Quiterio Caballero
De la poesía y otros misterios
De la Poesía y otros misterios (I) De la Poesía y otros misterios (II)


De la Poesía y otros misterios (I)

Quiero yo dar rienda suelta a mis sentidos y sentimientos y desahogarme de pleno, respecto esto de lo que pueda ser “la poesía”, pero he aquí que vienen los alemanes (para no repetir a Shakespeare) y dicen: Hier ist die Frage... he aquí “la cuestión”.

Recuerdo bien haber leído declaraciones de famosos poetas e incluso Premios Nobel que no tienen tan claro lo que pueda ser la poesía, que ellos la hacen, la vierten, la paren, la dan, la comparten, la sienten, pero que una definición académica, matemática, se les escapa que no la tienen tan clara.

Es evidente, pues poesía es mucho más que la simple rima, tópico inevitable; es más que la sonoridad o consonancia de vocablos, pues mucho de los grandes poemas de la historia jamás tuvieron rima alguna.

La rima, el sonido, el soniquete, la lírica, el ritmo, la vitalidad, la da el poema en sí mismo, la vitalidad, el hálito, el pneuma que decían los griegos, que es la sustancia o el respirar esencial de las cosas más allá de las formas.

Gabriel Celaya decía de la poesía que es “un arma cargada de futuro”..., otros decían que es un cuadro pintado con palabras. O definirla de aquel modo que el filósofo danés Kierkeergaard definía la filosofía: “una ciencia posible que nunca se da en concreto”.

 

Qué sé yo, tantas y tantas cosas; no correré el riesgo de quedarme en la mera especulación como los sofistas (demamogogos) griegos y me arriesgaré a que no estéis de acuerdo conmigo a la hora de definir la poesía. Heme aquí: Daré un giro al argumento y diré aquello del Evangelio (Mateo, 7:16)

“por sus frutos los conoceréis”.




De la Poesía y otros misterios (II)

Nada como la palabra expresa lo más íntimo del ser humano, desnuda su alma, como distintivo vital para con los animales, decía Blas de Otero refiriéndose a que al final de todo no le queda sino la palabra: “si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré como un anillo al agua. Si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra.

La palabra escarba en los más íntimo de nuestra psique, en la poesía la ponemos colorido, la adornamos, la damos una belleza superior a lo mejor de las flores del campo; le damos musicalidad, la hacemos lírica hasta la damos la rima. Adornamos el simple acto de hablar con la belleza de la poesía. Creamos de este modo una dimensión nueva que hace más llevadera la rutina diaria, creamos del barro a la nada como Dios, en el principio, sonidos y sentidos nuevos, creamos el Adán de la poesía.




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