LA MUJER EN EL EGIPTO FARAÓNICO
José Aceituno - Mayo 2006


  

Hoy



1  Introducción

Las mujeres egipcias durante la época faraónica mantuvieron un estatus social y unos derechos superiores a los que tuvieron las mujeres de otras sociedades contemporáneas como la mesopotámica, y superiores también a los de civilizaciones posteriores como la romana o la griega. En Egipto no existía una ley como la romana que daba al padre y luego al marido el derecho de decidir sobre la vida de hijas o esposas. Tampoco unas costumbres sociales como las de los griegos que obligaban a la esposa a mantenerse apartada de la vida social.

No se puede decir tampoco que la sociedad faraónica fuese matriarcal, en absoluto. El hombre tenía un estatus superior, pero las mujeres podían ser propietarias, heredar, divorciarse por iniciativa propia o iniciar pleitos legales, derechos que aún no habían sido alcanzados por muchas mujeres europeas ya bien entrado el siglo XX.

Aún cuando en general los roles sociales estaban en general separados según el sexo muchas mujeres pudieron ocupar cargos en la administración y dentro de la familia real pudieron, en algún caso, ocuparse del gobierno como regentes y e incluso llegar a ser faraones. En cualquier caso su función social como madres era muy importante y respetada por toda la sociedad.

Y no podía ser de otra manera ya que para un pueblo tan religioso como el egipcio el espíritu de la diosa Maat, diosa de la justicia, debía ser su guía de comportamiento. La maat significaba lo que está bien, lo justo, lo que debe ser para que el orden cósmico no sea alterado. La maat alcanzaba a todos, por eso tanto varones como hembras gozaban de los mismos derechos, al menos teóricamente. Incluso los actos del faraón debían estar impregnados de esta maat ya que él era responsable de este orden cósmico y por lo tanto que las crecidas del Nilo llegasen con la puntualidad acostumbrada para que el flujo de la vida no se interrumpiese.

No existieron en Egipto códigos legales escritos, tal vez no fuese necesario por éste mismo espíritu de justicia que había que respetar y del que todo egipcio había de rendir cuentas ante el tribunal de Osiris en el que se pesaba por Anubis el alma del difunto sirviendo de contrapeso la maat, aunque sí enseñanzas morales escritas, como las de Imutes el sabio y arquitecto constructor de la primera pirámide en tiempos del faraón Dyoser en Saqqara (textos no conservados), o las de Ptahhotep, visir del faraón Isesi de la V dinastía, cuyo libro de “Máximas” dedicado a su hijo  es el libro histórico más antiguo que se conserva completo y del que se hicieron innumerables copias de las cuales la más antigua conocida data del Imperio Medio (papiro Prisse), o las “Enseñanzas” del escriba Ani, al servicio de la reina Ahmes-Nefertari (comienzos del Imperio Medio). Estos textos y otros semejantes son las obras clásicas de la literatura egipcia y fueron copiados una y otra vez por los escribas en las Casas de la Vida y se quedaron grabados en la mente de los antiguos egipcios como norma de conducta cívica y moral.

A continuación analizaremos el papel de la mujer en diferentes aspectos de la religión y sociedad egipcias.


 
2   La feminidad en el mundo divino

Este concepto de equilibrio entre lo masculino y femenino se muestra también en las concepciones religiosas de los egipcios y en sus ideas sobre la cosmogonía. Cada región o ciudad importante del país tenía su propia versión cosmogónica,  aunque todas coinciden en la existencia de un caos primordial de todas las aguas, el Nun, que contenía todos los elementos de la creación y del que surgirán los dioses.

En la versión de la ciudad de Hermópolis el demiurgo está formado por parejas creadoras de la luz, compuestas por cuatro elementos masculinos y cuatro femeninos sin los que nada podía ser creado; estas parejas eran los dos componentes complementarios del agua inicial: Nun (masculino) y Nunet (femenino), los de la infinidad espacial: Hebu (masculino) y Hebet (femenino), los de las tinieblas: Kek (u) (masculino) y Keket (femenino) y finalmente las entidades ocultas Amón y Amonet. Este conjunto de elementos complementarios hizo aparecer la luz mediante su sola voluntad, en el loto que se encontraba sobre la colina emergida del “Gran Estanque” de Hermópolis.

La versión más extendida era la de la ciudad de Heliópolis, según la cual el dios solar Atum, el padre de todos los dioses, surgió sobre una colina que emergió de las aguas del Num. Allí se masturbó y de su semen nacieron su hijo Shu (la humedad) y su hija Tefnut (el aire). Éstos a su vez se unieron y engendraron a Geb (la tierra) y Nut (el cielo). Los nietos de Atum hicieron lo propio entre ellos y engendraron a cuatro hijos agrupados en dos parejas Isis y Osiris y Seth y Neftis.  Según el mito los celos de Seth le llevaron al asesinato y descuartizamiento de su hermano Osiris. Su esposa Isis después de una larga peregrinación consigue encontrar el cuerpo de su amado y mediante la momificación y magia consigue revivirlo lo suficiente para engendrar un hijo, Horus. La perseverancia de su madre Isis en la defensa de los derechos de su hijo al trono hace que este finalmente lo consiga después de numerosas peripecias y de una infancia llena de peligros acosado siempre por su tío Seth. Para los romanos Isis fue la diosa egipcia por excelencia, su culto se extendió por todo el Mediterráneo, y en esa época  se erigieron templos oficiales en su honor dentro del territorio egipcio, cosa que hasta ese momento no había sucedido. Isis no solo representa la maternidad biológica sino la maternidad como hecho social.

Los primeros cristianos adoptaron gran parte del culto a Isis asimilándola a la Virgen María. Su función maternal, proteccionista y las imágenes de la Virgen María y el Niño están inspiradas en el culto a esta diosa.
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Figura 1: varias representaciones de Isis. Izquierda - con el signo de la vida anj , con cetro papiriforme y corona en forma de trono. Centro - con el disco solar entre los cuernos (en conexión con Hathor) y amamantando a Horus, es una representación a partir de Imperio Nuevo. Derecha - ídem en presencia de Hathor y Thot

 Entre los elogios que aparecen en los himnos dedicados a la diosa se encuentran algunos como estos:
Diosa de múltiples juegos,
Honor del sexo femenino.”
...
Enemiga del odio...”
...
Eres la señora de la tierra..
Has hecho que el poder de las mujeres sea igual al de los hombres

En general puede decirse que desde el comienzo de la historia egipcia que cada vez que una ciudad crea una teología con un demiurgo local éste no tarda en verse acompañado por una diosa paredro. Incluso en la cosmogonía heliopolitana en la acción masturbatoria que crea a la pareja Shu y Tefnut el elemento femenino, indispensable para conseguir el perfecto equilibrio que necesitaban los egipcios, está representado en la mano. La mano de Atum como agente femenino se convierte en un elemento autónomo hasta tal punto que llega a ser independiente del cuerpo y durante el primer periodo intermedio se representa en algunos sarcófagos a la pareja divina Atum y su mano.  

Otros conceptos divinos también tomaron forma de mujer:

- La diosa Maat de la que ya hemos hablado anteriormente. Simboliza el orden cósmico, la justicia, la verdad y la estabilidad en el mundo y en el cosmos.

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Su representación muestra a una mujer de pie o sentada sobre sus talones con una gran pluma de avestruz sobre la cabeza y portando en una mano el cetro y en la otra el anj. Y a partir del reinado de Akhenatón, aparece como una mujer  alada.

 - La diosa Seshat "Señora de los libros", diosa de la escritura y la historia; medidora del tiempo; fundadora de templos y protectora de sus bibliotecas. Asociada a los arquitectos, era llamada "Señora de los constructores" y aconsejaba al monarca en la fundación de los templos. En la II Dinastía se la ve con el faraón midiendo las dimensiones de un nuevo templo. Fue una diosa de la realeza; para garantizar la inmortalidad del rey, grabó su nombre en las hojas del Árbol de la Vida, que crece cerca de donde ella habita. Como contable del tiempo, escribe los años del reinado del faraón en las hojas de una persea; también anotaba el número de cautivos o cualquier botín tomado durante las campañas del rey. Compañera de Thot, el dios lunar, iba ataviada con una piel de leopardo y un emblema en la cabeza consistente en una estrella de cinco o siete puntas rematada por un arco o un creciente (o dos cuernos vueltos hacia abajo) y dos plumas. En las manos lleva una caña de escribir y una paleta de escriba.

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Seshat y Horus. Relieve del templo de Kom Ombo

 Es considerada una forma de Isis y también de Neftis, como reconstructoras del cuerpo de Osiris. Fue adorada en Hermópolis Magna. Era además  señora del calendario  y de la astronomía y al igual que su compañero Thot poseía grandes poderes mágicos como "Señora de la casa de los Rollos".

 - Mut es una de las diosas más destacadas de la mitología egipcia y su origen procede de la ciudad de Tebas. Su nombre significa La Madre y se representa en jeroglífico con el símbolo del buitre.

Mut

Esta diosa, se manifiesta así mediante un buitre, aunque también puede verse como una leona o una gata. Se suele representar como una mujer o con cuerpo de mujer y cabeza de leona. Como diosa madre, aparece llevando sobre su cabeza la corona del Alto y del Bajo Egipto o un tocado formado por un buitre y el ureo. Viste un ajustado traje de color azul o rojo, y en sus manos porta el cetro de papiro y el anj o símbolo de la vida. Mut es la esposa del dios Amón y madre de Khonsu, formando tríada en Tebas.

- La diosa Neith también llamada Tehenut, "la libia". Su culto se remonta al periodo predinástico. Su función más antigua parece haber sido la de diosa guerrera y de la caza, aunque fue también diosa de la sabiduría. En el Período predinástico tenía forma de escarabajo y posteriormente sus atributos fueron el arco y dos flechas cruzadas sobre el escudo, que constituyen su emblema. También llevaba una lechuza en la mano derecha y una lanza en la izquierda. De ahí que Herodoto la asimilara a Atenea.

Neith también llamada Tehenut, "la libia"

- Hathor, hija del dios del Sol, Ra, fue una divinidad muy popular entre el pueblo egipcio. El nombre de esta diosa significa La Casa de Horus”, por ser la madre y esposa de este dios. Su nombre en jeroglífico se representa como un halcón dentro de un cuadrado representando la casa.
Hathor Hathor

Hathor es una diosa muy importante dentro de la mitología egipcia. Abarca diferentes aspectos: es la diosa del cielo, el amor, la alegría, la música y la danza. Diosa protectora de la maternidad y de los niños. Fue venerada en el magnífico templo de Dendera.

Esta diosa se ve representada principalmente como una mujer con orejas o cabeza de vaca, cuernos liriformes y disco solar. También puede representarse con cabeza y cuerpo de vaca. Aunque puede manifestarse con otras apariencias.

En su aspecto de vaca celeste era la antigua madre de los dioses, habiéndolo parido y amamantado al igual que Isis. Era la esposa de Horus y como diosa del amor provocaba la atracción entre hombre y mujer para asegurar la continuidad de la vida. Por esta razón los griegos la identificaron con Afrodita.

En algunas ocasiones se identifica con otras diosas como Sekhmet bajo el aspecto de leona vengativa que defiende al faraón,  con Bastet, la gata protectora del hogar y por último Uadjet, la forma renovada de Isis, la bella jovencita resplandeciente de juventud.

También puede identificarse con muchas otras diosas.

Sus objetos sagrados son dos instrumentos de percusión que solían usarse juntos y simbolizan la vida:

  • El menat, un collar de cuentas de varias vueltas dotado de contrapeso que servía de mango.
  • El sistro, de agradable sonido para los dioses, cuyo mango solía tener la imagen de la diosa. Sonaba agitándolo de modo parecido a las actuales maracas. Por eso, era diosa de la música y de la danza. Y los sacerdotes y sacerdotisas, dirigidos por un superior, debían estar entrenados para tocar rítmicamente y en el momento adecuado.
  • Estos instrumentos sólo se empleaban en fiestas sagradas, es decir, eran solamente de uso ritual.

sistro


3   La mujer en la realeza

La reina ocupaba un papel primordial en la concepción del mundo que tenían los egipcios. De la misma forma que tanto el elemento masculino como el femenino estaba presente en el mundo divino, el equilibrio debía estar también presente en la cúspide de la pirámide social egipcia; la reina era el complemento del faraón.  En ese papel de complementariedad existían dos títulos de enorme prestigio, el de gran esposa del rey (hemet nesw weret), su mujer principal y la destinada a ser la madre del heredero, y el de madre del rey (mwt neswt). Además existía todo un harén de esposas secundarias (hemet neswt) entre las que se encontraban numerosas princesas extranjeras sobre todo a partir del Imperio y Medio y Nuevo en que Egipto se convierte en la potencia hegemónica del Próximo Oriente y los reyes de Mitanni (Naharina), Hatti, o Babilonia envían a sus hijas para desposarse con el faraón y reforzar una alianza o un tratado de paz.

A pesar de la importancia de su papel no se puede decir que la reina estuviese a la misma altura que el faraón, de hecho cuando las figuras de ambos aparecen juntas a ella se la representa con una altura inferior indicando subordinación o un papel secundario, aunque existen bastantes excepciones a esta regla como por ejemplo en el caso de las esposas de los faraones Tutmosis IV (Mutemuia) y Amenhotep III (Tiyi) de la dinastía XVIII cuyas esculturas acompañando a su esposo tenían la misma altura: en particular la reina Tiyi esposa de Amenhotep III acompañaba al rey en todos sus actos de gobierno y tenía un papel predominante en la corte. Esta gran mujer, que no era de sangre real, actuó como consejera principal del soberano y según muchos autores la inductora de las ideas monoteístas de su hijo Akenatón. En ausencia del faraón o minoría de edad la madre del rey o su esposa podía ocupar el puesto de regente e incluso hubo varios casos en que la mujer se convirtió en faraón, en Horus femenino. Durante el Imperio Antiguo también la esposa real ocupaba un lugar destacado y para demostrarlo no hay más que ver el excelente grupo escultórico que representa a tamaño natural al faraón Micerino y su esposa Kamerernebti , juntos y exactamente del mismo tamaño como indicando la igualdad entre ambos personajes cada uno en un papel concreto y diferente.

La mujer transmitía la legitimidad para ocupar el trono. El heredero al trono debía ser hijo de la Gran Esposa Real y en caso de no ser así, de ser hijo de una esposa secundaría, debía casarse con una hermanastra que fuese hija de la verdadera pareja real, como fue el caso de Tutmosis II que tuvo que casarse con Hatshepsut primogenitita de Tutmosis I. Sin embargo para algunos autores no debe hablarse de matrilinealidad ya que hubo reinas que no eran de sangre real, pero en cualquier caso la descendencia directa de la Gran Esposa Real daba una legitimidad indiscutible, era la reencarnación del mito de Isis y Horus. De hecho se consideraba que era el mismo Dios el que ocupaba el lugar del faraón en el momento de concebir al nuevo hijo lo que le daba a éste dotes divinas. Este rito de hierogamia está representado en el templo de la reina Hatshepsut en el que se narra el gozoso encuentro entre el dios Amón y la futura madre de Hatshepsut y cómo la reina madre embarazada es acompañada hacia el paritorio por un dios y una diosa encargados de velar por el buen desarrollo del nacimiento. Escenas semejantes se representaron en el templo de Luxor para el caso de la madre de Amenhotep III, Mutemuia, y en el Rameseo para el caso de la madre de Ramsés II, Tuy.

Cabe hablar aquí de las prácticas de incesto real entre hermanos o entre padre e hijas. No era una práctica habitual pero indudablemente existió, a pesar de que en el lenguaje egipcio no se distingue hermana de amante o esposa. El matrimonio entre hermanos suponía llevar hasta un extremo la preservación de la legitimidad de la sangre real y tenía como antecedente religioso los matrimonios entre las parejas sagradas Shu y Tefnut, Geb y Nut o entre Isis y Osiris. Está comprobado que en la IV Dinastía el faraón Djedefre se casó con su hermana Heteferes; Ahmosis el faraón que expulsó a los Hiksos  declara en su estela de Abydos que tanto la madre de su madre como la de su padre fue una misma persona, Teti-sheri. En la época Ptolomeica esta practica se realizó con las siete Cleopatras. Del matrimonio ritual, aunque a veces también se consumaba, entre padre e hija también existen algunos ejemplos. En el Imperio Medio Amenemes III se casó con su hija, la princesa Neferuptah. En el Imperio Nuevo tenemos ejemplos mas frecuentes: Amenhotep III, a pesar de estar tan unido a su brillante esposa Tiyi también se casó con su hija Sat-amón a quién nombró Segunda Esposa Real y con otras hijas, Amenhotep IV se casó con tres de sus hijas, matrimonios que consumó ya que una de ellas murió de parto y la última le dio una heredera. Casos semejantes ocurrieron con Ramsés II y Ramsés III. En cualquier caso no se conoce más de una docena de casos en los tres mil años de historia.

Pero hablemos de las mujeres de la realeza que ocuparon puestos de mando o tuvieron una notable influencia en el gobierno del país. La reina madre ejercía una gran influencia en el heredero sobre todo durante su juventud y en caso de quedar huérfano ejercía como regente; es el caso de la reina Meryre-Ankhemes, viuda de Pepi I de la Vi Dinastía. En justa correspondencia éstas eran respetadas y veneradas por sus hijos recibiendo unos honores funerarios muy destacados. Una mujer muy notable fue la gran Ahhotep madre de Ahmosis el primer faraón de la Dinastía XVIII, el libertador de Egipto que expulsó a los Hiksos. Esta soberana, sin duda de notable fortaleza, quedó viuda del faraón Sekenenre Tao II, muerto en el campo de batalla, y posteriormente perdió a su hijo Kamose también muerto en la guerra de liberación, tuvo que hacerse cargo de la regencia del país ya que su segundo hijo Ahmosis era menor de edad. Posteriormente se tuvo que ocupar de nuevo del gobierno al menos hasta el año 15 del reinado de Ahmosis mientras este se ocupaba de la guerra de liberación. Sin duda tuvo que afrontar situaciones muy difíciles y las supo resolver muy bien si damos crédito a los elogios que su hijo le dedica:

Alabad a la señora del país, a la soberana de las riberas de las regiones lejanas.

Cuyo nombre se alza sobre todos los países montañosos,

Que toma las decisiones preocupándose por el pueblo,

Esposa de rey, hermana de un soberano, ¡vida, salud, fuerza!

Hija de rey, venerable madre de rey,

Que está al corriente de los asuntos, que unió Egipto.

Reunió a los notables, de quien aseguró la cohesión;

Reunió a los fugitivos, reagrupó a los disidentes;

Pacificó el Alto Egipto, rechazó a los rebeldes;

La esposa del rey, Ahhotep, que vive”

En el comienzo de esta dinastía XVIII hubo mas mujeres notables como fueron la abuela de Ahmosis, Teti-sheri madre de Ahhotep y la esposa de él Ahmes-Nefertari también hija de Ahhotep; podemos decir que constituyeron una dinastía de mujeres muy implicadas con el gobierno de Egipto.  Con esta tradición de mujeres de tan fuerte personalidad no es de extrañar que la reina Hatshepsut se convirtiese en faraón. Era hija de Tutmosis I, un general que había ocupado el trono tras la muerte de Amenofis I (muerto sin descendencia) y que había recibido la legitimidad al casar con una hija de Ahmes-Nefertari.

Otra “esposa de rey” de fuerte personalidad que es preciso destacar fue Tiyi esposa de Amenhotep III. Era hija de dos personas no pertenecientes a la realeza, aunque bien situada en la esfera del poder, y su madre, Tuya, según algunos autores probablemente estaba emparentada con la reina Ahmes-Nefertari. Esta mujer, de gran sensibilidad e inteligencia, ejerció una enorme influencia sobre su esposo de quien era su consejero, pero además participaba activamente en la toma de decisiones. De hecho se la representa en la fiesta sed del faraón y en las audiencias reales. En otras estatuas aparece junto a su marido en pie de igualdad, al menos en estatura y dimensiones. Su esposo le dedicó un templo en Nubia, hoy destruido. Influyó seguramente en su hijo Amenofis IV/Akhenatón para realizar la reforma religiosa que llevó a éste al monoteísmo y tuvo también un papel destacado durante los primeros años del reinado de Akhenatón como lo demuestra que fuese nombrada expresamente por el rey de Mitanni, Tushratta, en su correspondencia con el faraón. Cuando Akhenaton ocupa el trono es a Tiyi a quien se dirige Tushratta para pedir que se mantuviesen las buenas relaciones entre ambos países a pesar que Tiyi no tenía por qué ejercer de tutora ya que el heredero incluso había ejercido la corregencia conjuntamente con su padre durante los últimos años.

Akhenatón comiendo carne junto a su esposa Nefertiti
Figura 2. El faraón Akhenatón comiendo carne junto a su esposa Nefertiti mientras Tiyi, su madre, les observa.

Con la revolución amarniense, el hijo de Tiyi puso un énfasis especial en las representaciones familiares llenas de ternura, incluso a ambos esposos besándose mientras recorren la ciudad sobre un carro. Indudablemente tanto su esposa Nefertiti como sus hijas gozaron de gran importancia en la corte.

Akhenatón y Nefertiti sobre un carro mientras se besan
Figura 3. Akhenatón y Nefertiti sobre un carro mientras se besan

 
También la madre de Ramsés II (Dinastía XIX), a la que en vida llamaban Mut-Tuy y de manera familiar Muty, fue una gran reina madre y ocupó una posición de especial relevancia durante los primeros año del reinado de éste, aunque no llegó a desempeñar puestos de responsabilidad. Su nombre también aparece en la correspondencia oficial entre el rey hitita Hattushilish III y Ramsés II, y a su vez también intercambia correspondencia con la esposa del rey hitita congratulándose por el tratado de paz que acuerdan ambos países.

Pero indudablemente el ejemplo mas destacado de mujer notable es Hatshepsut que ocupó el trono de Egipto. Aún hoy día sigue siendo un personaje histórico controvertido, para unos egiptólogos una usurpadora del trono en el que por tradición no podía situarse una mujer, para otros un ejemplo de gran reina que ocupó el trono por derecho propio. Lo cierto es que no es un caso único ya otras mujeres como Nitocris, Neferu Sobek, tal vez Nefertiti y Tausert también ocuparon el trono en momentos de debilidad de dinastías que estaban a punto de desaparecer y cuando la anarquía amenazada al país.

El historiador Manetón a quien debemos la información sobre la lista de reyes y dinastías, afirmaba hace dos mil años que los faraones de la II Dinastía habían confirmado los plenos derechos de la mujer a ocupar el trono. Este mismo historiador, que no menciona a ninguna otra faraona, indica que Nitocris reinó durante doce años al final de la dinastía VI, tras el faraón Merenre II. Dice de ella ”Hubo una mujer Nitocris, que reinó; era más valiente que todos los hombres de su tiempo, y era la más bella de todas las mujeres; tenía el físico de una rubia de mejillas sonrosadas. Se dice que construyó la tercera pirámide”. Tal vez fuese cierto que participara en los trabajos de la pirámide inacabada de Micerino y en cuanto a su cabellera rubia está comprobado arqueológicamente que según la moda de la época a las princesas les gustaba engalanarse con peluca rubia.

La segunda faraona de Egipto también aparece en un momento de debilidad dinástica, al final de la XII Dinastía durante el Imperio Medio. Se trata de Neferu Sobek, hija de Amenemes III y hermana de Amenemes IV. Parece que reinó durante un periodo corto, tal vez tres años, entre un reinado y otro. Tenemos no obstante una prueba de su condición por una estatua fragmentada que se conserva en el Louvre en la que aparece con un vestido femenino sobre el que lleva el faldellín masculino con la delantera almidonada de los faraones y en su cuello lleva la doble “bolita” de los reyes del Imperio Medio.

En el caso de Nefertiti esposa real de Akhenaton, para algunos historiadores actuaría como corregente en vida de su esposo y asumiría el trono a la muerte de él tomando el nombre de Esmenkhare considerado hasta ahora como un hermano del rey que ocupó el trono durante dos o tres años. No hay pruebas para esta argumentación pero lo que sí se sabe por el archivo de Amarna es que el rey hitita Shuppiluliuma, el gran rival de Egipto en ese momento histórico, recibió de una viuda real (¿Nefertiti?, ¿Merit-Atón?, ¿Anhksenamón?), destinada a sentarse en el trono a la muerte de su esposo, la sorprendente petición de uno de sus hijos para compartir con él el trono de Egipto.

El último ejemplo de faraona mencionado es el de Tauser que también reinó por poco tiempo al final de la Dinastía XIX. Esposa de Seti II actuó como regente durante los seis años que vivió su hijo Siptah, en un periodo convulso con disputas por el trono. A la muerte de éste parece que actuó como faraona durante dos años.  Lo cierto es que se construyó una tumba real en el Valle de los Reyes.

Hatshepsut era hija de Tutmosis I, un general que había ocupado el trono tras la muerte de Amenofis I (muerto sin descendencia) y que había recibido la legitimidad al casarse con Ahmose, una hermana del difunto rey. Al morir Tutmosis I también sin heredero masculino sube al trono un hijo de una esposa secundaria, Tutmosis II, quien para lograr la legitimidad del trono se casa con su hermanastra Hatshepsut. El reinado de Tutmosis II fue corto y con escasa relevancia, el faraón carecía voluntad y dotes de gobernante. A su muerte la historia se repite ya que la única descendencia de la pareja es una hija, Neferure, y el que sube al trono es un niño de 4 ó 5 años de edad, hijo de una concubina, con el nombre de Tutmosis III. Hatshepsut ejerce como regente dada la minoría de edad del príncipe y no parece que fuera considerada faraón desde el comienzo de su gobierno. En la fiesta de la coronación celebrada en el segundo año de su reinado siempre acompañada por el joven Tutmosis la reina se muestra como la elegida por su padre desde mucho tiempo atrás para ser la heredera del trono. La personalidad de Hatshepsut y su buen gobierno afirman su autoridad y a partir del séptimo año se hace ya representar como faraón con el faldellín masculino y la doble corona del Alto y Bajo Egipto. Su reinado que duró 21 años y 9 meses fue pacífico y próspero. Estuvo siempre apoyada por su hombre de confianza, Senenmut, que entró al servicio de palacio como segundo Profeta de Amón y que fue adquiriendo cargos de la mayor importancia, entre ellos el de maestro de las obras de la reina. Senenmut fue un gran arquitecto que construyó para su reina, por la que profesaba una devoción sin límites el espléndido templo funerario de Deir-el-Bahari el Djeser-Djeseru (sublime entre los sublimes). Es muy posible que ente estos dos personajes Hatshepsut y Senenmut existiese una profunda relación amorosa que no pudo exteriorizarse por la condición de faraón masculino que había adoptado la reina. Su política exterior estuvo regida por una actitud defensiva y pacífica, tan sólo se realizó una campaña contra Nubia al comienzo de su reinado. Se realizó un acercamiento hacia los países extranjeros con los que se deseaba comerciar: en esta época aparecen en Tebas los keftiu, es decir los cretenses que introducen en Egipto sus cerámicas prehelénicas con decoración de pulpos (como la que aparece en la tumba de Senenmut), y se organiza en el año ocho de su reinado una expedición a Punt de donde se traen incienso, resinas aromáticas, oro, electro, pieles, etc. e incluso árboles aromáticos para su plantación en el templo de Deir-el-Bahari, estableciéndose una relación comercial y amistosa con este país que perduraría en las generaciones posteriores. En el interior del país realiza un amplio programa de embellecimiento y engrandecimiento de los monumentos del país reconstruyendo lo que había sido destruido por la guerra de liberación de los hicsos. En el 16º año de su reinado realizó un gran jubileo real haciéndolo coincidir con la fiesta Opet de comienzo de año (comienzo de la inundación), fiesta en la que apareció acompañada de Tutmosis III, como en todos los demás actos públicos que realizó. A partir de este momento la autoridad de Tutmosis III va en aumento y en el año 20 realiza una expedición al Sinaí tanto en el nombre de la reina como en el suyo propio, sería el comienzo de una exitosa carrera militar de este faraón con el que el Imperio Egipcio alcanzó la máxima extensión de su historia. A partir del año 21 ya no aparece en ninguna representación la reina Hatshepsut. Su momia no ha sido encontrada en ninguna de las dos tumbas reales que se escavaron para ella. Después de su muerte se intentó hacer desaparecer todas las referencias a la reina, su nombre fue martilleado en las inscripciones de Deir-el-Bahari, los grandes obeliscos que levantó en el interior del templo de Karnak fueron tapiados hasta una altura de veinte metros; sin embargo esta destrucción no fue llevada a cabo por su sucesor Tutmosis III, con el que según todos los indicios no tuvo desavenencias importantes, sino en la época ramésida en la que también se destruyó todo lo referente a la revolución monoteísta de Akhenatón. Probablemente esta destrucción fue llevada a cabo por Ramsés II para congraciarse con el clero de Tebas.

Ya desde el Imperio Antiguo el papel de la Esposa Real no se limitaba a secundar al faraón en los actos de culto oficial. Durante la dinastía XVIII del Imperio Nuevo fue muy frecuente investir a la reina del título de Esposa del Dios (Hemet Netjer) participando activamente en el culto a Amón. Este título podia también estar acompañado de otro complementario, La Mano de Dios (Djeret Netjer), cuyo significado es la necesidad de un elemento femenino en la actividad creadora del demiurgo. La primera reina revestida de esta dignidad fue Ahmes-Nefertari a quién los trabajadores de Deir-el-Bahari la veneraban como diosa y la consideraban su patrona.


4   El estatuto general de la mujer

La igualdad, al menos jurídica, de los dos sexos está comprobada en los documentos existentes del Imperio Antiguo e Imperio Nuevo. Durante el reinado de las últimas dinastías originarias del país se produjo incluso un desequilibrio a favor de la mujer, hasta el punto que los escritores griegos Sófocles y Eúripides, en muchas de sus obras describieron a los egipcios diciendo de ellos que “permanecían sentados en un rincón de su hogar mientras la mujer se encargaba de todos los asuntos de la casa”. Ptolomeo Filopator publicó sus Prostagna para corregir esta situación y volver al concepto de igualdad.

Desde el momento que la mujer alcanzaba la mayoría de edad o se casaba gozaba de plena libertad. Como veremos no conocía la tutela o el sometimiento al marido tal como por ejemplo sucedería posteriormente en el mundo romano. Su situación también era mucho mejor que la de las mujeres mesopotámicas de la misma época. Las mujeres egipcias podían poseer bienes, realizar adquisiciones, realizar contratos o comprometerse por escrito con entera libertad sin ser necesaria la autorización del marido o del hijo primogénito. En materia de herencias podía disponer libremente de sus bienes en el momento de realizar testamento, a su vez podía heredar de su esposo igual que sus hijos y en las herencias recibidas por los hijos no se observa diferencia entre ambos sexos. Un ejemplo de esta libertad para testar por parte de la mujer lo tenemos en el caso de una mujer de condición modesta, Naunakhte, casada con un obrero de la necrópolis de Tebas, que decide desheredar a tres de sus hijos y beneficiar a una de sus hijas en función del trato que ha recibido de ellos:

He criado a estos ocho [hijos], vuestros servidores, proporcionándoles todo el equipo [para fundar un hogar], formado por todas las cosas que se constituyen para aquellos que se encuentran en su situación. Pero mirad, me he vuelto vieja y mirad, ¡ellos no se ocupan de mí a cambio! En cuanto a todos los que han puesto sus manos sobre las mías, les daré mis bienes, pero en cuanto al que no me ha dado nada, no le daré mis bienes” (sigue la lista de testigos).

Este comportamiento de ingratitud por parte de los hijos debía ser poco frecuente ya que se profesaba un gran respeto por los padres, y a su vez la atención de los hijos era fundamental, no sólo en la vejez sino también por la vida de ultratumba que requería de una atención de los familiares en las ofrendas y cultos funerarios.

La libertad jurídica de que disfrutaba la mujer naturalmente tenía como contrapartida la responsabilidad plena en caso de comisión de delitos y su persecución sin intermedio de ninguna tutela. Se tiene constancia de castigos de palizas como condena por el delito de difamación sufridos en igual medida por hombres y mujeres. También hay constancia que en la clase media el castigo sufrido por la mujer es más suave. Durante el reinado de Seti I se intenta atajar el robo de ganado en el templo de Abidos amenazando con añadir al castigo habitual (ablación de los cartílagos de orejas y nariz) con someter a la servidumbre a mujer e hijos; esta práctica era usual en Mesopotamia y tal vez se practicase en Egipto para las clases más bajas.


4.1   La mujer en la servidumbre

La condición de siervo o esclavo existía también en Egipto pero sin llegar a los excesos de las sociedades griega o romana. En la mayoría de las ocasiones la condición de siervo era aplicada a los extranjeros que eran capturados como prisioneros de guerra y que eran llevados a Egipto solos o acompañados de su familia. Para los egipcios que no resultaban beneficiados por el faraón con la entrega de estos siervos de guerra debían recurrir a los mercaderes sirios para adquirir a un precio elevado una empleada doméstica procedente del Oriente Próximo. Disponer de siervos era por lo tanto un lujo sólo reservado a las clases más pudientes. También algunos egipcios llegaban a este estado de servidumbre por deudas o por delitos comunes.

El trato recibido por los siervos era en general bueno. En el caso de las mujeres nunca se les separaba de sus hijos y estaba prohibido hacerlas trabajar en los días de mucho calor. El precio de una sierva era casi el doble del de un esclavo, por ejemplo por una joven esclava siria se pedía 4 deben (91 gramos) y un kite (9,1 gramos) de plata, equivalente a 6 platos de bronce, 15 vestidos de lino, una vela, una manta, un bote de miel y 10 deben de cobre, mientras que por un esclavo se pagaban 2 o 2,5 deben de plata.

Los siervos de ambos sexos cohabitaban pero su unión no se consideraba matrimonio. Cuando un siervo o una sierva contraía matrimonio con una persona libre el esclavo o esclava era liberado previamente y también alcanzaban la libertad los hijos que tuviese. Con ocasión del matrimonio los amos proporcionaban una dote a la sierva.

Bajo la protección de su amo los esclavos podían adquirir propiedades que eran respetadas por sus amos. La dignidad y capacidad de juicio de los esclavos les eran reconocidas, se tiene constancia de casos en los que las siervas eran llamadas para declarar como testigos, incluso en contra de sus amos.

4.2     Profesiones liberales de la mujer

Determinadas profesiones liberales estaban también abiertas a las mujeres aunque su ejercicio por éstas no era muy frecuente. Desde niñas, a los cuatro años, podían ser admitidas para estudiar la profesión de escriba que más tarde podía abrirles las puertas para trabajar en la Administración como funcionarias. Una vez alcanzado el primer grado de conocimiento de la escribanía aprendían nociones de aritmética y geometría. Naturalmente las primeras beneficiarias de esta educación eran las hijas de los nobles que habían podido ir a la escuela con los hijos de los reyes. Durante el Imperio Antiguo encontramos la imagen de una mujer, la princesa Idut, en su capilla de Sakkara, paseándose en barca habiendo llevado con ella todo su material de escriba y acompañada por su preceptora. De todas maneras el oficio de escriba no estaba restringido a las clases más favorecidas; una de las máximas del sabio Ptahhotep nos habla de esta promoción social abierta a todos:

 
Si eres humilde y formas parte del séquito de un hombre muy bien considerado, olvida que ese hombre también fue de origen humilde en tiempos. No seas arrogante con él por lo que sabes de su pasado. Respétale, visto su destino. Los bienes y consideración no vienen por sí solos, es dios quien nos los concede”


Las mujeres que habían realizado estudios de escriba podían entrar en la administración. Tenemos el ejemplo de una dama noble, Nebet, suegra del faraón Pepi I (VI dinastía), que ocupó el cargo de juez y visir. Este caso tal vez sea una excepción pero no en otros casos en los que existía un título femenino para el cargo: Controladora de los Almacenes Reales, Inspectora de comedor, Inspectora del Tesoro, Supervisora de los Vestidos, Mayordomo de las Estancias Reales, Intendente de las Plañideras, etc. Los empleados que realizaban un mismo trabajo obtenían la misma remuneración independientemente de su edad o sexo. Durante el Imperio Medio estos cargos disminuyeron y durante el Imperio Nuevo la Administración estuvo completamente copada por los hombres.

Las mujeres podían también recibir las enseñanzas de medicina y cirugía. En el Imperio Antiguo una dama llamada Peseshet tenía el título de directora de doctoras. Podemos suponer por lo tanto que existía una profesión que ejercía la medicina para las mujeres y los niños y que atendía sobre todo a las damas de la familia real.

La mujer egipcia también podía ser una “mujer de negocios” como Nonofer, una mujer terrateniente de la época del Imperio Nuevo y que tenía a su disposición agentes sirios para dar salida a sus productos.

Las mujeres ocupaban también cargos importantes en la organización de los banquetes y fiestas de palacio,  pero también existían compañías de bailarinas y músicas que ofrecían sus servicios de forma itinerante para amenizar celebraciones matrimoniales o religiosas.

En cuanto a los oficios que no requerían de instrucción escolar, el arte de hilar, tejer, fabricar vestidos o aceites perfumados o ungüentos era femenino. Los trabajos de lavandería, fabricación de conservas de pescados o caza eran sin embargo de hombres. El trabajo agrícola era ocupación de los hombres, las mujeres tan sólo llevaban cada día la comida a los hombres pero no se observa ninguna representación en la que aparezca una mujer ordeñando una vaca por ejemplo.

Hay un sector concreto abierto a las actividades de las mujeres que habían recibido instrucción y es el del clero. En la época más antigua es donde aparecen más frecuentemente el título de sacerdotisa. Realizaban el culto al igual que los hombre y recibían la misma remuneración así como también el título de sacerdotisa del dios Hemet-netjer. El clero subalterno o auxiliar era casi exclusivamente femenino: las que velaban, las cantantes, las tocadoras de sistro. El título de Esposa del Dios estaba reservado a las reinas y el cargo de Superiora del harén del Dios recaía en las damas nobles. Como cantantes de Amón podían ser nombradas damas de la clase media o media alta pero también podían ingresar como novicias jóvenes de origen muy modesto. Las cantantes de Amón disfrutaban de ingresos del templo y de una excepcional independencia, se conoce el caso de una mujer perteneciente a esta corporación que tomó la iniciativa de divorciarse de su marido, a petición de su amante. Durante el Imperio Nuevo se redujo bastante la participación de las mujeres en las actividades de los templos, sin embargo posteriormente el poder del clero de Amón se extendió tanto que se volvió a recurrir a las mujeres llegando éstas a suplantar casi por completo a los sacerdotes durante la época saíta.

 
4.3     El matrimonio

Existía un cierto grado de libertad a la hora de buscar pareja pero siempre se sometía al consentimiento del padre. A la joven que contraía matrimonio se le exigía ser virgen y fidelidad a su esposo. El matrimonio no dependía de ninguna ley, era un acuerdo personal entre los interesados, bastando la formula “te he hecho mi mujer”, “me has hecho tu mujer”. Previamente a la celebración el futuro esposo se había entendido con el padre de la novia. Después era la cohabitación la que legitimaba de hecho la unión, siendo la mujer la que normalmente abandonaba la casa de su padre para entrar en la de su marido.

No era obligatorio firmar ningún contrato aunque este existía, principalmente como garantía en caso de divorcio, sin embargo no se establecía en un principio sino después de pasar algunos años de vida en común. Los haberes se dividían en tres partes: Lo que aportaba la propia mujer, aquello a lo que tenía derecho a recibir y finalmente una parte de los bienes comunes. Conocemos la existencia de tres tipos de contrato. El primero es uno en el que parece que es el marido el que aporta un mayor número de bienes; en él se  indica :

Te he tomado por mujer: te he dado ... (lista de bienes aportados al matrimonio). Si te repudio como mujer, ya sea porque te odie, ya porque quiera a alguna otra mujer que no seas tú, te daré ... (lista de donaciones), y también te daré un tercio de lo que hayamos comprado entre nosotros a partir del día de hoy. Los hijos que me has dado (lo que significa que el contrato se firma después de haber convivido) y los que me darás son herederos de todo lo que puedo o pudiera adquirir. Tu hijo primogénito es mi hijo primogénito”.

 En un segundo tipo de contrato es la mujer la que aportaba los bienes (situación desaconsejada por la sabiduría popular) y en él el marido declara:

 Me has dado....(valor de la dote) como dinero para convertirte en mi esposa. Lo he recibido de tu mano y mi corazón está satisfecho. No tengo, ni hoy ni nunca ninguna reclamación que hacerte en cuanto a esto concierne. [En cuanto a mí] te proporcionaré (sigue la cantidad en grano y de plata) para tu manutención cada año”.

 A continuación el esposo delante de los testigos y el escriba empeña todos sus bienes para asegurar los pagos.

El tercer tipo de contrato que conocemos es aún más favorable para la mujer; en él declara:

 Me has dado (mención de la dote) como pensión alimenticia. Por mi parte te devuelvo (una cantidad en grano y plata) como precio de tu alimentación y vestido. Para ti serán un tercio de todos mis bienes presentes y futuros, en nombre de los niños que has traído al mundo y que traerás al mundo para mí. Tienes derecho al pago de la pensión, que estará a mi cargo. No podré decirte: ¡Toma tu dote! Sin embargo, si quisieras cogerla (es decir disolver la unión), te la daré. Todo lo que poseo o poseeré garantiza esta promesa”.

 Por lo tanto el marido debía ocuparse de las necesidades de la mujer, incluso en caso de divorcio. A cambio el esposo también recibía la ayuda de su mujer y de la familia de ésta si caía enfermo o se encontraba en apuros económicos.

El divorcio no necesitaba de ninguna formalidad o documento: era efectivo con la sola repudiación de uno de los cónyuges, no obstante podía ser enviado por el esposo un “documento-de-divorcio” por el que renunciaba a su derecho de unión conyugal y daba libertad a la mujer para casarse de nuevo. Si no existía este documento la sabiduría popular aconsejaba desconfiar: “No te cases con una mujer cuyo marido todavía vive por miedo a que se convierta en tu enemigo [...] Sería peligroso y podría exponerte a acusación de adulterio”. Si una mujer ricamente casada era repudiada sin culpa propia podía recuperar “el-regalo-para-la-mujer”, el “dinero-para-convertirse-en-esposa”, sus bienes personales, el “capital de alimentación” y incluso una parte de los bienes personales del marido. Todo ello disuadía de un intento caprichoso de separación.

No obstante era el sentido de la Maat y las enseñanzas morales de los sabios los que debían regir en la convivencia familiar, sin necesidad de códigos legales explícitos: Así en el libro “Enseñanzas de Ani”, escrito por un escriba al servicio de la reina Ahmes-Nefertari (comienzos del Imperio Medio), y que recupera la antigua sabiduría del sabio Ptahhotep, indicaba:

 

“ No espíes a tu mujer en su casa si sabes que es virtuosa. No le digas: “Tal cosa ¿dónde está? ¡Tráemela!” cuando está en su lugar. Que tu ojo observe mientras guardas silencio. Aprecia su valor. Cuando tu mano esté unida a la suya es una alegría. Hay muchos que ignoran [como] un hombre hace que desaparezca el motivo de las peleas en su casa y tampoco sabe encontrar al autor. “

....

“Mientras eres joven, consigue una mujer y funda una casa. Preocúpate de todo lo que engendres, a lo que vas a alimentar como una criatura de tu madre. Que ella no tenga que censurarte, ni alzar los brazos hacia el dios, ni éste escuchar su queja”.

...

“Si eres sabio, guarda tu casa, ama a tu mujer sin mezclas, aliméntala adecuadamente, vístela bien. Acaríciala y satisface sus deseos. No seas brutal, obtendrás más de ella con miramientos que con violencia. Si la rechazas, tu matrimonio se va a pique. Ábrele tus brazos, llámala; dale muestras de tu amor”

El adulterio era un delito tanto social como religioso. Cuando el difunto pide permiso delante del tribunal divino para pasar a la orilla de la Eternidad y recita su declaración de Inocencia, según las fórmulas contenidas en el Libro de los Muertos, indica: “No he cometido adulterio”. Socialmente existían castigos ejemplares: para el violador la emasculación y si había sido sin violencia cien bastonazos, para la mujer la amputación de la nariz. No obstante no parece que estos castigos se aplicasen siempre, ni mucho menos. Al menos de lo que podemos leer en los ostraca de los trabajadores de Deir-el-Medina se desprende que las costumbres eran bastante liberales y los tribunales eran conciliadores y bastante comprensivos, llegando a ocurrir que un mismo hombre reo de este delito reiteradamente no llegaba a sufrir la pena estipulada. Durante la Baja época el sabio Ankhsheshonk después de indicar la postura oficial con respecto a la cólera del esposo ofendido en su honor por el adulterio de su esposa, “En cuanto a aquel que hace el amor con una mujer que posee esposo, es muerto (o: puede ser muerto) sobre el escalón de su puerta (de la mujer)”, hace la siguiente reflexión “No copules con una mujer casada. Aquel que copula con una mujer casada, en su cama, podría ver como, a su vez, su propia mujer pudiera ser violada en el suelo”.  Sin embargo en una postura más realista y tolerante del mismo sabio aconseja al infortunado que ha sido engañado que se olvide de la ofensa y se limite a divorciarse para tomar otra esposa, y también le recomienda que haga introspección  y vea si ha sido descuidado con su mujer. En cualquier caso era indispensable que existiese un miedo a los posibles castigos derivados de lo que se seguía llamando el “gran crimen” y mantener el orden público evitando enfrentamiento entre el ofensor y ofendido. En el papiro Harris de la época de Ramsés III se lee la afirmación de que la mujer de Egipto podía ir por donde quisiera sin ser molestada.

El matrimonio se celebraba entre individuos libres, de modo que si alguno de los cónyuges era siervo debía ser manumitido primero.

En cuanto a la pregunta de si existía poligamia en Egipto, aparte naturalmente del faraón quien poseía todo un harén con numerosas esposas secundarias y concubinas, en general se puede contestar que no. Algunos autores consideran que tras el periodo de anarquía correspondiente al primer Periodo Intermedio que siguió al Imperio Antiguo, los derechos de la mujer se redujeron bastante y se alteró la monogamia practicada anteriormente, sin embargo no hay pruebas concluyentes en este sentido ya que aunque se conoce algún caso no se debe generalizar.

El matrimonio incestuoso entre hermanos no se practicaba fuera de la familia real, las expresiones “hermano o hermana” son apelativos cariñosos que se dirigen los amantes y en modo alguno relación familiar.

 Una vez casada la mujer seguía siendo citada por su nombre al  igual que el hombre, es decir parida de tal mujer y engendrada de tal hombre, y a partir del Imperio Medio irá precedido de la expresión nebet per (señora de la casa), el título que toda jovencita deseaba adquirir.

La mujer legítima, la que ostentaba el título de Señora de la Casa, era una auténtica reina dentro del hogar, se ocupaba de todo lo necesario para la vida familiar y su opinión era tenida en consideración en lo que se refería a la administración de las propiedades si se trataba de una familia de la clase superior; tenemos un ejemplo de ello en el caso del oficial y escriba Shedsukhonsu (1000 años a.C.) que poseía unas tierras y acaba de rescindir el contrato de arrendamiento con su administrador y campesino nubio y sin embargo se voy obligado a escribirle una carta en los siguientes términos:
 

Te informo que he regresado a la ciudad (Tebas). Últimamente te había dicho que ya no te haría explotar la tierra. Pero hete aquí que mi esposa, mi señora de la casa, me dijo: “No le retires la tierra a N..., alquílasela de nuevo y haz que siga cultivándola.” Cuando mi carta te llegue, hazte cargo de nuevo del campo y no lo descuides ...” 


4.4   La vida en el hogar

A diferencia de los griegos para un egipcio medio su hogar era lo más importante de su vida, su alegría de vivir. Si se veía obligado a ausentarse de su hogar y el viaje se prolongaba la tristeza le embargaba.

Para que un matrimonio fuese feliz, según las Enseñanzas de Aní era necesario que viviese en su propia vivienda y no en la de sus padres.

construye tu casa, verás que eso aleja el odio y el desorden. No digas: “hay una casa en posesión del padre de mi padre que puede servir de morada diaria.”

La expresión “fundar una casa” gereg per “equivalía a formar matrimonio.

La casa se construía con ladrillos de barro sin cocer y constaba fundamentalmente de tres partes: el acceso, la sala de recepción y la zona privada. Durante el Imperio Nuevo las casas modestas de un poblado se construían pared con pared, a ambos lados de una calle que conducía a una plaza. La tercera habitación era la cocina que a menudo se completaba con un sótano cuya entrada quedaba oculta por la piedra del hogar. Disponía también de terraza donde se almacenaba el grano, utensilios e incluso animales a los que se cebaba para la próxima fiesta.

Entre las dependencias privadas de una casa de una familia bien acomodada eran indispensables las habitaciones para el aseo, especialmente importantes para la mujer egipcia que cuidaba mucho su belleza. En la habitación para la ducha se disponía de dos pequeños bancos de mampostería que permitía a dos servidores situarse a ambos lados de la tinaja para echar agua a la persona que se duchaba ya que en Egipto no se usaba bañera. Muy cerca se encontraba la sala de “unciones” donde los señores de la casa recibían los masajes y aceites olorosos. Era el lugar también donde se maquillaba la señora y preparaba esos magníficos peinados – a menudo sustituidos por pelucas- y que eran tan del agrado de los hombres. En el cuento de “los dos hermanos”, similar al relato bíblico de “José y Putifar”, la mujer que falsamente dice haber sido seducida por el hermano de su marido relata:

..me encontró sentada completamente sola, entonces me dijo: ven, pasemos una hora juntos, acostémonos. ¡Ponte tu peluca!”

Los cofrecillos y frascos de perfume eran de maderas preciosas provenientes de Nubia, de marfil, de cristales traslúcidos y sobre todo de alabastro. Tenían graciosas formas de granada, racimo de uvas,  capullo de loto o papiro, o animales: patos de las marismas, íbix con las patas atadas o pequeños cercopitecos que con sus manos sujetaban el pequeño cubilete para el antimonio y otras veces representaba a una nadadora que empujaba delante de ella a un pato cuyo cuerpo, con las alas articuladas, servía de recipiente. Los espejos eran de cobre pulimentado y con mangos que representaban a la diosa Hathor, patrona de las mujeres, o con forma de tallo y umbela de papiro.

Los aseos estaban provistos de un asiento y canalización de tierra cocida para llevar las aguas residuales.

Los anejos de una rica casa de campo los constituían todo lo necesario para autoabastecerse: silos para el grano, cobertizos, almacenes, bodega, panadería, fábrica de “cerveza que emborracha”, talleres de carpintería, hilado, tejido, etc. Se disponía de una viña y el vino se reservaba a los invitados de las fiestas. El vino dulce, “cocido”, era muy apreciado por las damas y también una bebida denominada seremet obtenida a partir de dátiles.

En el jardín de la hacienda se disponía de un estanque que a veces era casi un pequeño lago, adornado con lotos y peces, y en donde  gustaban retirarse los esposos cuando llegaba la primavera.

La casa urbana también estaba rodeada de un pequeño jardín. Al carecer de espacio tenía que crecer en altura. En el semisótano se situaba el taller de hilado y tejido; el primer nivel estaba reservado al señor de la casa, el segundo piso a la señora y en la terraza se sitúan las cocinas. En la parte posterior podía situarse una columnata que daba acceso a un pequeño estanque rodeado de sicomoros.

La cocina se encontraba en la parte trasera de la casa y si se trataba de una gran villa en un edificio adyacente. Se cocinaba a fuego abierto por lo que el techo no era de material sólido. Una de las tareas principales de la mujer de la casa era la elaboración del pan. Sin embargo de la lavandería se ocupaban los hombres. La alimentación principal era a base de pan y cerveza. También se consumían legumbres (lentejas, garbanzos, habas y guisantes), algunas verduras (berros, cebollas, ajos, lechugas y calabazas) y carnes o pescados, las variedades más baratas para la mayor parte de la población sobre todo a base de aves (palomas, ocas o patos) y cabra o cerdo; el ganado mayor sólo se podía criar en las casa de los altos funcionarios que eran las únicas que disponían de establos y su precio era elevado. El consumo de vino estaba reservado para los altos funcionarios y preferentemente en los banquetes sociales.


 4.5   Coquetería y modas

Como se ha mencionado anteriormente el tipo ideal de mujer egipcia representado y al que tendían las mujeres de la alta sociedad, esforzándose por conseguirlo, era el de ser esbeltas, con pecho pequeño y piernas largas. Así que trataban de no engordar. Para las mujeres de clase alta su tez era muy blanca y naturalmente más morena entre las mujeres del pueblo pero siempre menos que los hombres ya que no participaban en el grueso de las tareas campesinas salvo aventar el grano (testimonios del Imperio Antiguo), recoger las espigas en cestas (testimonios del Imperio Medio) o tareas secundarias.

Ya se ha dicho que el peinado o peluca era el elemento primordial de embellecimiento, para lo que se hacían grandes creaciones. En la forma del vestido, generalmente de lino plisado, prevalecía la sencillez y elegancia quedando excluidos los excesos y adornos recargados. Durante los Imperios antiguo y Medio este vestido, que se ajustaba resaltando las formas del cuerpo, se sujetaba con dos anchos tirantes y mostrando en ocasiones un escote en forma de V que en el caso de las sirvientas o de las plañideras funerarias dejaba al descubierto los pechos. En el caso de las damas nobles la cinta de la cabeza podía ser de oro con decoraciones florales y también utilizaban anchos collares en forma de gorguera. A partir de los hiksos y con el mayor contacto posterior con Oriente Próximo se introdujo un mayor lujo en la moda pero sin llegar a los excesos sirios. Los pendientes se introdujeron en esta época. El maquillaje en principio verde y luego negro resaltaban más si cabe los ardientes ojos.

Las egipcias generalmente no se excedían en el uso de los perfumes, excepto en las fiestas en las que los ungüentos se derramaban con profusión. Situaban sobre su peluca conos de grasa con perfumes embriagadores destinados a derretirse lentamente e ir impregnando el vestido.

Como calzado utilizaban sandalias sujetas con cortas correas de cuero.


 4.6   Fertilidad, embarazo, parto

Como es natural la descendencia era muy importante en el matrimonio y la fertilidad era una preocupación tanto de las mujeres como de los hombres. La infertilidad podía ser causa de repudio. Los médicos egipcios eran célebres por sus conocimientos ginecológicos; el rey hitita Hattushilish escribió a Ramsés II para pedirle remedios para hacer fértil a su hermana. En los papiros de consulta resulta curioso el método utilizado para saber si una mujer estaba embarazada y en caso afirmativo conocer el sexo del futuro hijo:

Otra [prueba] para ver [si] una mujer dará a luz a un hijo o [si] no dará a luz a un hijo. Trigo y cebada, la mujer debe humedecerlos con su orina cada día, igual que dátiles y que arena en dos bolsas. Si todas germinan dará a luz a un hijo. Si la cebada germina, significa un varón. Si el trigo germina significa una hembra. Si no crecen no dará a luz a un hijo”

 Cuando se ha realizado esta prueba en laboratorios actuales la predicción de embarazo ha sido correcta en el 70% de los casos, aunque sólo correcta en un 30% en la predicción del sexo.

Para conseguir la fertilidad se utilizaban tanto remedios médicos como mágicos. Entre éstos últimos estaban las estatuillas fálicas o de parejas practicando sexo, así como encomendarse a los dioses encargados de la fertilidad Bes, Taueret y Hathor, o incluso pedir la intercesión de familiares muertos. El dios Bes se representaba como un enano barbudo con grandes mofletes, que saca la lengua y lleva sobre la cabeza una corona de plumas; además podía sujetar en la mano un signo de protección, el sa, una espada para defenderse e instrumentos musicales cuyo sonido espantaba a las fuerzas demoniacas. A la diosa Taueret se la representaba como una hipopótama embarazada en posición bípeda, con patas de león, cola de cocodrilo y pechos humanos, portando el símbolo sa, el ankh o un cuchillo. También existía una curiosa costumbre que tenía como protagonista al dios Apis vivo: antes de que el joven toro, que reemplazaba al anterior fallecido, ocupase su destino final en la capital pasaba cuarenta días en Nilópolis, frente a Menfis, momento durante el que las mujeres podían acercarse a él y enseñarle su sexo para asegurar su fertilidad.

Una vez embarazadas las mujeres protegían la gestación mediante amuletos y sobre todo encomendándose al dios Khnum responsable de la formación del feto, pues era el encargado de crear al niño en su torno de alfarero y de introducirlo después en el vientre de la futura madre.

En el momento del parto la mujer embarazada se instalaba en un pabellón para el nacimiento, en medio del patio o jardín, o en habitación decorada con figuras de mujeres y de los dioses protectores Bes y Taueret. Paría desnuda, a veces arrodillada o generalmente en cuclillas apoyada sobre cuatro ladrillos rituales (que luego acompañaban al difunto para protegerlo).

El niño recibía su nombre al nacer. El nombre se lo ponía la madre, o bien el padre contribuía a formar el nombre componiéndolo con las palabras que había pronunciado la madre durante el parto. Esto era lo que se consideraba “nombre de la madre”, ya que se consideraba que la madre daba luz a la vez al hijo y a su nombre. Junto a este nombre “verdadero” u original, el niño podía recibir otro de uso habitual. Para comprender la importancia que tenía el nombre de una persona conviene recordar que para los egipcios el ser humano estaba compuesto por cinco elementos: el cuerpo, la sombra, el ba, el ka y el nombre. El ba era todo aquello que hace que una persona sea individuo excepto el cuerpo; se suele identificar con el alma y los egipcios consideraban que una vez muerta la persona su ba seguía existiendo y se podía mover por el mundo sin necesidad del cuerpo momificado. El ka era algo así como la energía vital cuya ausencia suponía la muerte. En la ceremonia de apertura de la boca del difunto significaba la devolución del uso de ésta al difunto y de los demás sentidos, y también la liberación del ba que abandonaba las ataduras del cuerpo y se reunía con el ka, convirtiéndose en un akj, algo así como un espíritu. Los egipcios consideraban que los espíritus de las personas fallecidas vivían entre ellos.

Parece comprobado de los estudios antropométricos realizados sobre momias, que las mujeres egipcias tenían la pelvis más estrecha que la de las mujeres occidentales actuales (de ahí que las representaciones esbeltas y estilizadas de la mujer egipcia no sea un mero canon estético) lo que provocaba problemas en el parto y un elevado índice de mortalidad por esta circunstancia: las mujeres vivían menos que los hombres: según unos estudios 41,3 años de media para la mujer y 43,7 para los hombres, en otro estudio 29 para mujeres y 33 para hombres.

Al niño se le amamantaba durante tres años, lo que también protegía a la mujer de embarazos demasiado seguidos. Las mujeres de alto rango y las reinas delegaban la tarea de amamantar a sus hijos en las nodrizas que eran como parte de la familia. Gracias a esa relación los maridos e hijos de nodrizas de la casa real entraban accedían a ocupar altos cargos de la administración.

 Entre los amplios conocimientos egipcios sobre ginecología también estaba el de anticonceptivos que preparaban con acacia, algarroba, dátiles y miel. Está comprobado que la goma arábiga que contienen las acacias actúa químicamente sobre el esperma retrasando el embarazo.

El aborto deliberado sólo se menciona en contadas ocasiones y debía estar reprobado socialmente.



4.7    Sexualidad y lujuria

Los egipcios no gustaban de ser demasiado explícitos a la hora de representar temas relativos al sexo y utilizaban un lenguaje simbólico. Como excepción a esta regla disponemos del papiro erótico de Turín donde sí se representan escenas eróticas o pornográficas. El papiro que es de la época ramésida pudo ser encargado por algún personaje para diversión propia, a modo de teveo, y las mujeres representadas pudieran ser las que ejercían la prostitución en las denominadas “casa de la cerveza” que estaban situadas en la orilla izquierda del Nilo en Tebas. En estas tabernas se bebía vino y cerveza y los mercaderes sirios alquilaban los servicios de sus bellas esclavas de Amorru o Babilonia. La expresión khenemet designa a una de estas “mujeres babilónicas” que ejercían la prostitución, eran músicas o cantantes y llevaban tatuajes en muslos y pelvis. Es curioso que mientras para los egipcios los términos prostitución y mujer babilónica estaban asociados, para los sirios o fenicios ocurría a la inversa como se relata en el cuento “El viaje de Unamón” donde el protagonista es agasajado en Biblos con vino, comida y los servicios de una cantante egipcia.

Nuevamente hay que acudir a las representaciones que se encuentran en las tumbas para conocer también este aspecto de la vida de los egipcios.  No representaba ninguna falta de recato mostrar la desnudez: frecuentemente se representan hombres desnudos o niños desnudos junto a sus padres, aunque esta libertad para representar la desnudez está relacionada con el estatus social de la persona, es decir se representan desnudos a los trabajadores pero no a los jefes que supervisan su trabajo, se puede representar a una sirvienta con los senos al descubierto pero no a una señora de elevada posición social, y por supuesto a los prisioneros de guerra para mostrar su humillación y desamparo. En cualquier caso la mujer suele aparecer representada en las pinturas funerarias con ropas ligeras o transparentes y muy seductora, sobre todo a partir del Imperio Nuevo quizás debido al gusto oriental por la sensualidad que introdujeron los hiksos, sin embargo se ha comprobado a través de las ropas encontradas por los arqueólogos que realmente iban mucho más vestidas que lo que aparece en estas representaciones. Esto indica que el interés de estas representaciones es mostrar a las mujeres sexualmente atractivas y dado que son representaciones funerarias la intención es simbólica y mágica. Para los egipcios sexualidad en la mujer y la fertilidad estaban muy relacionadas. El esposo difunto siempre se representan junto a su esposa para que revitalice su potencia sexual en la otra vida y al mismo tiempo para renacer en el Más Allá, es como si su esposa le diese a luz. Las excepciones a esta regla pueden ser debidas a que el hombre hubiese estado al servicio de una mujer de rango real. En cambio la mujer difunta puede aparecer representada sola ya que ellas también se convertían en Osiris, de la misma manera que los hombres, y por lo tanto ellas mismas se bastaban para representar los dos papeles, masculino y femenino, necesarios para el renacimiento tras la muerte.

La importancia de la actividad sexual, o más bien procreadora, del difunto es tal que no sólo se ayudaba con el apoyo mágico de los textos funerarios que le acompañaban sino también con unas figuritas de mujeres desnudas que formaban parte del ajuar funerario. Dado que también aparecen estas figuritas en tumbas femeninas parece que la función mágica de ellas era activar la capacidad reproductora del difunto en el Más Allá, fuese hombre o mujer. Esta misma función deberían tener las plañideras que acompañaban al difunto durante el funeral posterior a la momificación. Tal como se representan estas plañideras aparecen con el pecho descubierto y echándose el pelo suelto sobre la cara. El pelo sobre la cara representa la oscuridad de la muerte, pero también su forma ondulante evoca al agua, a las aguas primordiales con su capacidad regeneradora que podía activar la sexualidad del difunto.

Plañideras. Tebas. Tumba de Ramose. XVIII Dinastía.

Figura 4: Plañideras. Tebas. Tumba de Ramose. XVIII Dinastía.


Jefa de plañideras. Tebas. Tumba de Minaakht. Reino Nuevo.

Figura 5: Jefa de plañideras. Tebas. Tumba de Minaakht. Reino Nuevo.

Esta funcionalidad mágica también aparece de forma simbólica en otras representaciones funerarias que se indican a continuación. Un símbolo relacionado con el renacimiento y, por lo tanto con el sexo reproductor, es la flor de loto que aparece en las tumbas desde un primer momento; su característica de cerrarse por la noche y sumergirse en el agua para reaparecer y abrirse al amanecer es un símbolo perfecto para indicar la regeneración. De hecho en la cosmología hermopolitana se considera que lo primero que apareció sobre la colina primigenia emergida del Nun era la flor de loto, la cual a al abrirse dejó aparecer al sol. Otra escena frecuente es la caza de patos arrojando bastones o flechas; por un lado el jeroglífico que representa  acción de arrojar un bastón se dice con unos sonidos semejantes al de crear o engendrar, pero además el pato salvaje tenía una connotación erótica para los egipcios cuyo significado no comprendemos demasiado bien. Hay escenas de caza en las que la mujer no sólo sujeta a un pato sino que incluso lo sostiene entre sus senos. También son muy abundantes los recipientes de cosméticos con la forma de un pato hueco (en el que sitúa el aceite) con un mango con forma de nadadora desnuda.

Figura 6: Tutankhamon aseteando patos salvajes. Pequeña capilla dorada. Museo de El Cairo.

Figura 6: Tutankhamon aseteando patos salvajes. Pequeña capilla dorada. Museo de El Cairo.


Figura 7: Cuchara para maquillaje. Museo de El Cairo.

Figura 7: Cuchara para maquillaje. Museo de El Cairo.

Otra escena frecuente es la sirvientas casi desnudas que atienden a los invitados de un banquete o les escancian vino en sus copas cuyo significado además de erótico es nuevamente el de invocar la capacidad reproductora ya que el verbo escanciar vino (sty) suena igual que eyacular.

Joven sirvienta atendiendo a una invitada en un banquete. Tumba de Djeserkaraseneb.Tebas. XVIII dinastía

Figura 8: Joven sirvienta atendiendo a una invitada en un banquete. Tumba de Djeserkaraseneb.Tebas. XVIII dinastía

 En escenas de la capilla funeraria del faraón Tutankhamon se ve al faraón vertiendo el contenido de un pequeño frasco sobre las manos de su esposa. En otra escena de la misma capilla ésta le presenta un fruto redondeado que seguramente es una mandrágora que también es un símbolo sensual. También tienen connotaciones eróticas o relación con la sexualidad femenina la representación de animales como el mono verde o el gato:  el primero aparece frecuentemente en las formas de los vasos para cosméticos  y en cuanto al segundo la representación de un gato bajo la silla de una mujer indicaba que no se encontraban en el periodo menstrual y por lo tanto estaban  aptas para el sexo y la reproducción. En resumen que todas estas representaciones que en un primer momento podrían parecer simplemente descripciones de la vida cotidiana tienen unas claras referencias a la sexualidad y reproducción.

Tutankhamon vertiendo líquido sobre la mano de su esposa. Pequeña capilla dorada. Museo de El Cairo.

Figura 9: Tutankhamon vertiendo líquido sobre la mano de su esposa. Pequeña capilla dorada. Museo de El Cairo.


Merymery y su esposa Meryptah. Bajo la silla de la mujer puede verse un gato. Sakkara. Dinastía XVIII.

Figura 10: Merymery y su esposa Meryptah. Bajo la silla de la mujer puede verse un gato. Sakkara. Dinastía XVIII.

Pero volviendo al mundo de los vivos, parece que el sexo no estaba socialmente mal considerado y las mujeres tenían un grado bastante grande de libertad para disponer de su propio cuerpo. Está probado que se practicaba el sexo pre- y extramatrimonialmente, aunque sí estaba mal vista la maternidad fuera del matrimonio y por supuesto la infidelidad conyugal. No existía, al menos con la misma fuerza que en una sociedad medieval occidental, el tabú en torno a la virginidad; en el cuento o relato en el que el faraón Esnofru pide que le traigan un grupo de jóvenes mujeres para su solaz en el lago de palacio, indica que éstas no hayan conocido la maternidad (buscando la perfección de su cuerpo) pero no que sean vírgenes. Por los poemas eróticos sabemos que los amantes preferían no demostrar abiertamente sus sentimientos, escondiendo sus relaciones por los jardines, mientras que en el cuento de “Verdad y Mentira” se describen las burlas que podía sufrir un hijo de padre desconocido:

...Fue enviado [el hijo sin padre conocido] a la escuela y aprendió a escribir muy bien. Practicó todas las artes de la guerra, y aventajó a sus compañeros de más edad que estaban en la escuela con él. Entonces, sus compañeros le dijeron: “¿Eres el hijo de quién?¡No tienes padre!” Le ultrajaban y se burlaban de él: “¡Eh, tú no tienes padre!

Mientras duraban las relaciones no reproductoras entre las parejas no casadas éstas se encomendaban probablemente al dios Seth, la divinidad del sexo no reproductor por su homosexualidad y su relación con los abortos.

Como ejemplo de la sexualidad extramatrimonial tenemos el caso de Paneb, un jefe de equipo de los trabajadores de Deir-el-Medina durante los reinados de Seti II y Siptah de la XIX dinastía. Al parecer este personaje con bastante éxito entre las mujeres mantuvo varias relaciones ilícitas, llegando a ser denunciado por su propio hijo, según nos relata el papiro SALT:

Memorándum relativo a lo siguiente: su hijo corrió delante de él hacia el lugar de los porteros y pronunció su juramento por el señor, vida, salud fuerza, en estos términos: “No quiero soportarlo (más)” y dijo “Paneb ha fornicado con la ciudadana Tuy, mientras que era la mujer del hombre del equipo Quenna; ha fornicado con la ciudadana Hel, mientras que estaba con Pendua, ha fornicado con la ciudadana Hel  mientras que estaba con Hessunebef, sí dijo su hijo. Y cuando fornicó con Hel, él fornicaba con Ubekhet, su hija, mientras que Aapethy, su hijo, fornicaba también con Ubekhet”

Como vemos Paneb mantuvo relaciones por lo menos con tres mujeres del poblado. Con una de ellas mantuvo una relación peculiar ya que siguió incluso después de que ésta se divorciase de su primer marido y se casase con otro. Además en el caso de la última mantuvo relaciones simultáneamente con madre e hija, siendo esta última la novia de su hijo, motivo por el que seguramente su propio hijo le denunció. Al parecer Paneb no sufrió ningún castigo importante por esta denuncia hasta que posteriormente comete una violación y al ser denunciado sí debe recibir un castigo definitivo porque su nombre desaparece de las fuentes y posteriormente se indica que ha muerto.

De todas maneras y exceptuando este relato, que por otra parte surge en un momento de debilidad del poder real y seguramente disminución de la moralidad pública, puede decirse que los egipcios respetaban la fidelidad y estabilidad familiar como su más preciado tesoro y en cuanto al sexo, si bien no mostraban un excesivo pudor, preferían hablar de él con medias palabras o sentido simbólico y siempre muy relacionado con la reproducción.




5     Conclusión

Tal como hemos podido comprobar la mujer egipcia de la época faraónica estaba investida de unas prerrogativas sociales iguales, aunque no idénticas, a las del hombre. Esta igualdad no surgía de códigos legales formalmente escritos ya que los egipcios nunca los tuvieron, sino del sentido de la Maat que debía estar siempre presente en sus vidas y de las enseñanzas morales de sus grandes sabios. La voluntad divina había creado la diferencia de sexos: hombre y mujer y ambos debían ser respetados para seguir la corriente del equilibrio cósmico.

La mujer no renegaba de su condición, para ella ser esposa, madre y señora de la casa constituía su mayor ideal. Y para esta responsabilidad se preparaba con esmero; si su estatus social lo permitía recibía una formación completa al igual que los hombres.

Hasta donde se sabe, por los testimonios recibidos, la mujer no estaba impedida para ocupar los más altos cargos sociales: podía ocupar puestos de funcionaria en la Administración o ejercer el oficio de sacerdotisa en los templos como Adoratriz o Cantante de Amón lo que le proporcionaba notable prestigio e independencia económica. Aunque no fuese lo más habitual podía ejercer profesiones liberales, como médico, escriba y dedicarse a los negocios. Dentro de la familia real la mujer llegó a ocuparse del gobierno del país cuando fue necesario como regente e incluso como faraón, Horus femenino.

Hombre y mujer contraían matrimonio en pie de igualdad y sin requisitos legales o religiosos. Existía el divorcio y la mujer estaba protegida frente a él. Disponía de independencia con respecto al varón para emprender acciones legales o disponer testamento, derechos que la mujer occidental ha adquirido tan sólo recientemente.

Del pairo Chester Beatty I extraemos este poema de amor:

 

Gran Alegría del Corazón

 

La  única, la bien amada, La sin igual,

La más bella del mundo,

Mírala, igual que la estrella brillante del Nuevo Año

En el umbral de un buen año.

Aquella cuya gracia brilla, cuya piel resplandece con un tierno reflejo.

 

Ella posee unos ojos de mirada límpida

Y labios de dulce hablar.

Nunca una palabra superflua sale de su boca.

Ella, cuyo cuello es largo y el pecho luminoso,

Está dotada de una cabellera del color del lapislázuli pulido.

 

Sus brazos sobrepasan el brillo del oro,

Sus dedos se asemejan a cálices de loto,

Aquella cuyos riñones son alargados y sus caderas delgadas

Aquella cuyas piernas defienden la belleza,

Aquella cuyos andares están llenos de nobleza

Cuando posa los pies sobre la tierra.

¡Con su beso conquista mi corazón!

 

Ella hace que el cuello de todos los hombres

Se gire para mirarla,

Y cada uno [de ellos] quien saluda es feliz;

Se siente entonces el más importante de los jóvenes.

 

¡Cuando sale de su residencia,

Uno cree estar viendo a Aquella-que-es-única!

 

 

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Una buena colección de las fotos las pueden ver en:



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