellos que se encuentran en su situación. Pero mirad, me he vuelto vieja y mirad, ¡ellos no se ocupan de mí a cambio! En cuanto a todos los que han puesto sus manos sobre las mías, les daré mis bienes, pero en cuanto al que no me ha dado nada, no le daré mis bienes” (sigue la lista de testigos). Este comportamiento de ingratitud por parte de los hijos debía ser poco frecuente ya que se profesaba un gran respeto por los padres, y a su vez la atención de los hijos era fundamental, no sólo en la vejez sino también por la vida de ultratumba que requería de una atención de los familiares en las ofrendas y cultos funerarios. La libertad jurídica de que
disfrutaba la mujer naturalmente
tenía como contrapartida la responsabilidad plena en caso de
comisión de
delitos y su persecución sin intermedio de ninguna tutela. Se
tiene constancia
de castigos de palizas como condena por el delito de difamación
sufridos en
igual medida por hombres y mujeres. También hay constancia que
en la clase
media el castigo sufrido por la mujer es más suave. Durante el
reinado de Seti
I se intenta atajar el robo de ganado en el templo de Abidos amenazando
con
añadir al castigo habitual (ablación de los
cartílagos de orejas y nariz) con
someter a la servidumbre a mujer e hijos; esta práctica era
usual en
Mesopotamia y tal vez se practicase en Egipto para las clases
más bajas.
4.1 La mujer en la servidumbre La condición de siervo o esclavo existía también en Egipto pero sin llegar a los excesos de las sociedades griega o romana. En la mayoría de las ocasiones la condición de siervo era aplicada a los extranjeros que eran capturados como prisioneros de guerra y que eran llevados a Egipto solos o acompañados de su familia. Para los egipcios que no resultaban beneficiados por el faraón con la entrega de estos siervos de guerra debían recurrir a los mercaderes sirios para adquirir a un precio elevado una empleada doméstica procedente del Oriente Próximo. Disponer de siervos era por lo tanto un lujo sólo reservado a las clases más pudientes. También algunos egipcios llegaban a este estado de servidumbre por deudas o por delitos comunes. El trato recibido por los siervos era en
general bueno. En
el caso de las mujeres nunca se les separaba de sus hijos y estaba
prohibido
hacerlas trabajar en los días de mucho calor. El precio de una
sierva era casi
el doble del de un esclavo, por ejemplo por una joven esclava siria se
pedía 4 deben
( Los siervos de ambos sexos cohabitaban pero su unión no se consideraba matrimonio. Cuando un siervo o una sierva contraía matrimonio con una persona libre el esclavo o esclava era liberado previamente y también alcanzaban la libertad los hijos que tuviese. Con ocasión del matrimonio los amos proporcionaban una dote a la sierva. Bajo la protección de su amo los
esclavos podían adquirir
propiedades que eran respetadas por sus amos. La dignidad y capacidad
de juicio
de los esclavos les eran reconocidas, se tiene constancia de casos en
los que
las siervas eran llamadas para declarar como testigos, incluso en
contra de sus
amos. 4.2 Profesiones liberales de la mujer Determinadas profesiones liberales
estaban también
abiertas a las mujeres aunque su ejercicio por éstas no era muy
frecuente.
Desde niñas, a los cuatro años, podían ser
admitidas para estudiar la profesión
de escriba que más tarde podía abrirles las puertas para
trabajar en
Las mujeres podían también recibir las enseñanzas de medicina y cirugía. En el Imperio Antiguo una dama llamada Peseshet tenía el título de directora de doctoras. Podemos suponer por lo tanto que existía una profesión que ejercía la medicina para las mujeres y los niños y que atendía sobre todo a las damas de la familia real. La mujer egipcia también podía ser una “mujer de negocios” como Nonofer, una mujer terrateniente de la época del Imperio Nuevo y que tenía a su disposición agentes sirios para dar salida a sus productos. Las mujeres ocupaban también cargos importantes en la organización de los banquetes y fiestas de palacio, pero también existían compañías de bailarinas y músicas que ofrecían sus servicios de forma itinerante para amenizar celebraciones matrimoniales o religiosas. En cuanto a los oficios que no requerían de instrucción escolar, el arte de hilar, tejer, fabricar vestidos o aceites perfumados o ungüentos era femenino. Los trabajos de lavandería, fabricación de conservas de pescados o caza eran sin embargo de hombres. El trabajo agrícola era ocupación de los hombres, las mujeres tan sólo llevaban cada día la comida a los hombres pero no se observa ninguna representación en la que aparezca una mujer ordeñando una vaca por ejemplo. Hay un sector concreto abierto a las actividades de las mujeres que habían recibido instrucción y es el del clero. En la época más antigua es donde aparecen más frecuentemente el título de sacerdotisa. Realizaban el culto al igual que los hombre y recibían la misma remuneración así como también el título de sacerdotisa del dios Hemet-netjer. El clero subalterno o auxiliar era casi exclusivamente femenino: las que velaban, las cantantes, las tocadoras de sistro. El título de Esposa del Dios estaba reservado a las reinas y el cargo de Superiora del harén del Dios recaía en las damas nobles. Como cantantes de Amón podían ser nombradas damas de la clase media o media alta pero también podían ingresar como novicias jóvenes de origen muy modesto. Las cantantes de Amón disfrutaban de ingresos del templo y de una excepcional independencia, se conoce el caso de una mujer perteneciente a esta corporación que tomó la iniciativa de divorciarse de su marido, a petición de su amante. Durante el Imperio Nuevo se redujo bastante la participación de las mujeres en las actividades de los templos, sin embargo posteriormente el poder del clero de Amón se extendió tanto que se volvió a recurrir a las mujeres llegando éstas a suplantar casi por completo a los sacerdotes durante la época saíta. Existía un cierto grado de libertad a la hora de buscar pareja pero siempre se sometía al consentimiento del padre. A la joven que contraía matrimonio se le exigía ser virgen y fidelidad a su esposo. El matrimonio no dependía de ninguna ley, era un acuerdo personal entre los interesados, bastando la formula “te he hecho mi mujer”, “me has hecho tu mujer”. Previamente a la celebración el futuro esposo se había entendido con el padre de la novia. Después era la cohabitación la que legitimaba de hecho la unión, siendo la mujer la que normalmente abandonaba la casa de su padre para entrar en la de su marido. No era obligatorio firmar ningún contrato aunque este existía, principalmente como garantía en caso de divorcio, sin embargo no se establecía en un principio sino después de pasar algunos años de vida en común. Los haberes se dividían en tres partes: Lo que aportaba la propia mujer, aquello a lo que tenía derecho a recibir y finalmente una parte de los bienes comunes. Conocemos la existencia de tres tipos de contrato. El primero es uno en el que parece que es el marido el que aporta un mayor número de bienes; en él se indica : “Te he tomado por mujer: te he dado ... (lista de bienes aportados al matrimonio). Si te repudio como mujer, ya sea porque te odie, ya porque quiera a alguna otra mujer que no seas tú, te daré ... (lista de donaciones), y también te daré un tercio de lo que hayamos comprado entre nosotros a partir del día de hoy. Los hijos que me has dado (lo que significa que el contrato se firma después de haber convivido) y los que me darás son herederos de todo lo que puedo o pudiera adquirir. Tu hijo primogénito es mi hijo primogénito”. En un segundo tipo de contrato es la mujer la que aportaba los bienes (situación desaconsejada por la sabiduría popular) y en él el marido declara: “Me
has
dado....(valor de la dote) como dinero para convertirte en mi
esposa. Lo
he recibido de tu mano y mi corazón está satisfecho. No
tengo, ni hoy ni nunca
ninguna reclamación que hacerte en cuanto a esto concierne. [En
cuanto a mí] te
proporcionaré (sigue la cantidad en grano y de plata)
para tu
manutención cada año”. A continuación el esposo delante de los testigos y el escriba empeña todos sus bienes para asegurar los pagos. El tercer tipo de contrato que conocemos es aún más favorable para la mujer; en él declara: “Me has dado (mención de la dote) como pensión alimenticia. Por mi parte te devuelvo (una cantidad en grano y plata) como precio de tu alimentación y vestido. Para ti serán un tercio de todos mis bienes presentes y futuros, en nombre de los niños que has traído al mundo y que traerás al mundo para mí. Tienes derecho al pago de la pensión, que estará a mi cargo. No podré decirte: ¡Toma tu dote! Sin embargo, si quisieras cogerla (es decir disolver la unión), te la daré. Todo lo que poseo o poseeré garantiza esta promesa”. Por lo tanto el marido debía ocuparse de las necesidades de la mujer, incluso en caso de divorcio. A cambio el esposo también recibía la ayuda de su mujer y de la familia de ésta si caía enfermo o se encontraba en apuros económicos. El divorcio no necesitaba de ninguna formalidad o documento: era efectivo con la sola repudiación de uno de los cónyuges, no obstante podía ser enviado por el esposo un “documento-de-divorcio” por el que renunciaba a su derecho de unión conyugal y daba libertad a la mujer para casarse de nuevo. Si no existía este documento la sabiduría popular aconsejaba desconfiar: “No te cases con una mujer cuyo marido todavía vive por miedo a que se convierta en tu enemigo [...] Sería peligroso y podría exponerte a acusación de adulterio”. Si una mujer ricamente casada era repudiada sin culpa propia podía recuperar “el-regalo-para-la-mujer”, el “dinero-para-convertirse-en-esposa”, sus bienes personales, el “capital de alimentación” y incluso una parte de los bienes personales del marido. Todo ello disuadía de un intento caprichoso de separación. No obstante era el sentido de “ No espíes a tu mujer en
su casa si sabes que es
virtuosa. No le digas: “Tal cosa ¿dónde está?
¡Tráemela!” cuando está en su
lugar. Que tu ojo observe mientras guardas silencio. Aprecia su valor.
Cuando
tu mano esté unida a la suya es una alegría. Hay muchos
que ignoran [como] un
hombre hace que desaparezca el motivo de las peleas en su casa y
tampoco sabe
encontrar al autor. “ .... “Mientras eres joven, consigue
una mujer y funda
una casa. Preocúpate de todo lo que engendres, a lo que vas a
alimentar como
una criatura de tu madre. Que ella no tenga que censurarte, ni alzar
los brazos
hacia el dios, ni éste escuchar su queja”. ... “Si eres sabio, guarda tu casa,
ama a tu mujer
sin mezclas, aliméntala adecuadamente, vístela bien.
Acaríciala y satisface sus
deseos. No seas brutal, obtendrás más de ella con
miramientos que con
violencia. Si la rechazas, tu matrimonio se va a pique. Ábrele
tus brazos,
llámala; dale muestras de tu amor” El adulterio era un delito tanto
social como
religioso. Cuando el difunto pide permiso delante del tribunal divino
para
pasar a la orilla de El matrimonio se celebraba entre individuos libres, de modo que si alguno de los cónyuges era siervo debía ser manumitido primero. En cuanto a la pregunta de si existía poligamia en Egipto, aparte naturalmente del faraón quien poseía todo un harén con numerosas esposas secundarias y concubinas, en general se puede contestar que no. Algunos autores consideran que tras el periodo de anarquía correspondiente al primer Periodo Intermedio que siguió al Imperio Antiguo, los derechos de la mujer se redujeron bastante y se alteró la monogamia practicada anteriormente, sin embargo no hay pruebas concluyentes en este sentido ya que aunque se conoce algún caso no se debe generalizar. El matrimonio incestuoso entre hermanos no se practicaba fuera de la familia real, las expresiones “hermano o hermana” son apelativos cariñosos que se dirigen los amantes y en modo alguno relación familiar. Una vez casada la mujer seguía siendo citada por su nombre al igual que el hombre, es decir parida de tal mujer y engendrada de tal hombre, y a partir del Imperio Medio irá precedido de la expresión nebet per (señora de la casa), el título que toda jovencita deseaba adquirir. La mujer legítima, la que ostentaba
el título de Señora de “Te informo que he regresado a la
ciudad (Tebas).
Últimamente te había dicho que ya no te haría
explotar la tierra. Pero hete
aquí que mi esposa, mi señora de la casa, me dijo: “No le
retires la tierra a
N..., alquílasela de nuevo y haz que siga cultivándola.”
Cuando mi carta te
llegue, hazte cargo de nuevo del campo y no lo descuides ...” A diferencia de los griegos para un egipcio medio su hogar era lo más importante de su vida, su alegría de vivir. Si se veía obligado a ausentarse de su hogar y el viaje se prolongaba la tristeza le embargaba. Para que un matrimonio fuese feliz, según las Enseñanzas de Aní era necesario que viviese en su propia vivienda y no en la de sus padres. “construye tu casa, verás que eso aleja el odio y el desorden. No digas: “hay una casa en posesión del padre de mi padre que puede servir de morada diaria.” La expresión “fundar una casa” gereg per “equivalía a formar matrimonio. La casa se construía con ladrillos de barro sin cocer y constaba fundamentalmente de tres partes: el acceso, la sala de recepción y la zona privada. Durante el Imperio Nuevo las casas modestas de un poblado se construían pared con pared, a ambos lados de una calle que conducía a una plaza. La tercera habitación era la cocina que a menudo se completaba con un sótano cuya entrada quedaba oculta por la piedra del hogar. Disponía también de terraza donde se almacenaba el grano, utensilios e incluso animales a los que se cebaba para la próxima fiesta. Entre las dependencias privadas de una casa de una familia bien acomodada eran indispensables las habitaciones para el aseo, especialmente importantes para la mujer egipcia que cuidaba mucho su belleza. En la habitación para la ducha se disponía de dos pequeños bancos de mampostería que permitía a dos servidores situarse a ambos lados de la tinaja para echar agua a la persona que se duchaba ya que en Egipto no se usaba bañera. Muy cerca se encontraba la sala de “unciones” donde los señores de la casa recibían los masajes y aceites olorosos. Era el lugar también donde se maquillaba la señora y preparaba esos magníficos peinados – a menudo sustituidos por pelucas- y que eran tan del agrado de los hombres. En el cuento de “los dos hermanos”, similar al relato bíblico de “José y Putifar”, la mujer que falsamente dice haber sido seducida por el hermano de su marido relata: “..me encontró sentada
completamente sola, entonces me
dijo: ven, pasemos una hora juntos, acostémonos. ¡Ponte tu
peluca!” Los cofrecillos y frascos de perfume eran de maderas preciosas provenientes de Nubia, de marfil, de cristales traslúcidos y sobre todo de alabastro. Tenían graciosas formas de granada, racimo de uvas, capullo de loto o papiro, o animales: patos de las marismas, íbix con las patas atadas o pequeños cercopitecos que con sus manos sujetaban el pequeño cubilete para el antimonio y otras veces representaba a una nadadora que empujaba delante de ella a un pato cuyo cuerpo, con las alas articuladas, servía de recipiente. Los espejos eran de cobre pulimentado y con mangos que representaban a la diosa Hathor, patrona de las mujeres, o con forma de tallo y umbela de papiro. Los aseos estaban provistos de un asiento y canalización de tierra cocida para llevar las aguas residuales. Los anejos de una rica casa de campo los constituían todo lo necesario para autoabastecerse: silos para el grano, cobertizos, almacenes, bodega, panadería, fábrica de “cerveza que emborracha”, talleres de carpintería, hilado, tejido, etc. Se disponía de una viña y el vino se reservaba a los invitados de las fiestas. El vino dulce, “cocido”, era muy apreciado por las damas y también una bebida denominada seremet obtenida a partir de dátiles. En el jardín de la hacienda se disponía de un estanque que a veces era casi un pequeño lago, adornado con lotos y peces, y en donde gustaban retirarse los esposos cuando llegaba la primavera. La casa urbana también estaba rodeada de un pequeño jardín. Al carecer de espacio tenía que crecer en altura. En el semisótano se situaba el taller de hilado y tejido; el primer nivel estaba reservado al señor de la casa, el segundo piso a la señora y en la terraza se sitúan las cocinas. En la parte posterior podía situarse una columnata que daba acceso a un pequeño estanque rodeado de sicomoros. La cocina se encontraba en la parte trasera
de la casa y si
se trataba de una gran villa en un edificio adyacente. Se cocinaba a
fuego
abierto por lo que el techo no era de material sólido. Una de
las tareas
principales de la mujer de la casa era la elaboración del pan.
Sin embargo de
la lavandería se ocupaban los hombres. La alimentación
principal era a base de
pan y cerveza. También se consumían legumbres (lentejas,
garbanzos, habas y
guisantes), algunas verduras (berros, cebollas, ajos, lechugas y
calabazas) y
carnes o pescados, las variedades más baratas para la mayor
parte de la
población sobre todo a base de aves (palomas, ocas o patos) y
cabra o cerdo; el
ganado mayor sólo se podía criar en las casa de los altos
funcionarios que eran
las únicas que disponían de establos y su precio era
elevado. El consumo de
vino estaba reservado para los altos funcionarios y preferentemente en
los
banquetes sociales. Como se ha mencionado anteriormente el tipo ideal de mujer egipcia representado y al que tendían las mujeres de la alta sociedad, esforzándose por conseguirlo, era el de ser esbeltas, con pecho pequeño y piernas largas. Así que trataban de no engordar. Para las mujeres de clase alta su tez era muy blanca y naturalmente más morena entre las mujeres del pueblo pero siempre menos que los hombres ya que no participaban en el grueso de las tareas campesinas salvo aventar el grano (testimonios del Imperio Antiguo), recoger las espigas en cestas (testimonios del Imperio Medio) o tareas secundarias. Ya se ha dicho que el peinado o peluca era el elemento primordial de embellecimiento, para lo que se hacían grandes creaciones. En la forma del vestido, generalmente de lino plisado, prevalecía la sencillez y elegancia quedando excluidos los excesos y adornos recargados. Durante los Imperios antiguo y Medio este vestido, que se ajustaba resaltando las formas del cuerpo, se sujetaba con dos anchos tirantes y mostrando en ocasiones un escote en forma de V que en el caso de las sirvientas o de las plañideras funerarias dejaba al descubierto los pechos. En el caso de las damas nobles la cinta de la cabeza podía ser de oro con decoraciones florales y también utilizaban anchos collares en forma de gorguera. A partir de los hiksos y con el mayor contacto posterior con Oriente Próximo se introdujo un mayor lujo en la moda pero sin llegar a los excesos sirios. Los pendientes se introdujeron en esta época. El maquillaje en principio verde y luego negro resaltaban más si cabe los ardientes ojos. Las egipcias generalmente no se excedían en el uso de los perfumes, excepto en las fiestas en las que los ungüentos se derramaban con profusión. Situaban sobre su peluca conos de grasa con perfumes embriagadores destinados a derretirse lentamente e ir impregnando el vestido. Como calzado utilizaban sandalias sujetas
con cortas correas
de cuero. Como es natural la descendencia era muy importante en el matrimonio y la fertilidad era una preocupación tanto de las mujeres como de los hombres. La infertilidad podía ser causa de repudio. Los médicos egipcios eran célebres por sus conocimientos ginecológicos; el rey hitita Hattushilish escribió a Ramsés II para pedirle remedios para hacer fértil a su hermana. En los papiros de consulta resulta curioso el método utilizado para saber si una mujer estaba embarazada y en caso afirmativo conocer el sexo del futuro hijo: “Otra [prueba] para ver [si] una mujer
dará a luz a un
hijo o [si] no dará a luz a un hijo. Trigo y cebada, la mujer
debe humedecerlos
con su orina cada día, igual que dátiles y que arena en
dos bolsas. Si todas
germinan dará a luz a un hijo. Si la cebada germina, significa
un varón. Si el
trigo germina significa una hembra. Si no crecen no dará a luz a
un hijo” El aborto deliberado sólo se
menciona en contadas ocasiones y debía estar reprobado
socialmente. Los egipcios no gustaban de ser demasiado explícitos a la hora de representar temas relativos al sexo y utilizaban un lenguaje simbólico. Como excepción a esta regla disponemos del papiro erótico de Turín donde sí se representan escenas eróticas o pornográficas. El papiro que es de la época ramésida pudo ser encargado por algún personaje para diversión propia, a modo de teveo, y las mujeres representadas pudieran ser las que ejercían la prostitución en las denominadas “casa de la cerveza” que estaban situadas en la orilla izquierda del Nilo en Tebas. En estas tabernas se bebía vino y cerveza y los mercaderes sirios alquilaban los servicios de sus bellas esclavas de Amorru o Babilonia. La expresión khenemet designa a una de estas “mujeres babilónicas” que ejercían la prostitución, eran músicas o cantantes y llevaban tatuajes en muslos y pelvis. Es curioso que mientras para los egipcios los términos prostitución y mujer babilónica estaban asociados, para los sirios o fenicios ocurría a la inversa como se relata en el cuento “El viaje de Unamón” donde el protagonista es agasajado en Biblos con vino, comida y los servicios de una cantante egipcia. Nuevamente hay que acudir a las representaciones que se encuentran en las tumbas para conocer también este aspecto de la vida de los egipcios. No representaba ninguna falta de recato mostrar la desnudez: frecuentemente se representan hombres desnudos o niños desnudos junto a sus padres, aunque esta libertad para representar la desnudez está relacionada con el estatus social de la persona, es decir se representan desnudos a los trabajadores pero no a los jefes que supervisan su trabajo, se puede representar a una sirvienta con los senos al descubierto pero no a una señora de elevada posición social, y por supuesto a los prisioneros de guerra para mostrar su humillación y desamparo. En cualquier caso la mujer suele aparecer representada en las pinturas funerarias con ropas ligeras o transparentes y muy seductora, sobre todo a partir del Imperio Nuevo quizás debido al gusto oriental por la sensualidad que introdujeron los hiksos, sin embargo se ha comprobado a través de las ropas encontradas por los arqueólogos que realmente iban mucho más vestidas que lo que aparece en estas representaciones. Esto indica que el interés de estas representaciones es mostrar a las mujeres sexualmente atractivas y dado que son representaciones funerarias la intención es simbólica y mágica. Para los egipcios sexualidad en la mujer y la fertilidad estaban muy relacionadas. El esposo difunto siempre se representan junto a su esposa para que revitalice su potencia sexual en la otra vida y al mismo tiempo para renacer en el Más Allá, es como si su esposa le diese a luz. Las excepciones a esta regla pueden ser debidas a que el hombre hubiese estado al servicio de una mujer de rango real. En cambio la mujer difunta puede aparecer representada sola ya que ellas también se convertían en Osiris, de la misma manera que los hombres, y por lo tanto ellas mismas se bastaban para representar los dos papeles, masculino y femenino, necesarios para el renacimiento tras la muerte. La importancia de la actividad sexual, o
más bien
procreadora, del difunto es tal que no sólo se ayudaba con el
apoyo mágico de
los textos funerarios que le acompañaban sino también con
unas figuritas de
mujeres desnudas que formaban parte del ajuar funerario. Dado que
también
aparecen estas figuritas en tumbas femeninas parece que la
función mágica de
ellas era activar la capacidad reproductora del difunto en el
Más Allá, fuese
hombre o mujer. Esta misma función deberían tener las
plañideras que
acompañaban al difunto durante el funeral posterior a la
momificación. Tal como
se representan estas plañideras aparecen con el pecho
descubierto y echándose
el pelo suelto sobre la cara. El pelo sobre la cara representa la
oscuridad de
la muerte, pero también su forma ondulante evoca al agua, a las
aguas
primordiales con su capacidad regeneradora que podía activar la
sexualidad del
difunto.
Otra escena
frecuente
es la sirvientas casi desnudas que atienden a los invitados de un
banquete o
les escancian vino en sus copas cuyo significado además de
erótico es
nuevamente el de invocar la capacidad reproductora ya que el verbo
escanciar
vino (sty) suena igual que eyacular.
En escenas de la
capilla funeraria del faraón Tutankhamon se ve al faraón
vertiendo el contenido
de un pequeño frasco sobre las manos de su esposa. En otra
escena de la misma
capilla ésta le presenta un fruto redondeado que seguramente es
una mandrágora
que también es un símbolo sensual. También tienen
connotaciones eróticas o
relación con la sexualidad femenina la representación de
animales como el mono
verde o el gato: el primero aparece
frecuentemente en las formas de los vasos para cosméticos y en cuanto al segundo la
representación de
un gato bajo la silla de una mujer indicaba que no se encontraban en el
periodo
menstrual y por lo tanto estaban aptas
para el sexo y la reproducción. En resumen que todas estas
representaciones que
en un primer momento podrían parecer simplemente descripciones
de la vida
cotidiana tienen unas claras referencias a la sexualidad y
reproducción.
Pero volviendo al mundo de los vivos, parece que el sexo no estaba socialmente mal considerado y las mujeres tenían un grado bastante grande de libertad para disponer de su propio cuerpo. Está probado que se practicaba el sexo pre- y extramatrimonialmente, aunque sí estaba mal vista la maternidad fuera del matrimonio y por supuesto la infidelidad conyugal. No existía, al menos con la misma fuerza que en una sociedad medieval occidental, el tabú en torno a la virginidad; en el cuento o relato en el que el faraón Esnofru pide que le traigan un grupo de jóvenes mujeres para su solaz en el lago de palacio, indica que éstas no hayan conocido la maternidad (buscando la perfección de su cuerpo) pero no que sean vírgenes. Por los poemas eróticos sabemos que los amantes preferían no demostrar abiertamente sus sentimientos, escondiendo sus relaciones por los jardines, mientras que en el cuento de “Verdad y Mentira” se describen las burlas que podía sufrir un hijo de padre desconocido: ...Fue enviado [el hijo sin padre
conocido] a la escuela
y aprendió a escribir muy bien. Practicó todas las artes
de la guerra, y
aventajó a sus compañeros de más edad que estaban
en la escuela con él.
Entonces, sus compañeros le dijeron: “¿Eres el hijo de
quién?¡No tienes padre!”
Le ultrajaban y se burlaban de él: “¡Eh, tú no
tienes padre! Mientras duraban las relaciones no reproductoras entre las parejas no casadas éstas se encomendaban probablemente al dios Seth, la divinidad del sexo no reproductor por su homosexualidad y su relación con los abortos. Como ejemplo de la sexualidad
extramatrimonial tenemos el
caso de Paneb, un jefe de equipo de los trabajadores de Deir-el-Medina
durante
los reinados de Seti II y Siptah de Memorándum relativo a lo siguiente: su hijo corrió delante de él hacia el lugar de los porteros y pronunció su juramento por el señor, vida, salud fuerza, en estos términos: “No quiero soportarlo (más)” y dijo “Paneb ha fornicado con la ciudadana Tuy, mientras que era la mujer del hombre del equipo Quenna; ha fornicado con la ciudadana Hel, mientras que estaba con Pendua, ha fornicado con la ciudadana Hel mientras que estaba con Hessunebef, sí dijo su hijo. Y cuando fornicó con Hel, él fornicaba con Ubekhet, su hija, mientras que Aapethy, su hijo, fornicaba también con Ubekhet” Como
vemos Paneb
mantuvo relaciones por lo menos con tres mujeres del poblado. Con una
de ellas
mantuvo una relación peculiar ya que siguió incluso
después de que ésta se
divorciase de su primer marido y se casase con otro. Además en
el caso de la
última mantuvo relaciones simultáneamente con madre e
hija, siendo esta última
la novia de su hijo, motivo por el que seguramente su propio hijo le
denunció.
Al parecer Paneb no sufrió ningún castigo importante por
esta denuncia hasta
que posteriormente comete una violación y al ser denunciado
sí debe recibir un
castigo definitivo porque su nombre desaparece de las fuentes y
posteriormente
se indica que ha muerto. De
todas maneras y
exceptuando este relato, que por otra parte surge en un momento de
debilidad
del poder real y seguramente disminución de la moralidad
pública, puede decirse
que los egipcios respetaban la fidelidad y estabilidad familiar como su
más
preciado tesoro y en cuanto al sexo, si bien no mostraban un excesivo
pudor,
preferían hablar de él con medias palabras o sentido
simbólico y siempre muy
relacionado con la reproducción. 5 Conclusión Tal como hemos podido comprobar la mujer
egipcia de la época
faraónica estaba investida de unas prerrogativas sociales
iguales, aunque no
idénticas, a las del hombre. Esta igualdad no surgía de
códigos legales
formalmente escritos ya que los egipcios nunca los tuvieron, sino del
sentido
de La mujer no renegaba de su condición, para ella ser esposa, madre y señora de la casa constituía su mayor ideal. Y para esta responsabilidad se preparaba con esmero; si su estatus social lo permitía recibía una formación completa al igual que los hombres. Hasta donde se sabe, por los testimonios
recibidos, la mujer
no estaba impedida para ocupar los más altos cargos sociales:
podía ocupar puestos
de funcionaria en Hombre y mujer contraían matrimonio en pie de igualdad y sin requisitos legales o religiosos. Existía el divorcio y la mujer estaba protegida frente a él. Disponía de independencia con respecto al varón para emprender acciones legales o disponer testamento, derechos que la mujer occidental ha adquirido tan sólo recientemente. Del pairo Chester Beatty I extraemos este poema de amor: Gran
Alegría del
Corazón La única, la bien amada, La sin igual, La
más bella del
mundo, Mírala,
igual que
la estrella brillante del Nuevo Año En
el umbral de un
buen año. Aquella
cuya
gracia brilla, cuya piel resplandece con un tierno reflejo. Ella
posee unos
ojos de mirada límpida Y
labios de dulce
hablar. Nunca
una palabra
superflua sale de su boca. Ella,
cuyo cuello
es largo y el pecho luminoso, Está
dotada de una
cabellera del color del lapislázuli pulido. Sus
brazos
sobrepasan el brillo del oro, Sus
dedos se
asemejan a cálices de loto, Aquella
cuyos
riñones son alargados y sus caderas delgadas Aquella
cuyas
piernas defienden la belleza, Aquella
cuyos
andares están llenos de nobleza Cuando
posa los
pies sobre la tierra. ¡Con
su beso
conquista mi corazón! Ella
hace que el
cuello de todos los hombres Se
gire para
mirarla, Y
cada uno [de
ellos] quien saluda es feliz; Se
siente entonces
el más importante de los jóvenes. ¡Cuando
sale de su
residencia, Uno
cree estar
viendo a Aquella-que-es-única! ---------
o--------- Una buena colección de las
fotos las pueden ver en:
http://encuentros3cantos.ning.com/photo/album/show?id=2058791:Album:285
http://encuentros3cantos.ning.com/photo/album/show?id=2058791%3AAlbum%3A285&page=2
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