“¿Qué
es el hombre para que tengas de él memoria?” (Salmo, 8:4)
Así
dice el Salmo y así dirimo yo mis días y mis horas,
así mastico, rumio,
todas las conjugaciones del verbo “Ser” que se me ocurren y que me
ocurren; ¿qué soy yo?, ¿qué hubiera sido
yo?, ¿qué seré?... Así, todos
mis presentes, mis imperfectos (en mí lo imperfecto es
generalizado)
todos mis pluscuamperfectos me conforman y me definen mientras me abro
paso en la maraña de la vida; soy por un lado como dice el
poeta: “el
golpe terrible de un corazón no resuelto”, yo sueño junto
con Unamuno,
al contemplar su Salmanca, que hasta las piedras cuando yo muera
digan: “ha sido”; soy lo que soy, un soñador impenitente y
empedernido, impertérrito, que quiere libar la mejilla de todas
las
flores; leerle poemas a los pájaros y cantar a todas las
primaveras.
Unamuno, digan lo que digan, su corazón, le obligó a
decir que soñaba
con pasar a la historia como un poeta y nada más; yo
también.
Yo
hubiera querido ser un verso en manos de Rosalía de Castro,
manos
acostumbradas a amasar pan de dolores, de incomprensión..., una
poetisa
así, forjada en el sufrimiento y la incomprensión que
posee la
melancolía suficiente para crear lírica hasta de los
espinos. Rosalía
tiene en su poesía todo el misterio de la Gioconda, toda la
pasión de
Lorca, toda la lucha interior de los personajes de Shakespeare y toda
la sencillez del Principito de Saint-Exupery.
Cuando Rosalía resucite al fin de los tiempos,
le rogaré que me escriba versos; víctima de su verso
deseaba yo ser.
Cuando
el escritor Buero Vallejo era enterrado le leían al mismo tiempo
y a
petición suya antes de morir, el poema que Miguel
Hernández escribió a
la muerte de su amigo, Ramón Sijé. Poema con el que yo
quiero ser
enterrado, recordado, que alguien diga de mí, de mi ausencia
“por doler
me duele hasta el aliento”, que me llamen desde “el almendro de nata” y
me digan luego: “compañero del alma, compañero”. Si no
merezco tal cosa
como mínimo, ¿qué soy yo?
Verbo “ser” conjugado: soy, sería, hubiera
sido, seré, fuese...
Si
habéis sido capaces de soportar mi plática, os dejo con
lo que sé que
sí soy, cómo es mi vida; el poeta León Felipe casi
describiéndome a mí
lo dijo: “Así es mi vida piedra, como tu,... como tú
guijarro humilde
como tú, ... como tú canto que ruedas como tú,
...como tú piedra
pequeña que no sirves para ser mi piedra de una iglesia ni
piedra de un
convento ni piedra de una audiencia, como tú, que tal vez
estás hecha
solo para una honda como tú...”
De
este modo está el verbo “ser” en mí y de este modo se
conjuga en mi
vida; he aquí que soy aceptablemente feliz y esto me da aliento.
Cuando yo muera decid vosotros, ¡oh amigos
míos!, que yo “he sido”.